septiembre 22, 2020

El medio, un lugar para la derrota de la izquierda: reflexiones tras un conflicto que no fue por elecciones

Por Boris Ríos Brito-.


Un peligroso y recurrente no-debate de los últimos tiempos en Bolivia, incluso a la hora de peligro, es el de buscar situarse al medio, en propuesta y en clase, para ganar a ese fantasmagórico y apetecido caudal electoral: la “clase media urbana”. Unos cuentan que es la tendencia histórica en las elecciones del país, otros que la clase media hace mayoría y a la que hay que enamorar, y otros simplemente entienden que es hora de revertir ese “racismo a la inversa”. A continuación algunos criterios, justamente tras salir de la gran movilización popular de agosto.

I

Para ciertos defensores del “clasemedierismo” existe una histórica tendencia electoral en Bolivia que da preferencia al “medio”, es decir, a quien se sitúe entre dos posiciones extremas y antagónicas, por lo que esto señalaría, en esencia, el lugar que se debe ocupar en la campaña electoral y en propuesta.

Empero, este criterio no solamente peca de ser equivocado en lo histórico, como recuento de los hechos, sino también en el sentido de la construcción de una propuesta popular, en este caso la que fue o quiere seguir siendo del Instrumento Político (IP).

En términos de posición política e ideológica, el periodo de 1985-2005 ha generado una clasificación simplificadora: las tendencias que con todas sus diferencias apoyaron al ajuste estructural, a las políticas neoliberales, y quienes las atacaron. El marco “ideológico” de este espectro del ajuste estructural es sencillo: libre mercado y democracia representativa (o burguesa) bajo un programa único establecido por los organismos financieros internacionales como el Banco Mundial (BM) y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

De esta manera, los partidos eje del sistema político boliviano de 1985 al 2005 (MNR, MIR y ADN), tuvieron un único programa, aunque con actores diferentes y socios de coalición diversos sin dejar lugar para el famoso “medio” y siendo, además, su antagónico en propuesta, el Movimiento Al Socialismo (MAS) antineoliberal, anticapitalista, antiimperialista y anticolonial, fue premiado por la preferencia electoral mayoritaria en 2005, como se puede ver a continuación para hacer un ejercicio ilustrativo:

Porcentaje de votos a los partidos más votados y su posición en las Elecciones Generales en Bolivia (1985- 2005) 

Año Partido Votos Posición Programa
1985 ADN 32,73% Derecha conservadora Neoliberal
MNR 30,17% Derecha liberal Neoliberal
MIR 10,16% Centro-Izquierda Neoliberal
1989 MNR 25,65% Derecha liberal Neoliberal
ADN 25,11% Derecha conservadora Neoliberal
MIR 21,86% Centroderecha Neoliberal
CONDEPA 12,23 Centro-Etnodemocrático-Populista ¿?
IU 8,1% Izquierda Anti Neoliberal
1993 MNR-MRTKL 35,60% Derecha-Indio-liberal Neoliberal
Acuerdo Patriótico (ADM, MIR, etc.) 21,06% Derecha Neoliberal
CONDEPA 14,31% Centro-Etnodemocrático-Populista ¿?
UCS 13,73% Derecha-Populista Neoliberal
1997 ADN 22,26% Derecha conservadora Neoliberal
MNR 18,20% Derecha liberal Neoliberal
CONDEPA 17,16% Centro-Etnodemocrático-Populista
MIR 16,67% Centroderecha Neoliberal
UCS 16,11% Derecha-Populista Neoliberal
2002 MNR 22,46% Derecha liberal Neoliberal
MAS 20,94% Izquierda Anti Neoliberal
NFR 20,91% Derecha conservadora Neoliberal
MIR-NM-FRI 16,32% Centroderecha Neoliberal
MIP 6,09% Indianista Anti Neoliberal
2005 MAS 53,74% Izquierda Anti Neoliberal
PODEMOS 28,59% Derecha conservadora Neoliberal
UD 7,89% Derecha liberal Neoliberal
MNR 6,47% Derecha liberal Neoliberal

Fuente: Elaboración propia en base a datos del OEP.

 II

El discurso súperideologizado de la “clase media” fue tomando una perversa fuerza a partir de que los voceros del propio gobierno de Evo Morales señalaran que el proceso había logrado sacar de la extrema pobreza a una gran parte de la población y que esta ahora pertenecía a la “clase media”. Con más “clase media” en los bordes territoriales de lo “urbano”, donde no existe preferencia electoral al Proceso de Cambio, era necesario sumarla a como dé lugar, concluían.

Esta lectura impone una diferencia abismal entre el discurso revolucionario del Proceso de Cambio, como con las bases fundacionales del IP. Primero, la clase, por lo menos desde el marxismo, se determina por la posición que un grupo de individuos ocupa en los medios materiales de producción y la producción de su conciencia, a donde podemos añadir la identidad nacional (quechua aymara, entre otros). La tenencia de pequeños instrumentos de trabajo no se compara con la gran propiedad privada, ya sea en una especie de retraso latifundista o en una moderna empresa agroindustrial que sí constituye la base material para la generación de una burguesía. De hecho, en Bolivia, la autoexplotación, la explotación familiar y la maquila han degenerado un vasto y amplio proletariado enceguecido por la ilusión del capitalismo y desprovisto, por el momento, de la capacidad de crear identidad y conciencia de clase.

Segundo, el BM fue el que de forma más visible en este último periodo fue calificando la “confiabilidad” para inversiones de los países por el crecimiento de la clase media, comprendida según cierto nivel de ingresos en tónica hipócrita, ya que fueron las políticas económicas que el BM impuso de la mano del FMI en los 80 y 90 las que crearon mayor desigualdad y acrecentamiento de la franja de pobreza y extrema pobreza en América Latina.

De pronto, en la Bolivia de estabilidad económica (2018 aproximadamente) la “clase media” imaginada funge como instrumento de negación de la lucha de clases, la negación del trabajo por parte del capital y la valorización del valor, y se convierte en un discurso aprehendido por esos sectores que mejoraron sus ingresos y que a través de este asumen una postura (re)politizada a favor del capitalismo y las premisas liberales.

Pero en Bolivia también pesa la condición étnica, eso que llamaron capital étnico, que permitió que sobre la base de los recursos naturales y de la “indiada” se generen riquezas y distinciones sociales basadas en el origen étnico y el color de piel. Pese a lo trunco de la reforma agraria y el reconocimiento de las mayorías indígenas como “campesinos”, se le dio igual un territorio a lo subordinado indígena: lo rural.

Los sectores conservadores bolivianos, de tradición racista, frente a la implosión urbana, desordenada y caótica al ritmo del capital, fueron perdiendo la geografía de exclusión que articularon durante décadas. Pronto las ciudades fueron tomadas desde sus márgenes por migrantes mineros y campesinos regados por las condiciones económicas adversas de sus orígenes, pero además, fueron diluyéndose la línea de las áreas de producción agrícolas al ritmo de la economía inmobiliaria y los asentamientos humanos de migrantes. El resultado son ciudades precarias e improvisadas y líneas borrosas entre lo urbano y lo rural.

Para el clasemediero, la distinción es imprescindible, así como el desteñir todo rasgo de sus orígenes para llegar a ese espejismo de tez blanca, consumo y ostentación de mercancías y de cultura plana, que ahora el conservadurismo ha tenido el acierto de bautizar como republicanismo y, de alguna manera, urbano.

Así, al influjo de esa “necesidad electoral” de incorporar lo urbano y de “clase media”, al discurso de identidad indígena, originario, campesino, obrero y popular que articuló un horizonte común a través del IP, se le fue anteponiendo el discurso de la “clase media” externo, excluyente e innecesario, que solo el tiempo sabrá dictaminar como vencido frente a la actual emergencia popular de agosto 2020, y que allanó el camino para un sorpresivo pero evidentemente evitable golpe de Estado en noviembre 2019.

 III

Como hemos podido observar anteriormente, el medio es un lugar en donde la izquierda pierde electoralmente y también donde pierde sentido y pierde su sentido de ser. De hecho, han sido momentos de antagonismo los que han dado al MAS-IPSP mayores réditos electorales porque han representado momentos de resolución de la conflictividad a través de esos medios, pero que no expresan, por cierto, ser los únicos o el único plano en el que ésta conflictividad se ha resuelto o logre resolverse. Aquí una graficación:

Rendimiento Electoral del MAS-IPSP en Elecciones Generales (2005-2014) 

Año Porcentaje de Votos válidos (%) Discursividad
2005 53,54 Contra la derecha neoliberal, su programa y el imperialismo
2009 63,91 En la necesidad de dar pie a los avances conseguidos
2014 61,01 Por el inicio de la industrialización de Bolivia para seguir avanzando

Fuente: Elaboración propia en pase a datos del OEP.

Será necesario, en otro momento, reflexionar sobre esos episodios de conflictividad expresa y entender sus sentidos, la dinámica en la que se desarrollaron y su finalización, ya que al parecer las contradicciones principales terminaron por no ser enfrentadas o resueltas, como por ejemplo la gran propiedad privada o la prevalencia de sectores racistas y conservadores antagónicos a lo indígena-obrero-popular.

No es, pues, un misterio que el surgimiento del IP se plasmó bajo la determinación de que el nuevo sujeto histórico revolucionario es el indígena, y que su devenir debería recorrer el sendero anticapitalista y anticolonial de la mano de obreros y sectores progresistas. En ese sendero se articuló una izquierda radical, como la guevarista, que aunque no podría decirse de forma organizada, estuvo representada por Antonio Peredo, entre otros.

Asimismo, que este proyecto supo entretejer solidaridad y alianzas al horizonte común con sectores progresistas de profesionales, de estudiantes, entre otros, que se sumaron materialmente a la lucha popular cuando correspondió y tomaron posición.

No es posible en este artículo determinar el momento en el que la descomposición de horizonte común fue afectando a las tareas del proyecto en el Estado y cómo se fue imponiendo finalmente un sentido propiamente capitalista, pero fue acompañado de un desdén con resonancia externa y hecho vox pópuli como el “racismo a la inversa” y la necesidad de la “incorporación” técnica y profesional al Proceso de Cambio.

Para alguien educado en Marx o por lo menos con algo de interés en la historia profunda de Bolivia, resulta ofensivo que se pretenda desconocer las diferencias de nación, clase y género y se hable de “racismo inverso” o se quiera superponer lo “técnico” a lo político.

El tiempo ha demostrado que la “clase media” es, en todo caso, el sendero de la derrota de la izquierda y que ha colocado en peligro el hecho histórico de la articulación del IP como vía de transformación profunda de una Bolivia que se desangra y es, justamente, ese clamor popular, que desde abajo, desde la ciudad y el campo, retumbó en agosto insumiso del 2020 y que traspasó la demanda de elecciones, que son un medio, pero nunca un fin.


  • Sociólogo

 

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