enero 26, 2021

Las movilizaciones de agosto implican tres victorias importantes


Por Carlos Echazú Cortéz-.


El movimiento popular boliviano ha salido de los bloqueos con tres victorias importantes en la pulzeta que se viene desarrollando contra el gobierno de la auto proclamada Añez y las fuerzas conservadoras y fascistas que emprendieron un golpe de Estado en noviembre pasado.

Los medios, al servicio de la derecha, han tratado de desvirtuar el triunfo de las fuerzas populares señalando que más bien se trataría de una derrota de las movilizaciones, puesto que no pudieron adelantar las elecciones con respecto a la última fecha puesta por el Tribunal Supremo Electoral, 18 de octubre, y tampoco obtuvieron la renuncia de Añez, ambas consignas lanzadas por las organizaciones sociales movilizadas. Sin embargo, el tema de la fecha de elecciones en sí misma, no es una cuestión de principio. Lo que sí constituía un tema de principio era frenar, de una vez por todas, la continua postergación de las elecciones y la consiguiente prorroga del gobierno golpista.

Eso se ha logrado de manera contundente, pues la fecha del 18 de octubre ha sido blindada de diversos modos, con una ley que la ratifica como impostergable, con el compromiso de entidades internacionales de vigilar por su cumplimiento, con la penalización de quién o quiénes intenten postergarla y sobre todo, con la advertencia de reinicio de los bloqueos por parte de las organizaciones, pues los mismos fueron levantados como un cuarto intermedio en la lucha. Sin lugar a dudas, se trata de una importante victoria si se tiene en cuenta la dinámica prorroguista en la que estaba inmerso el régimen. Ya no podrá postergar más la fecha de los comicios. Eso no significa que no seguirá intentando atentar de una u otra manera contra las elecciones, sin embargo, la carta de la prórroga indefinida se le ha terminado.

La segunda victoria del movimiento popular en agosto, constituyen la movilización y los bloqueos de carreteras en sí mismos. Si se tiene en cuenta la magnitud y extensión de los bloqueos que lograron movilizar a decenas de miles de personas y cortar más de 150 puntos de carreteras, además de cercar y aislar las ciudades más importantes del país, por más de 10 días, se comprende que el movimiento popular no ha perdido su capacidad de movilización.

Se trata de una importantísima victoria, pues el movimiento popular viene de la grave derrota con el golpe de noviembre, cuando no hubo, en rigor, una movilización verdaderamente masiva, salvo intentos parciales que terminaron lamentablemente con las masacres de Sacaba y Senkata. De esas tristes experiencias se tenía la sensación que el movimiento campesino, obrero y popular en general, había perdido su capacidad de movilización, supuestamente por haberle restado su apoyo al proceso de cambio.

Quien pensó así, pues se equivocó. La esperada movilización popular contra el golpe en noviembre fue frenada por el propio Evo Morales, porque explícitamente lo dijo, quería evitar un derramamiento de sangre. De ahí a pensar que el movimiento popular estaba aplastado fue un gravísimo error de la derecha. La gran movilización popular está en cuarto intermedio, alerta para responder a las confabulaciones de la derecha. No hay duda, se trata de otro triunfo importante.

La tercera victoria es resultado de la campaña que se ha realizado, no sólo al denunciar las masacres de Sacaba y Senkata, sino por advertir, que ellas no se olvidan y que los responsables serán sentados, tarde o temprano, en el banquillo de los acusados ante un juez solvente y transparente. Eso tuvo un efecto importante en agosto en el momento de los bloqueos, puesto que la derecha fascista y su gobierno golpista desataron una campaña propagandística sin precedentes para desprestigiar a los bloqueos y preparar de ese modo la intervención militar y policial a los puntos de bloqueo que, seguramente hubieran terminado en horrorosas masacres. Si la intervención a los bloqueos no se produjo, no fue por falta de voluntad de los golpistas. Ellos ya habían preparado a su «opinión Pública» con una campaña perversa que deshumanizaba a los bloqueadores. Recuérdese el «bestias Humanas, indignos de ser considerados ciudadanos», del fascista Calvo.

También está inscrita en ese contexto la declaración del Murillo, según la cuál «lo políticamente correcto era meter bala». Si ya estaba decididos a hacerlo y habían «preparado» a su «Opinión Pública» para hacerlo, ¿por qué no lo hicieron? Pues algo tuvo que fallarles en las mismas Fuerzas Armadas. Lo que se ha filtrado como rumor, es que desde el ejército hubieran pedido al gobierno que emita otro Decreto que los eximiera de responsabilidad penal por lo que ocurriera en las intervenciones.

Eso equivalía a que el gobierno asumiera la responsabilidad de lo que vendría. Sea como sea, hubo algo que detuvo la intervención militar a los puntos de bloqueo y eso quiere decir que el gobierno está tan desprestigiado que cuesta mucho a cualquiera (léase a los militares) jugársela por un gobierno que a la vista de todos, tiene fecha de caducidad en un futuro cercano. El gobierno ya no puede contar con la complicidad incondicional de las Fuerzas Armadas. Ese es otro triunfo, aunque también cabe al movimiento popular estar alerta ante alguna intentona aventurera de algún sector de las Fuerzas Armadas que sea fuertemente billeteado por los golpistas. De todos modos, esa aventura tendría patas cortas.

Resumiendo, la victoria de agosto puede ser medida y apreciada a partir de los componentes que han cambiado en la coyuntura; En primer lugar, el gobierno ya no puede prorrogar la fecha de las elecciones. Eso no significa que no seguirá atentando contra las elecciones. Puede hacerlo, y seguramente lo intentará, inhabilitando al MAS o pretendiendo desestructurar al Tribunal Supremo Electoral. Pero como lo dijimos, líneas arriba, la carta de prórroga, con el pretexto de la pandemia, se le ha terminado.

En segundo Lugar, el movimiento popular tiene capacidad de una fuertísima movilización y el gobierno está muy advertido que no puede subestimarla. Eso ha sido muy claramente ilustrado por Murillo, cuando inicialmente se refirió a los bloqueos menospreciándolos y después tuvo que aceptar la magnitud de los mismos. Finalmente, en tercer lugar, las Fuerzas Armadas, en conjunto, ya no están dispuestas a jugárselas por un gobierno tan desprestigiado y pasajero como el de Añez. Podría brotar la aventura de un pequeño sector, que solamente sería, episódica y momentánea.

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