septiembre 18, 2020

Las elecciones terminan en octubre…


Por Óscar Silva Flores-.


Todo parece indicar que las elecciones generales se realizarán el 18 de octubre y es posible se pueda tener definido ya un nuevo gobierno a partir de esa fecha o, en el peor de los casos, observar un panorama más claro para una segunda vuelta electoral por primera vez en nuestra historia.

Todos apuntan a que esto se cumpla, que el pueblo de Bolivia pueda retomar el sistema democrático interrumpido violentamente nueve meses atrás. El Gobierno se atribuye haber logrado mediante el diálogo la pacificación y la confirmación de la fecha, en tanto la oposición y las organizaciones reclamas también para sí este logro político. Sea como fuere, confiando en la buena fe de las partes, especialmente de quienes administran el Estado, que demostraron poca seriedad en el cumplimiento de sus compromisos.

Sin embargo, el problema no concluirá allá. En estos nueve meses de desgobierno por incapacidad y corrupción, sumados a la pandemia, se ha llevado al país, en todos los aspectos, principalmente en lo económico y social, al borde del precipicio, al límite del desastre, por lo que la responsabilidad de administrarlo, para quien resulte favorecido con el apoyo ciudadano expresado en el voto, será mucho más grande y difícil.

Hay que reconstruir la patria. El golpe ha puesto de manifiesto la existencia de una profunda grieta que, lamentablemente, había permanecido latente, pese a las medidas de inclusión social y de integración desarrolladas por el anterior gobierno, pero que alimentadas por el golpismo han rebrotado con mayor virulencia, mostrando los rostros más extremos de racismo, discriminación y violencia, es decir, del fascismo en su expresión más retrógrada.

En la actual situación económica mundial, la recuperación en este campo no va a ser fácil y va a requerir acciones heroicas y que seguramente no van a ser necesariamente satisfactorias a todos los sectores de la población, pero alguien, algún sector va a tener que asumir ese costo. Lo deseable es no sean los sectores de menores recursos, los pobres y explotados, los que asuman el precio de la recuperación económica. Temas como el impuesto a la riqueza, la subsistencia de los fondos de pensiones, los créditos de fomento y la rentabilidad de la banca, tienen necesariamente que se encarados a partir de una definición política.

En lo social, la reconstrucción del Estado con seguridad será aún más complicada. El sistema educativo se ha desmoronado por la incapacidad de las autoridades del sector, agudizado por la crisis sanitaria, y necesita una cirugía profunda que solo puede realizarse sobre el consenso de los distintos sectores sociales, algo aparentemente muy difícil de lograr en este momento por lo exasperada que se encuentra la animosidad social.

Podríamos encontrar similares escenarios en otros aspectos, por ejemplo, en el de la salud, el cual desnudado en sus severas limitaciones, humanas, logísticas y de gestión estatal, requerirá en el futuro inmediato una atención de terapia intensiva, en la que participen todos los sectores involucrados en el tema, despojándose de los intereses de grupo que son los que más han marcado el debate sobre la materia desde hace varios años.

No será fácil de ninguna manera gobernar el país sea quien fuere el elegido. Es probable que por la experiencia reciente y por su vinculación con los sectores mayoritarios del país, el Movimiento Al Socialismo (MAS) tenga mejores posibilidades de lograr resultados favorables, aunque con seguridad la resistencia de sectores con mayor poder económico, empresariales, oligárquicos, será dura, porque evidentemente no querrán renunciar a sus privilegios que ni siquiera en los 14 años de gobierno del MAS fueron tocados. Para la derecha, que pretenderá imponer recetas elaboradas por el Fondo Monetario Internacional (FMI) y retornar a modelos de gestión social y cultural superados históricamente, debiéramos imaginar que la tarea será mucho más complicada.

En todo caso, las elecciones son solo un primer paso para recuperar la patria arrebatada por el fascismo. El voto ciudadano definirá a quien encarga esta tarea y es de esperar que todos respeten la institucionalidad electoral, que se garantice el respeto pleno a la voluntad ciudadana y se concluya la transición con un gobierno legal y legitimo.

Sin embargo, este es solo el inicio de una nueva etapa histórica para el país, en la que el único y verdadero protagonista es y será el pueblo boliviano, del campo y las ciudades, organizado en búsqueda de sus legítimas reivindicaciones. Parafraseando a Marcelo Quiroga Santa Cruz, me permitiría expresar que “las elecciones terminan en octubre, la lucha no”.


* Periodista y abogado

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