septiembre 18, 2020

Apuntes para un ensayo sobre la ceguera colonial en Bolivia


Por Carla Espósito Guevara-.


Emile Durkheim y Marcel Mauss inician el ensayo denominado Clasificaciones Primitivas (1963) con una metáfora referida a la ceguera, en la que dicen que “cuando una persona que ha nacido ciega desde su nacimiento es operada y consigue la luz, no ve directamente el mundo fenomenal que nosotros aceptamos como normal. En lugar de ello, se encuentra afligida por un doloroso caos de formas y colores, una llamativa confusión de impresiones visuales ninguna de las cuales parece sostener ninguna exhaustiva relación con las otras”.

Esa afirmación sobre la ceguera aunque parecería lejana, encierra el mismo significado de aquella imagen muy citada, de la sección del libro Los Argonautas del Pacifico Norte (1986) de Malinowski, en la que el antropólogo describe cómo la administración colonial veía al “salvaje”, al que concebía como como un ser feroz e irresponsable, que vive en el seno de la naturaleza como puede y quiere, en una libertad desaforada, en un mundo pleno de irregularidad y rareza. En síntesis, hombres gobernados por pasiones descontroladas, hombres sin ley cuya conducta está regulada nada más que por sus instintos y apetencias.

Lo que existe en común entre la metáfora del ciego y la imagen del “salvaje” colonial es la idea del caos y la confusión. El ciego ve el mundo como como un absoluto desorden en el que no pude distinguir ni identificar formas u objetos. El colonizador, por su parte, ve el mundo del salvaje como un caos, carente de lógica porque está culturalmente ciego a las reglas con que este ordena sus relaciones y desconoce o no entiende su sistema ordenador del mundo, por tanto, se le presenta como caótico y sin sentido.

Algo de esta misma ceguera aqueja tanto al Gobierno como a los sectores urbanos que lo apoyan. A partir de los últimos conflictos en el Altiplano, si algo ha salido a flote es la ceguera cultural con que perciben el mundo indígena y su acción política. De modo similar a la forma en que administración colonial inglesa descrita por Malinowski veía al “salvaje”, los sectores medios urbanos de hoy ven la acción política de los indígenas como carente de lógica y sentido.

Leyendo los tupidos comentarios que se vertieron en las redes sociales durante los días de ese conflicto, hay uno que me llamó particularmente la atención, y lo trascribo en su integridad porque expresa con particular elocuencia esta ceguera: “Por más que pienso no encuentro lógica, [los masistas¨] son cómplices de estos asesinos [los indígenas], comparten esa ideología!!!!! Aunque parecen gente normal y decente por decirlo así, después de romperme la cabeza muuuucho tiempo y tratar de entender que pasa por sus mentes llegué a la conclusión que son doble moral, hablan de socialismo porque quieren venderte la imagen de ayuda al pobre, cuándo sabemos que no es así, además no nos olvidemos que llevan 14 años de adoctrinamiento, les quitaron la capacidad de pensar!!!!”.

Acá se revela una ceguera cultural enorme. Quien expresa esto, por más que se devana el cerebro, no logra entender por qué los indígenas se movilizan, por tanto, atribuye sus prácticas a la “anormalidad”, a la “ignorancia”, al “adoctrinamiento”, al “lavamiento de cerebro”, “a la falta de la capacidad de pensar”, incuso a “la indecencia”, como si los indígenas actuaran al margen de toda lógica, guiados por la estupidez y existiera una ausencia de pensamiento racional en su actuación política. Todo lo que no entienden los ciegos culturales pertenece al mundo del caos y el irracionalismo.

El racismo colonial estriba justamente en esta persistente ceguera histórica, política y cultural que acompaña el desconocimiento del otro. La reciente confusión del Viceministerio de Comunicación de Juana Azurduy con Bartolina Sisa, es otro buen ejemplo de esa empecinada ceguera. Al final, da lo mismo un rostro indígena que otro.

El gobierno de Áñez está compuesto de personas y sectores que padecen esa ceguera y eso lo conduce a innumerables prácticas racistas, a una negación permanente de la ciudadanía indígena y, por tanto, a una incapacidad crónica para comprender la importancia de la participación indígena en la construcción del pacto social llamado Estado. Quizás el mejor consejo que se le puede dar tanto al Gobierno como a la señora Áñez, es que se esfuercen un poquito por conocer el país que pretenden dirigir pero no lo logran. No se puede gobernar a ciegas un país que se desconoce y no se comprende.


* Socióloga

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