septiembre 18, 2020

El golpe de Estado develado a través del «gobierno transitorio»


Por Carlos Echazú Cortéz-.


El desarrollo de los acontecimientos políticos en el país, durante el período transcurrido desde noviembre del año pasado, muestra que el golpe de Estado puede ser confirmado no solo por los hechos producidos para la captura del poder por los golpistas, sino también por los resultados que ha producido.

Ya se ha demostrado, de modo contundente, el golpe de Estado mediante las operaciones adoptadas para la toma del poder. Estas pueden resumirse en la violencia desatada por los grupos paramilitares; el motín policial que privó al gobierno de Evo de defensa frente a esa violencia; los acuerdos de los golpistas con policías y militares; las quemas de las casas de dirigentes masistas, especialmente de Víctor Borda, que se encontraba en la línea de sucesión, para obligarlo a renunciar; la confabulación de los golpistas en la Universidad Católica para designar a la presidenta; la llegada de los grupos paramilitares a La Paz, para la estocada final; la «sugerencia» de las Fuerzas Armadas para que el presidente Evo renuncie; las masacres de Sacaba y Senkata, que implican el aplastamiento de la resistencia popular al golpe (la «pacificación», en el eufemismo de los golpistas); y finalmente la autoproclamación en recinto parlamentario vacío por parte de la «elegida» en la reunión de la Universidad Católica. Todos estos elementos son hechos objetivos comprobados. Detrás de ellos, como componente obvio pero oculto tras bambalinas, está el cañonazo de 100 millones de dólares disparado por los padrinos gringos desde Estados Unidos.

Ahora bien, como afirmamos líneas arriba, el golpe de Estado puede también ser demostrado por los resultados que ha generado. Eso puede probarse mediante el desbaratamiento de la idea de un gobierno transitorio conformado después del golpe. Ese imaginario fue fundamental para la pretensión de los golpistas de ocultar ante la opinión pública nacional y a la comunidad internacional que lo que había ocurrido, en realidad, fue un golpe. Su idea básica fue que el presidente Evo había renunciado, así como el Vicepresidente y los presidentes de las cámaras, ante las protestas de la ciudadanía por el «fraude» cometido en las elecciones, y entonces se conformó un gobierno transitorio, cuyo único fin era el de convocar nuevas elecciones y restaurar, de ese modo, el orden constitucional.

En este marco, si la idea de Gobierno transitorio se viene abajo, entonces queda al descubierto lo que este pretendió esconder, es decir, el golpe de Estado.

Consiguientemente, resulta útil examinar si el Gobierno de la autoproclamada evidentemente es transitorio. Veamos, en primer lugar, es menester establecer que hay políticas que solo puede desarrollarlas un gobierno electo, de ningún modo un gobierno transitorio. Por otro lado, hay medidas u operaciones que ni siquiera un gobierno electo tiene facultad para llevarlas adelante.
Comencemos por la identificación de las políticas que ha implementado el Gobierno de la autoproclamada y que solo corresponden a un gobierno electo y no a uno transitorio.

En primer lugar, se encuentran los programas y proyectos a largo plazo. En este contexto, el Gobierno de la autoproclamada se encuentra elaborando e incluso implementando programas de reactivación económica y de creación de empleo. Acá no entra en discusión si lo hace bien o mal, ese es otro tema, lo que importa señalar en este contexto es que un programa de este tipo es completamente ajeno a un gobierno transitorio, pues implica políticas que hacen a la estructura económica de la sociedad, así como al modelo económico. Consiguientemente, su implementación revela la intencionalidad de permanecer en el poder.

Por otro lado, dentro de esta categoría de políticas que no le corresponden a un gobierno transitorio, está el desbaratamiento de toda la política internacional del gobierno de Evo. Lo que le correspondía a la autoproclamada era dejar el tema en status quo y esperar que el nuevo gobierno, emergente de las nuevas elecciones, se haga cargo de estos asuntos. Por esta razón el resquebrajamiento de la política internacional de Evo y la implementación de una propia tienen hondas repercusiones en la geopolítica regional e internacional. Por eso también este asunto revela la intencionalidad de permanecer en el poder.

En lo que respecta a las medidas que ni siquiera corresponden a un gobierno electo, concierne establecer que esto es gravísimo, puesto que revela el atentado al orden constitucional y, por ende, a la misma democracia. Entre estas políticas destacan las prórrogas reiteradas del pretendido mandato transitorio. Hay que tener en cuenta que si un gobierno electo procedería a prorrogarse, esta acción le quitaría la legitimidad y pasaría a convertirse en un gobierno de facto. Con mayor razón, cuando un gobierno transitorio se prorroga, esto no hace más que desnudar su carácter de gobierno de facto, pues ha incumplido el único mandato que tiene, es decir, el restaurar el orden constitucional. No tienen cabida, las justificaciones que ha formulado el Gobierno de la autoproclamada para estas prorrogas reiteradas, haciendo referencia a la pandemia, puesto que ya ha quedado expuesto que el mentado pico más elevado de la pandemia solamente ha perseguido a las fechas programadas para las elecciones.

En esta misma categoría de medidas, que ni siquiera corresponden a un gobierno electo, está la persecución política desatada mediante un lawfare tan descarado que ha despertado incluso las reacciones de organismos internacionales, la más connotada en este sentido, durante la última semana, ha sido la declaración de Human Rights Watch, pero no es la única, también están los informes de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y de la Comisión Interamericana para los Derechos Humanos, vale decir, las organizaciones más representativas de los Derechos Humanos en el ámbito internacional.

Así también, el carácter de facto del gobierno transitorio se demuestra por su actitud hacia el rol fiscalizador del Parlamento. Mucho se ha dicho de parte de la misma derecha boliviana que una democracia se sostiene por los contrapesos que esta desarrolla. En este marco, el rol fiscalizador del Parlamento hacia el Gobierno es una de las instituciones más importantes. Al respecto, el Gobierno transitorio de la autoproclamada no ha cuidado ni siquiera las formas, puesto que ha determinado no recibir las peticiones de informe que le llegan desde el legislativo. Esto ha sido denunciado no solamente por parlamentarios del Movimiento Al Socialismo (MAS), sino también por legisladores de Demócratas.

El Parlamento también se ha visto anulado por parte del Gobierno transitorio al negarse la autoproclamada a promulgar repetidas veces leyes que fueron emitidas por ese órgano. Más aún, cuando la presidenta del senado procedió a promulgar leyes que no fueron promulgadas por el Ejecutivo, Áñez se negó a recibirlas y darles la publicidad respectiva en la Gaceta Oficial, para que estas no entraran en vigencia. De este modo, el rol más importante de la Asamblea Legislativa, vale decir, promulgar leyes, ha sido anulado por el Gobierno transitorio. En síntesis, este ha anulado al Parlamento, lo que definitivamente devela el carácter de facto de este Gobierno.

Del mismo modo, el Gobierno procedió a ejecutar, mediante decreto, el ascenso de generales de las Fuerzas Armadas, un rol que le correspondía de forma exclusiva al Senado. Así también, restituyó en sus funciones a un ministro que había sido censurado por la Asamblea, siendo que por ley correspondía su destitución. Más aún, el Gobierno transitorio contrata créditos externos, sin la aprobación de la Asamblea, y pretende que sean aprobados por este organismo, después de que estos fondos han sido gastados. Es el caso paradigmático del crédito del Fondo Monetario Internacional (FMI), que el Gobierno eufemísticamente denomina financiamiento internacional.

En síntesis, el Gobierno transitorio ha anulado completamente a la Asamblea Legislativa, la institución que como ninguna otra representa a la soberanía popular, es decir, a la democracia. ¿Qué más prueba se necesita para develar que el gobierno de Áñez no es transitorio, sino que es un gobierno de facto emergente de un golpe de Estado?


* Militante de la izquierda boliviana

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