septiembre 21, 2020

La doble moral de falsos ambientalistas, ecologistas y bomberos voluntarios


Por Fernando Rodriguez Ureña-*


El capitalismo no es imbécil. Al contrario, es sumamente inteligente, profundamente inmoral, antiético y sumamente oportunista.

Bajo la concepción capitalista, la naturaleza es un emporio de recursos entendidos como factores de producción, a ser utilizados para la producción de mercancías. Al igual que la fuerza de trabajo, la naturaleza debe ser explotada en sus materias primas para obtener la maximización de la ganancia.

En los años 60, un evento resultó simbólico para una nueva comprensión del planeta: el observar la Tierra desde la Luna. Para unos fue sentir a la Tierra como el espacio natural de vida y que por tanto debe protegerse. Para otros la visión del planeta azul fue la de una veta de recursos, de la cual las economías del Primer Mundo deben extraer todo lo que consideran suyo, en sus estados bióticos y abióticos.

Entre los 70 y 80 fue cuando el sistema empezó a preocuparse y propuso reflexiones medioambientales que ponían de relieve la actividad industrial en el mundo y su impacto sobre el medio ambiente. En ese momento histórico, los procesos de industrialización son evaluados por los pensadores del capitalismo, y criticados y restringidos especialmente si estos son demandados por países en “vías de desarrollo”, donde la sustitución de importaciones vía industrialización son una mala idea para las metrópolis.

Desde entonces, medio ambiente y desarrollo constituyen un binomio conceptual de tratamiento univoco y casi imposible separación y traspasados por la ideología.

Ese es también el tiempo en que ambas problemáticas asoman tímidamente en el sistema de Naciones Unidas, como una preocupación aun de tercer orden pero ya presente en la agenda internacional multilateral. En espacios de Derechos Humanos de las Naciones Unidas se empieza a incorporar las ideas del derecho al desarrollo, primero, y a un medio ambiente sano y ecológicamente equilibrado, después. Ambas ideas recién cobraran importancia en la última década del siglo pasado.

Como el capitalismo no es tonto, usa ese escenario de preocupación para encargar a sus fundaciones y universidades de los ámbitos público y privado un aproximamiento científico y de intervención de este problema. A su vez, los gobiernos de los países dependientes son condicionados a instalar escritorios, pero sin planes ni presupuestos, de atención al problema.

En el marco de la cooperación internacional comienza un proceso micro y macro que va desde el financiamiento a fundaciones y ONG locales hasta llegar a promover cumbres mundiales como las Cumbres de la Tierra iniciadas en Estocolmo en 1972, en Río de Janeiro de 1992 y Johannesburgo de 2012, donde Estados financiadores y ONG financiadas participaron activamente.

Estas instancias fueron los antecedentes de las Cumbres de Cambio Climático que tiene sus orígenes en 1979 en Ginebra, en la Primera Conferencia Mundial sobre el Clima, promoviendo casi una veintena de eventos mundiales, hasta llegar al 2011 a Durban, con la XVII Conferencia sobre el Cambio Climático, produciendo instrumentos multilaterales como la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

Estados Unidos no firmó el Protocolo de Kioto, negociado desde 1997 y que entró en vigor el 2005.

Otro evento importante es la declaración del 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra, proclamado por las Naciones Unidas el 2009, evento en el que jugó un rol importante en su puesta en agenda el Estado Plurinacional de Bolivia, proyectando universalmente la exposición de motivos de nuestra Ley de la Madre Tierra, que considera a esta como ecosistema que es sujeto de derechos.

Sin embargo, en su oportunismo, el capitalismo usa diversas estrategias para recoger la demanda de la sociedad civil en torno a medioambiente y desarrollo. Por esa vía desarrollaron el concepto del capitalismo verde, que implica la subyugación de países dependiente para no iniciar procesos de industrialización en regiones consideradas estratégicas como la Amazonia (pulmón de las américas), a cambio de bonos de deuda externa. En otras palabras, cambiar deuda por bonos ambientales.

En su doble moral, las empresas transnacionales miraran de costado cuando la Amazonía es desboscada para producir transgénicos o producir plantaciones de árboles maderables destinados a su exportación e industrialización en las metrópolis o mediante maquilas en enclaves industriales en los países de capitalismo periférico.

En este contexto, en 2016 los Estados Unidos, a través de organismos como la NED, IRI, Usaid, y fundaciones alemanas y europeas aliadas, han desarrollado una acción conspirativa en contra de Bolivia, el Estado Plurinacional y su Constitución Política del Estado, usando como pretexto el tema ecológico.

Utilizando como plataforma las concesiones legales y económicas que el gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS) hizo a la oligarquía agroindustrial interesada en la ampliación de la frontera agrícola, articularon esta conspiración. Estas políticas, que correspondían a una visión desarrollista y capitalista ajena al proyecto genuino del Proceso de Cambio, se convirtieron en boomerang contra el Estado Plurinacional.

Fueron el pretexto para el comportamiento sedicioso de ONG ambientalistas y ecologistas y fungieron como el discurso moral y político de la sociedad civil. además de constituirse en cabecera de playa para el accionar de quienes estaban interesados en restaurar el Estado republicano: la oligarquía racista, federalista y separatista del Oriente, institucionalizada en la Cainco, Fegasacruz y las cooperativas manejadas por las logias y, por supuesto, el Comité Pro Santa Cruz, quienes fueron actores fundamentales en el golpe de noviembre de 2019.

Para ese efecto y contando con la negligencia, omisión y hasta el hacerse de “la vista gorda” de autoridades encargadas del orden y la seguridad interior del Estado Plurinacional, ONG y fundaciones norteamericanas y europeas realizaron programas y proyectos que, con paraguas ambientalistas y ecologistas, camuflaron a grupos paramilitares y de falsos bomberos voluntarios.

Un ejemplo es el accionar del programa MK Ultra de origen norteamericano, encabezado por el Cnl. Felando Pierre Thigpen, experto en operaciones encubiertas de la CIA y jefe de recursos humanos del Pentágono para América Latina y el Caribe, para formar a jóvenes e instructores de la Escuela de Héroes, dentro del Programa MK Ultra-Monarca 2016 Bolivia del Departamento de Estado, bajo la cobertura de una invitación de iglesias cristianas y cuya traductora oficial era María Irene Schilacci, de recordado apellido relacionado con Marco Marino Diodato y la ultraderecha en Santa Cruz.

Su capacitación de profesores de la escuela estaba imbuida de cierto fundamentalismo en torno a la libertad, la democracia, la producción de riqueza, la disciplina, el respeto a Dios y la protección de la naturaleza, entendida como un patrimonio regional y de propiedad de los barones del Oriente, miembros de las instituciones señaladas.

Debemos resaltar que el discurso de la Escuela de Héroes resultó ser totalmente coincidente con el expresado al momento en que Áñez, Camacho, Murillo, López y León, para nombrar solo unos cuantos de quienes tomaron las instalaciones del Palacio de Gobierno, una vez consolidado el golpe de noviembre de 2019. Dios y La Biblia, la preeminencia de la propiedad privada, las libertadas individuales y una democracia elitista, excluyente y con claros componentes racistas, son prueba de la actividad conspirativa de larga data y desgraciadamente arropada por órganos de seguridad locales.

Por lo expuesto, concluimos que, entre julio y noviembre de 2019, se produjeron intencional y delincuencialmente miles de focos de incendio en la Chiquitanía, el Pantanal y la Amazonía. Los actores de esta acción ecocida no eran sino los operadores de los agroindustriales que hacían un excelente negocio al ampliar de hecho la frontera agrícola para preparar tierras para la plantación de eucaliptos, cultivar caña de azúcar para fabricar biodiesel, plantar pastos forrajeros para exportación de carne y. por supuesto, ampliar la extensión de producción de soya con semillas transgénicas. Y claro, acusando de estos actos delincuenciales a campesinos andinos “bárbaros y salvajes”, que habrían sido trasladados por el MAS para ocupar tierras del Oriente.

Mientras estos incendios eran sofocados invirtiendo recursos estatales en el alquiler de alta tecnología específica para este fin, como el avión Supertanker, en tierra falsos bomberos se encargaban de dejar activos focos de calor hasta que finalmente fue la propia naturaleza que se encargó de apagar dichos incendios mediante la producción de lluvias.

Hoy, abarcando incluso al departamento de Pando, las tierras bolivianas sufren de los mismos actos delincuenciales y de ecocidio en una acción consonante con lo que ocurre el Brasil de Bolsonaro. A diferencia del año pasado, los actuales incendios no son noticia, no son temas de agenda pública, están minimizados en los medios masivos de comunicación y el Gobierno, a través de Óscar Ortiz, uno de los barones del Oriente convertido en ministro de Finanzas, no reacciona frente al desastre ambiental sino que más bien entrega a fondo perdido más de una centena de millones de dólares a agroindustriales, quedando clara la acción conspirativa del 2019 y la doble moral y el silencio cómplice de las plataformas de ambientalistas, ecologistas y falsos bomberos que ahora no abren la boca como lo hicieran durante el 2019.

La historia y el pueblo los juzgará.


* Sociólogo

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