septiembre 22, 2020

Programa electoral vs. Proyecto político: presencia y ausencia en las elecciones presidenciales de Bolivia

Por VÍCTOR VACAFLORES PEREIRA -.


En el momento electoral, están invisibilizados varios temas de análisis en torno a los Programas electorales que ameritan debate. Sea sobre las modalidades y metodologías de su elaboración (tecnocráticos o participativos); sea sobre los temas y ámbitos nacionales y regionales que componen; sea sobre lo ampuloso o sintético que pueda ser; sea lo demagógico o realista que se oferte, tomando en cuenta el contexto internacional; sea sobre si los programas se cumplen y si existen mecanismos de seguimiento; sea si en verdad los programas se los lee y comprende en el conjunto de la sociedad; sea sobre la coherencia entre Programa electoral y Proyecto político; sea como marketing político vendible o como propuesta efectivamente alternativa; sea respecto a la orientación ideológica y doctrinal de los programas; entre otros.

Hoy proponemos tocar la relación, existente o no, entre el Programa electoral y el Proyecto político e histórico.
La Ley Electoral impone a todos los partidos y coaliciones electorales la presentación al Tribunal Supremo Electoral (TSE) de sus programas electorales, a tiempo de inscribirse para terciar en los comicios. Se trata de la constancia de sus visiones, de sus alternativas a los grandes problemas y alternativas para el país y el Estado; políticas públicas, ofertas, compromisos ante la ciudadanía en caso de ser triunfadores. Más puntualmente, los Programas electorales serán las propuestas de acción, de proyectos, de políticas, de cambios, de reformas, de transformación de la economía, de las alternativas en el área de la agropecuaria, de la justicia, de la minería, de las regiones, de la forma de hacer política internacional y resolución de los mayores dramas del Estado.

Salvo el Movimiento Al Socialismo (MAS), que cuenta con la Agenda Patriótica 2025, misma que fue adaptada al presente período, los otros postulantes debieron armar programas casi de cero. Comunidad Ciudadana (CC) dio toques de forma a una plataforma apresuradamente armada en 2019, que en un tráfico político se habilitó a las elecciones vía personería jurídica de una de las aberraciones partidarias (sigla de izquierda y acción del oportunismo y transfugio de derecha más sinvergüenza). Esta coalición, CC-FRI ya adelantó que no cambiaría algunas políticas implementadas por Evo Morales y luego se desdijo; por honestidad intelectual debió recuperar parte del Plan de Emergencia que postuló Mesa junto a Goni Sánchez de Lozada en 2014 y escuchar a sectores conservadores, reaccionarios, falsos demócratas, intelectuales resentidos, clases medias desplazadas del poder en los 13 años de gobierno del MAS, redes despolitizadas, oportunistas, cadáveres políticos revividos y otros. Todo un menjunje sin coherencia alguna.

La ultraderecha, bajo la sombra de los demócratas de Santa Cruz, esta vez como coalición JUNTOS, simplemente copió en su programa electoral las plataformas de los empresarios privados en sus distintas fracciones, en especial de la oligarquía exportadora, financiera y rentista. ¿Revilla exmirista y los pititas de todo color son parte de ese proyecto? ¿Su proyecto es el de los empresarios? ¿Es de los golpistas? ¿Es de SOLBO? ¿Puede razonablemente decirse que JUNTOS es un proyecto de país con tanta mezcolanza? El oportunismo no es un proyecto, es una conducta política detestable.

Incluso las fracciones fascistas de la derecha decidieron jugar a la democracia en el frente CREEMOS (Camacho-Pumari) que, sin vergüenza de sus escándalos y confesión de boca suelta del golpista Camacho y familia, se aventuraron a armar un programa electoral que no tiene ni pies ni cabeza. ¿Puede alguien creer que este personaje ridículo (intelectual y psicológico), fascista y de lógica machista, con poses de líder y una ignorancia política, quiere construir una Bolivia democrática? Bueno… por si fuera peor, el Frente para la Victoria, como en 2019, volvió a copiar el programa de un partido del Perú (!?).

En general, todos los frentes y candidatos armaron programas improvisados, acomodaticios a la coyuntura electoral, demagógicos, solo para las elecciones, todos pensando en el MAS, obsesionados con Evo Morales, acomplejados con las movilizaciones campesinas indígenas y populares. Pues, los discursos durante la campaña serán para denigrar al MAS y a Evo Morales, antes que ofertar un proyecto nuevo. Lo que el lector y todo boliviano sabe o debe saber es que estas coaliciones políticas electorales ya fueron gobierno en distintos períodos de la democracia restringida o en las dictaduras militares. Hasta lo inaudito, cómo Carlos Mesa, que fue vicepresidente de Goni, que masacró a la población de El Alto, dejando más de 70 muertos y más de 100 heridos de bala en octubre de 2003, es candidato.

Pero eso no es todo. Esos programas improvisados no tienen relación con un Proyecto político histórico. No tienen visión, idea, propósito, programa, ideología de mediano y largo plazo. Son agrupaciones de políticos solo para terciar en las elecciones y cuando termine desaparecerán del escenario nacional; durarán lo que dure la campaña electoral. La coalición JUNTOS, de los demócratas de Santa Cruz, tiene atisbos de articulación ideológica de la reacción y la ultraderecha en Bolivia (ADN y falangistas). Los otros no tienen estructura, no tienen ideología, no tienen visión de país, no tienen estrategia, no tienen proyecto como lo tiene el MAS. Entonces son pasajeros, oportunistas, coyunturales. ¿Cómo pueden sobrevivir? Vía alimento político y financiero de Estados Unidos y de la oligarquía boliviana que, merced a la despolitización de la juventud y amplios sectores de la población, lograda en los 20 años de neoliberalismo y, merced también al poco y mediocre esfuerzo del gobierno del MAS en la formación y capacitación política de organizaciones y dirigentes populares y juveniles.

Salvo el MAS, que tuvo sus propuestas electorales para las elecciones desde 2005 y cuenta con la Agenda del Bicentenario 2025, el Plan de Desarrollo Económico y Social (PDES) como transición en el horizonte del Vivir Bien y el socialismo comunitario, la derecha no tiene proyecto histórico. ¿En qué cree la derecha boliviana? ¿Tiene la reacción y los conservadores un proyecto de país? ¿Cuál es su ideología? ¿Cómo pretende resolver los problemas estructurales de la nación? ¿Cuál es el futuro que debe construirse en Bolivia?

Ante la ausencia de proyecto histórico de la derecha y la reacción, deducimos y ratificamos de su presencia electoral como la oportunidad de aferrarse al poder asaltado en noviembre de 2019; restaurar el modelo neoliberal fracasado y desmantelar los avances y conquistas del Proceso de Cambio; acabar con los éxitos económicos de 13 años, que lograron transformaciones estructurales en el país. La derecha volvió al poder vía un golpe de Estado, financiado y asesorado por Estados Unidos y con la complicidad de la Organización de Estados Americanos (OEA). Quién en realidad sabe a dónde debe ir la derecha es el gobierno de Estados Unidos y el capital internacional.
La derecha boliviana no tiene proyecto político; tiene intereses. De eso sí podemos dar cuenta.


* Miembro de la Red de Economía Política

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