octubre 29, 2020

No era con ella


Por Óscar Silva Flores -.


La “cumbre” golpista, en noviembre pasado, de los representantes de la derecha boliviana –en sus más variados colores– junto a los de la Iglesia, las embajadas de Estados Unidos, Brasil y de la Unión Europea (UE), en la Universidad Católica de La Paz, acordó sentar en la silla presidencial a una persona poco relevante, que no genere conflicto, que no ponga en riesgo el proceso regresivo y que permita garantizar la toma democrática (llámese electoral) y el repliegue efectivo del Movimiento Al Socialismo (MAS) (proscripción) del escenario político boliviano. Pensaron que, por su condición de mujer y su discurso religioso, tendría una más fácil aceptación ciudadana; a ella se sumaría un equipo ministerial de todos los grupos conspiradores.

En sus 13 años de actividad política, como constituyente y legisladora, Áñez no había exteriorizado mayores aspiraciones, siendo casi siempre relegada en las distintas agrupaciones políticas de las que formó parte. Reunía las condiciones necesarias para encargarle el cuidado de la silla presidencial sin riesgo.

Se equivocaron. A poco más de 60 días de recibir la banda presidencial de manos militares e ingresar en nombre de Dios y con La Biblia en la mano al Palacio Quemado, les plantó cara su equivocación cuando, seguramente fuertemente influenciada por su entorno más próximo, anunció su postulación a la presidencia.

Había pateado el tablero electoral de la derecha. Empezó a deshacerse de sus aliados más incómodos, por lo menos de los que pudo, y cambió el rumbo de la transición. Sus aliados, sin salir del asombro, le dieron la posibilidad de demostrar que podía ser ella. Ocho meses de corrupción galopante, de una nefasta e ineficiente administración de la cosa pública y un deplorable manejo de la crisis sanitaria, los volvieron a la realidad. Las encuestas eran demasiado coincidentes y evidentes, no daban margen a una nueva equivocación.

Racionalmente nada podría indicar que en el mes de campaña restante de las elecciones mejoraría su posición, sino que además, como parte de la pugna con sus aliados golpistas por adjudicarse quien echó a Evo, como su único mérito para obtener el voto ciudadano, solo había logrado la consolidación del candidato del MAS más allá incluso del voto duro de este partido.

Sonaron las alarmas, estaban caminando al precipicio. No había más que reconocer que fue un error el dejar que la transitoria y su séquito se tomaran ciertas libertades no acordadas en las aulas de la Católica. No quedaba otra, había que bajarle el dedo. Una imagen tragicómica de ella acompañada de sus siete cortesanos sirvió de fondo a su mensaje de retiro de su candidatura.
Quien vio la escena no necesita mayores comentarios sobre las expresiones de sus acompañantes y de ella misma. Todo se había consumado (para ella).

Es posible imaginar que aún la derecha cree que puede llegar al gobierno electoralmente, seguramente en segunda vuelta, esperando que cualquiera de sus dos candidatos –uno de la derecha fascista y el otro un poco más liberal de centroderecha– puedan acortar las diferencias con Luis Arce, seguramente sin dar por descontado el uso de cualquier otro método, aún este no sea precisamente legal ni democrático, para alcanzar ese objetivo. No queda descartada la posibilidad de que en los días previos al 18 pueda declinar su candidatura uno de los dos que se disputan el segundo lugar, exigiendo a sus seguidores votar por el que quede, bajo el argumento del “voto útil”.

Sin embargo, hay que preguntarse ¿qué sucederá si eso no llega a suceder y el MAS obtiene un triunfo en primera vuelta? Existen varias posibilidades, desde luego, no hay que descartar ninguna, solo confiar en que realmente quieren mantener el sistema democrático boliviano y respetar la decisión del pueblo expresada en las urnas. Pero ese ya es tema de otro análisis.
Lo que ha quedado totalmente claro en la semana que pasó, como además ya lo habíamos advertido antes, es que ni antes ni después: “No era con ella”.


* Periodista y abogado

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