octubre 29, 2020

Las contribuciones de Bolivia


Por Roberto Regalado -.


 “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar.” Eduardo Galeano.

La Época ha tenido la gentileza de encargarme una columna donde abordaré temas que estimulen la construcción de la nueva utopía que América Latina necesita. En esta primera entrega resumo cómo se apreciaba la situación política regional previa al triunfo de Evo Morales en la elección presidencial boliviana de 2005; cómo aquel acontecimiento reveló la perspectiva general de las luchas populares, y qué contribución actual equivalente puede hacer la izquierda social‑política boliviana.

Hoy es común decir que una característica distintiva de la década de 2000 en América Latina fue la cadena sin precedentes de elecciones y reelecciones de gobiernos de izquierda y progresistas, pero entonces eso no era tan perceptible. Durante la crisis terminal del socialismo real, la noción predominante era la de un “progresismo poscomunista”, persuadido de que los poderes fácticos del capital abrirían la puerta del sistema político y le dejarían ocupar los gobiernos. Sin embargo, no hubo tal apertura, y quien los copó casi todos fue la derecha neoliberal. Esa era la tendencia identificable en 2005.

De las 28 elecciones presidenciales realizadas entre 1988 y 2004 con participación de candidatos considerados de izquierda o progresistas, en 19 esos candidatos resultaron derrotados[1], y en cuatro los ganadores gobernaron con políticas de centro o derecha[2]: un total de 23 reveses. En ese contexto, las cinco victorias populares de la etapa –Chávez (1998 y 2001), Lula (2002), Kirchner (2003) y Tabaré (2004)– parecían productos de circunstancias excepcionales: el colapso del sistema político en Venezuela y Argentina; y la fortaleza de la izquierda en Brasil y Uruguay.

El triunfo de Evo en diciembre de 2005 fue el suceso que reveló la “subvaloración del potencial político de las luchas populares” en que incurríamos al utilizar un “viejo prisma” para analizar una “nueva etapa”. Con una historia plagada de golpes de Estado, dictaduras y amagos frustrados de democratización, una atomización política que obligaba a recurrir al Congreso para elegir gobiernos, y una débil izquierda tradicional, Bolivia no cumplía con los “parámetros clásicos” de los pronósticos electorales favorables. Una vez detectado y corregido el error, fue posible estudiar los factores que, entre 1998 y 2019, produjeron la elección y/o reelección de 30 gobiernos de izquierda o progresistas en 11 países[3].

Aunque la elección de gobiernos de signo popular no se detuvo, desde 2009 la correlación de fuerzas cambió a favor de la derecha. La izquierda y el progresismo perdieron el gobierno en nueve países[4], la izquierda lo defiende en dos[5], y el progresismo lo recuperó en uno[6]. Para revertir esta situación se requiere comprender, reflexionar y compartir:

  • Comprender que los proyectos y procesos de revolución o reforma son ejercicios de prueba y error, y que reconocer el error fortalece la siguiente prueba.
  • Reflexionar sobre la interrelación existente en cada derrota entre el rechazo del sistema dominante a la revolución o la reforma, y las insuficiencias y errores de los proyectos y procesos revolucionarios o reformadores.
  • Compartir las experiencias positivas y negativas entre todas las fuerzas de izquierda y progresistas de la región.

Si hace tres lustros la izquierda social‑política boliviana compartió con toda América Latina la experiencia de un bloque social que creó su propio instrumento político, conquistó los poderes del Estado, refundó la nación y emprendió una revolución política, hoy es vital que comprenda, reflexione y comparta porqué su Proceso de Cambio se debilitó y malogró.

  • Politólogo, Doctor en Ciencias Filosóficas y Licenciado en Periodismo

[1]     Las derrotas ocurrieron en: México 1988, 1994 y 2002; Brasil 1989, 1994 y 1998; Uruguay 1989, 1994 y 1999; Nicaragua 1990, 1996 y 2002; Perú 1990; Venezuela 1993; Colombia 1994; El Salvador 1994, 1998 y 2004; y Bolivia 2002.

[2]     Con políticas de centro gobernaron Ernesto Pérez (1995) y Martín Torrijos (2004) en Panamá, y con políticas neoliberales Ricardo Lagos (2000) en Chile y Lucio Gutiérrez (2002) en Ecuador.

[3]     Los triunfos de la izquierda y el progresismo fueron en: Venezuela 5, Brasil 4, Argentina 4, Uruguay 3, Bolivia 3, Ecuador 3, Nicaragua 3, El Salvador 2, Honduras 1, Paraguay 1 y México 1.

[4]     Por golpes de Estado se perdió el gobierno en 5 países (Honduras 2009, Paraguay 2012, Brasil 2016 y Bolivia 2019), por derrotas electorales en 3 (Argentina 2015, El Salvador 2019 y Uruguay 2019) y por traición en 1 (Ecuador 2017).

[5]     Se perdió el gobierno en Venezuela y Nicaragua.   

[6]     Se recuperó el gobierno en Argentina (2019).

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