abril 11, 2021

¡Las mujeres somos la mitad de cada pueblo!


MAYA VERAZAÍN Y AMÉRICA MACEDA-.


El neoliberalismo es caracterizado por el individualismo, y este ha permeado a varios movimientos feministas y políticas públicas que desde la “equidad de género” defienden la meritocracia, la superación individual de opresiones, aplauden los arribismos laborales, a las mujeres emprendedoras que se autoexplotan, la liberación sexual completamente funcional al mercado de consumo que solo refuerza la cosificación sexual de la mujer, es decir, reproducen el sistema patriarcal.
Estas corrientes liberales y neoliberales han reducido la opresión patriarcal a la dualidad machista “hombre versus mujer”, a simples temas personales, cambiando desde “lo personal es político” a lo “personal es personal”. En la coyuntura actual preelectoral todos los partidos de derecha plantean desde la “equidad de género” programas sociales promocionados por diferentes ONG, gobiernos locales y nacionales, que no cuestionan el origen de la violencia ni las estructuras de poder. Bajo lemas sobre la “valoración propia” y el “autoestima”, solo refuerzan los estereotipos del “ser mujer” desde la femineidad y los roles de género desde la individualización para el mercado, así podemos “atender el hogar y trabajar o estudiar”, como dijo cierto candidato.

La década del 90 se caracterizó por las políticas neoliberales de privatización de los servicios básicos, desempleo y precarización del trabajo, se priorizaron los programas asistencialistas. Se pensaron y ejecutaron las políticas públicas de homogeneización y reducción de las mujeres a la violencia, feminicidio y autoestima.

Durante el Proceso de Cambio, nosotras, las feministas comunitarias, afirmamos que: “las mujeres, somos la mitad de cada pueblo”, somos la mitad de la economía, la mitad de la Revolución, la mitad de todo, esto como una primera premisa para pensarnos y hacer políticas públicas. Es por eso que cuando se planteó reestructurar el Estado, el Proceso de Cambio acogió nuestro aporte de despatriarcalización del Estado como ruptura epistemológica, para mirar hacia las mujeres, desde las mujeres, y para luchar contra todas las opresiones que sufrimos mujeres, hombres y la naturaleza.

Los últimos años se logró visibilizar al sistema patriarcal, pero este proceso no ha madurado del todo; tenemos las leyes Nº 243 y Nº 348, inclusiones en la Ley Avelino Siñani, y el Servicio Plurinacional de la Mujer y la Despatriarcalización, pero se hace evidente la falta de profundización de las políticas de Estado, nos toca trascender el Estado mismo, para no vaciar de contenido nuestra lucha y alimentarla desde todos los espacios, cuestionando la estructura de opresiones que va más allá del machismo.

En esta época electoral no hemos escuchado la voz de muchas mujeres en relación a sus propuestas y debates desde el ser mujer y las diferentes realidades que representan. Tenemos leyes que garantizan la paridad, pero no el espacio de discusión desde las mujeres para las mujeres. Tenemos espacio en la representación política siempre y cuando asumamos roles masculinos para ejercer los cargos.

Desde el Feminismo Comunitario y la Alianza de Mujeres de Organizaciones Sociales, hemos elaborado 12 propuestas fundamentales para la despatriarcalización del Estado: 1) Eliminar la violencia contra las mujeres; 2) Empleo digno para las mujeres, apoyo a la producción y a emprendimientos económicos comunitarios; 3) Valoración y remuneración del trabajo doméstico; 4) Acceso efectivo de las mujeres al Sistema Único de Salud; 5) Promoción de derechos sexuales y derechos reproductivos; 6) Despatriarcalización en la educación; 7) Profundizar la participación política de las mujeres; 8) Fortalecer el cuidado de la madre y hermana naturaleza; 9) Seguridad y soberanía alimentaria; 10) Ampliación de programas de vivienda y políticas sociales de redistribución de la riqueza, entre otras.

Las discusiones de género y equidad planteadas por la derecha y sus políticas neoliberales no nos representan, y tampoco garantizan el fin del machismo que tanto pregonan. Estamos conscientes que la única garantía de despatriarcalizar el Estado es mediante la discusión con el pueblo, desde el pueblo, con las mujeres y desde las mujeres, que somos la mitad.

En 2006, el Proceso de Cambio fue propicio para iniciar la discusión sobre las transformaciones estructurales del Estado, hoy, nuevamente, es el único espacio que nos garantiza la voz, visibilización y posibilidad de cuestionamiento autocrítico y revolucionario. Al Proceso le vamos a reclamar ese espacio, pero, independientemente de los resultados del 18 de octubre, el compromiso con la lucha antisistémica debe partir de todas y todos para construir nuevas formas de relaciones sociales, en busca de la comunidad y del Vivir Bien.


* Feministas Comunitarias de Abya Yala

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