diciembre 4, 2021

Y aquí estamos, un año después


MARÍA BOLIVIA ROTHE-.


Vuelvo a mi columna semanal luego de un espacio de reflexión e introspección necesarias en este tiempo que nos toca vivir. Tiempo de resistencia, pero también, tiempo de esperanza.

Y aquí estamos, en la trinchera, un año después, apostando por la democracia, por el derecho de la tierra que nos vio nacer, a seguir los caminos en paz y en libertad. Aquí estamos, intentando recuperar la mística, la historia, nuestra historia y nuestros rituales por encima de todo dolor, de cualquier dolor, de cualquier amenaza.

Vivimos, va a ser un año, tiempos de terror que creíamos olvidados para siempre; la sociedad boliviana, se suponía que había saldado sus cuentas con ese tiempo oscuro de las dictaduras; los dolores y las heridas jamás se olvidan, pero se llega a una trague donde la sociedad comprende los porqués y aprende a vivir con eso. Pero no habría estado resuelto; la osadía de un país que decidió soberanamente construirse por si mismo, no pudo ser perdonada; la osadía de tratar de iguales a todas y todos bajo ese limpio azul boliviano, azul como nuestra bandera, fue algo que nunca nos perdonaron, como tampoco la enorme osadía de poner a uno de los nuestros a dirigir nuestros destinos.

Fueron 14 años de felicidad construida con las manos, amasada como el pan cotidiano en la mesa nuestra de cada día; fueron 14 años de impulso continuado por construir los sueños por los que la tierra boliviana había sido regada con la sangre de los que empezaron la lucha. Fueron 14 años de entender que entre todas y todos tejíamos nuestro destino.

Se igualaron los dolores, pero también las alegrías; se iniciaron procesos de desarrollo que demostraron al mundo que es posible que un pueblo se autodetermine y viva conforme a su cosmovisión, conforme a lo que cree y con lo que tiene. Nos descubrimos en los ojos del herman@; entendimos que la lucha era la misma.

Pero no nos perdonaron semejante atrevimiento y utilizaron nuestros propios errores para destrozarnos y echar abajo todo lo que costó tanto construir. Desbande generalizado, dolor, sangre otra vez, muertos otra vez. Llanto y rabia, otra vez…

Hegel decía que todos los grandes hechos (y personajes) de la historia universal, se repiten dos veces. Marx lo complementó añadiendo que se repiten la primera vez como tragedia, y la siguiente como farsa. Esta dictadura del siglo XXI, se parece a una espantosa mezcla de ambas cosas…

Pero aquí estamos, un año después obstinados, obstinadas, persiguiendo sueños. Persiguiendo la utopía de seguir el camino que nos trazamos, todos los olvidados y vilipendiados de Bolivia. Aquí estamos, otra vez cantando, otra vez danzando, otra vez con un pedazo de esperanza guardada en el bolsillo y con la ilusión de volver a construir juntos.

Todo parece decir que así va a ser. Los esfuerzos que estamos haciendo bien lo valen. Sin embargo, no somos ingenuos y aunque sabemos bien que toda revolución necesita su dosis de poesía, sería irresponsable cerrar los ojos voluntariamente y no ver que negras nubes se ciernen otra vez sobre nuestro futuro.

Los resabios de un pasado que no queremos, pugna por volver, como siempre, de manera subrepticia, resbaladiza, oculta pero tenaz, nos acecha. Otra vez, como hace un año atrás, usando la mentira, la diatriba y la falsedad para intentar crear una realidad que no existe más; una realidad que fue derribada, que es parte de un pasado que las y los bolivianos no queremos. Estamos alertas, sabemos que nos quieren arrebatar la alegría otra vez y de nuevo buscan someternos, porque no es el país lo que verdaderamente les importa, son sus intereses corporativos que florecen cuando echan mano de las inmensas posibilidades que ofrece Bolivia.

Un año después estamos frente a la misma disyuntiva, dos visiones de países, dos formas de ver el desarrollo, dos maneras de construir democracias. En esto se resume la pugna. Una fracción, cada vez más pequeña de bolivianos y bolivianas nostálgicos de un pasado excluyente, conservador, que dejaba por fuera a las amplias mayorías paras seguir engordando a una burguesía criolla vendida a los intereses foráneos que se repartían Bolivia y la consideraban su patio trasero; y la enorme mayoría, que ha despertado del letargo, que ha conocido la dignidad y que ahora sabe que no existe otra manera de vivir la vida dignamente, sino aquella que se conquista palmo a palmo, en las calles y hasta con la sangre. Una vida no solamente digna, sino inclusiva, en un país enorme, con espacio para todas y todos, próspero y donde sus riquezas sean utilizadas para producir más desarrollo para su propio pueblo.

Son estas dos visiones de país que están en juego este 18 de octubre; las encuestas nos dicen que ganará la segunda y como revolucionarias sabemos bien que el imperio no duerme, pero no tenemos ni sus armas ni su dinero. Lo que jamás pudieron fue embargarnos la voz y por eso, nuestra voz en nuestra trinchera y por eso ahora alzamos nuestra voz, la hilvanamos con estos hilos negros de letras para denunciar lo que el mundo debe saber, nuestra inquebrantable voluntad de libertad y democracia y las mentiras que aprovecharán este 18 de octubre, como un año atrás, para inventarse cualquier cosa con tal de arrebatarnos el triunfo.

Pero ya no estamos en 2019 y ahora estamos alertas. Este pueblo está en apronte y está decidido. Levantadas nuestras banderas, marchamos firmes a recuperar lo que sabemos bien que es nuestro único destino cierto.


* Médica salubrista

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