octubre 29, 2020

Frente al momento decisivo


Por Maria Bolivia Rothe -.


Escribo hoy a tres días de una de las elecciones más importantes de nuestra historia democrática, quizás la más importante desde aquella que hizo presidente a Hernán Siles Zuazo, acabando un 10 de octubre de 1982, con la larga pesadilla que fueron las dictaduras militares.

Igual de importante es esta fecha, porque de esta elección depende que nos libremos de la más absurda y funesta dictadura del siglo veintiuno en Bolivia, que nos arrebató nuestra Revolución Democrática y Cultural, sin duda el proceso de transformación cultural, social, económico y político más importante de toda nuestra existencia como país soberano.

Estos comicios representan también el mayor y más decisivo enfrentamiento entre dos visiones de país que ya venían enfrentándose durante los últimos años, pero que ahora librarán -me atrevo a aseverar- la madre de las batallas. Y claramente, esta batalla tiene un solo ganador, el pueblo boliviano que irá a las urnas y definirá, con su voto, el futuro y su inalienable derecho a autodeterminarse.

Pero además, la elección boliviana no solamente tiene implicancias políticas para nuestro país; claramente, su resultado gravitará de manera importante en la reconfiguración del mapa político de la Región los próximos años. Del resultado eleccionario que se logre en Bolivia, dependerán muchos movimientos regionales hacia el restablecimiento de un escenario progresista, que contrarreste las políticas colonialistas e imperialistas que los vecinos del norte quieren volver a plantar en este lado del mundo, con la ayuda de la eterna minoría nostálgica de sus privilegios de clase, tan poco vigentes hoy en día.

Es también una elección importante desde el punto de vista económico, porque permitirá a Bolivia retomar aquellos caminos de desarrollo que fueron truncados por el golpismo y que claramente, están planteados en clave nacional, con la mirada puesta en la integración económica y social entre países hermanos, política de integración sudamericana que ya fue una parte importante del gobierno de Morales durante catorce años y que Arce, de llegar a la presidencia, no sólo recuperará, sino que también fortalecerá.

La dictadura ha destrozado en mi Bolivia, el orden y la lógica de una manera de construir la “Res Pública”; como toda dictadura, el desorden y el caos fueron su sello distintivo, porque la falta de legitimidad va de la mano con la ausencia de un sentido común que le da forma al Estado. Durante once meses Bolivia ha ido dando tumbos de manera errática en todas las acciones emprendidas, carentes de significado, reemplazadas por un autoritarismo que demonizó al Movimiento Al Socialismo e inició una sañuda persecución que produjo masacres, muertos y mucho dolor, instalando un gobierno marcado por el odio y la venganza. Dos ingredientes con los que jamás se puede intentar construir desarrollo.

La legitimidad y la legalidad que se origina al haber recibido el mandato del pueblo para gobernar, es un mandato que en repetidas ocasiones se le otorgó al MAS-IPSP y, obedeciendo ese mandato, se logró construir un gobierno sólido, marcado por la prosperidad, el reconocimiento de las y los bolivianos como iguales y la recuperación de la dignidad y el orgullo de haber nacido en esta bendita tierra.

Son estos principios de vida que la dictadura intentó destruir sin éxito y por eso decimos que se libra ahora la madre de las batallas, porque el mundo sabrá, este domingo mediante el lenguaje electoral (y los golpistas, por supuesto), qué mueve el imaginario colectivo de la sociedad boliviana.

Humildemente, considero que será nomás un reflejo de esos catorce años de construcción colectiva, porque el pueblo es sabio y tiene memoria, para desgracia de unos cuantos y bendición de muchos y muchas.

Este domingo 18 de octubre, será un día donde las y los bolivianos, debemos acudir a las urnas convencidos más que nunca, del poder de nuestro voto por contribuir a la construcción de una Patria donde haya espacio para todas y todos. Una Bolivia digna y soberana; una Bolivia que trabaje y crezca con alegría, con profundo respeto por nuestras raíces y la fe puesta en el futuro de un camino que construiremos entre todas y todos.

Que la madurez política y la vocación democrática nos acompañen y nos movilicen, por encima de cualquier otro interés.


* Médica saubrista.

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