noviembre 26, 2020

Bolivia, nuevamente nos deja lecciones para los pueblos de Abya Yala

Por Itzamná Ollantay-.


A casi un año del golpe de Estado (10 de noviembre del 2019), luego de varias artimañas del Gobierno de facto para perpetuarse en el poder, finalmente los pueblos de Bolivia acudieron a las urnas para redimir la institucionalidad de su país.

El proceso electoral, ya disminuido en su efusividad por las restricciones de la pandemia, fue una de las más raras en la historia del país.

Desde el Gobierno de facto, utilizando toda la artillería institucional, buscó fulminar por todos medios, al Movimiento Al Socialismo (MAS), encarcelando/desprestigiando a sus integrantes y simpatizantes. Se intentó instalar en el imaginario colectivo boliviano al MAS como el letal enemigo interno de la democracia boliviana.

Finalmente, cerca de 7,3 millones de bolivianos fueron habilitados/convocados a acudir a las urnas a elegir 177 autoridades del Órgano Ejecutivo (presidente y vicepresidente) y Legislativo (legisladores plurinacionales y representantes supranacionales) para el día 18 de octubre. Esta fecha se fijó, luego de varias postergaciones bajo el “argumento de la pandemia” hecha por el régimen de facto, gracias a una contundente movilización de protesta de movimientos sociales.

Elecciones marcadas por el odio, miedo y racismo contra los indígenas

El golpe de Estado, y los 11 meses del régimen de facto, estuvo constituido por una conducta y narrativa oficial de odio racista contra las y los indígenas organizados y contestatarios a la oligarquía neorepublicana.

Humillar y escarmentar al “indio o india insumisa” fue la consiga y praxis constante de la oligarquía patronal. Ese odio se materializó en la fobia contra Evo Morales, en la tortura y denigración pública de la alcaldesa de Vinto, Cochabamba, Patricia Arce, actual Senadora electa.

Jeanine Áñez, actual usurpadora de la Presidencia boliviana, aclamó con total naturalidad en Oruro: “No vamos a permitir que los salvajes vuelvan a gobernarnos”. El presidente del Comité Cívico Cruceño reiteró su desprecio y fobia pública contra las mayorías indígenas de Bolivia llamándolos como: “Bestias humanas que muerden la mano que los ayuda”.

Con esa convicción expresada en la narrativa oficial, se masacraron impunemente a más de 30 indígenas que protestaban contra el golpe. Miles de heridos. Centenares de encarcelados. El objetivo fue: “escarmentar al indio para que no se atreva a “asumirse como humano”. Mucho menos se reconozca como ciudadano, ni se insubordine al patrón.”

“Indios insumisos del MAS son los enemigos internos de Bolivia”, era la consigna a instalar en el imaginario boliviano. Para alcanzar este objetivo, utilizaron abiertamente la Biblia, el nombre/imágenes de su Dios, las gargantas de pastores y obispos, los medios corporativos y alternativos de comunicación…

El objetivo final del odio y desprecio contra el indio insumiso era evitar el “retorno al poder de la indiada organizada políticamente en el MAS”. Pero, el fenómeno de las últimas elecciones generales en Bolivia, por sus resultados, fue un búmeran y derrota circunstancial contra el racismo y el odio.

¿Qué lecciones nos dejan los pueblos de Bolivia con el último proceso electoral?

Se puede derrotar al odio y al miedo en las urnas, pero con una básica cultura política electoral. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) indica que el 87 por ciento de las y los bolivianos habilitados para votar asistieron a las urnas el 18 de octubre pasado. El más alto porcentaje de participación en la historia de Bolivia. El más alto de toda Abya Yala.

La gente, muy a pesar del miedo a la pandemia de la Covid-19, a las represalias de los golpistas, acudió a las urnas para expresar su voluntad y opción política de forma tranquila, ordenada, sin altercados. En las pasadas elecciones anuladas (2019) a las dos horas del cierre de las urnas, los “defensores de la democracia patronal” ya habían comenzado con la quema de ánforas y sedes del TSE. Pero, el 18 de octubre, los “salvajes” demostraron una ejemplar cultura electoral, incluso cuando el TSE se negó a dar resultados preliminares por varias horas.

Se puede revertir un golpe de Estado en las urnas, y vencer democráticamente al intervencionismo extranjero. El Gobierno norteamericano, mediante su Organización de los Estados Americanos (OEA), promovió el golpe de Estado y anulación del proceso electoral del 20 de octubre del 2019, para volver a controlar Bolivia y reapropiarse de los bienes comunes como el litio. Pero, sus técnicos de la OEA no pudieron sostener, ni demostrar, la narrativa del supuesto fraude. Y, ahora, deben responder de esa patraña que ensangrentó a Bolivia.

Las elecciones del 18 de octubre pasado también fue un plebiscito sobre la presencia/injerencia norteamericana en Bolivia. Y, los pueblos de Bolivia dijeron nuevamente: “Llocsiy kaymanta” (fuera de aquí, como en el 2005).

El golpe de Estado, y el Gobierno de facto, tenía como otra de sus finalidades restaurar la república criolla patronal y aplacar al Estado Plurinacional en todas sus expresiones simbólicas y materiales. Y, los resultados de las elecciones indican que las grandes mayorías de los pueblos de Bolivia no quieren más república criolla, ni a la oligarquía neorepublicana. La voluntad popular votó para proseguir con la construcción del Estado Plurinacional.

Sin bien, 4 de los 5 partidos políticos que participaron en dichas elecciones (eran 8, y 3 renunciaron días antes de los sufragios) no tenían un programa de Gobierno serio, todos planteaban, con diferentes eufemismos, el retorno al sistema neoliberal. Pero, la memoria colectiva boliviana optó por lo que recordaba de los últimos 14 años del Gobierno del MAS. Optó por estabilidad económica y sociopolítica, inclusión de las grandes mayorías en el proyecto de país.

Como nunca antes, indígenas aymaras, quechuas, guaraníes, ayoreos…, junto a las y los mestizos, se articularon circunstancialmente alrededor de un proyecto político que denominan instrumento político MAS. Evo Morales y Felipe Quispe (Mallku) nunca dieron gestos afectivos de unidad. En este proceso electoral, David Choquehuanca (vicepresidente electo) y Felipe Quispe dieron esperanzas de reconstitución del Qhollasuyo con abrazo fraterno. Mallku fue uno de los artífices, no sólo para que se celebrase las elecciones generales el 18 de octubre pasado, sino también para que los pueblos salieran victoriosos con el triunfo del MAS.

Guatemala tuvo su 20 de octubre (triunfo de la Revolución de 1944, que fue truncada en 1954). Bolivia tuvo su 20 de octubre (2019, cuando la OEA/oligarquía comenzaron a defenestrar el Proceso de Cambio). Guatemala, 66 años después, aún no puede salir de aquel trauma histórico que la condenó al brutal empobrecimiento actual. Bolivia, en 11 meses, mediante las urnas, no sólo derrotó al golpe de Estado, a la presencia norteamericana en Bolivia, sino, sobre todo, nos inyecta certezas a todos los pueblos de Abya Yala que si nos organizamos alrededor de un proyecto de cambios estructurales sí es posible derrotar a los Goliat de cualquier tiempo con el voto popular consciente. Gracias, Bolivia.

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