noviembre 30, 2020

¡Bravo, Bolivia!


Por Julio A. Muriente Pérez-.


La contundencia de la victoria del Movimiento Al Socialismo (MAS) en las elecciones celebradas en Bolivia el pasado 18 de octubre, le asigna una extraordinaria dimensión continental. Adquiere un significado que va más allá del resultado electoral –de por sí sobresaliente– y se convierte en un envolvente fenómeno político de alcance latinoamericano y caribeño. El evento, sus antecedentes y sus posibles consecuencias, le ofrece al pueblo boliviano y a los amigos de Bolivia la posibilidad de obtener importantes lecciones. Este no es un asunto de los bolivianos estrictamente, sino que nos concierne –conviene tenerlo presente, pues nos afecta, positiva o negativamente– a todos y todas en Nuestra América.

Primero que todo, es necesario valorar con mucha seriedad y firmeza, las decisiones políticas y electorales que se tomaron hace un año y que desembocaron en el golpe de Estado de octubre de 2019. No se trata de una mera autocrítica, sino de una reflexión detenida sobre los alcances de nuestras decisiones cuando tanta gente, tantos intereses y tantas aspiraciones están involucradas; y de cómo el enemigo se aprovecha de nuestros errores, limitaciones o carencias.

Algo inaudito que sucedió hace un año fue el comportamiento desenfadadamente golpista de sectores de la Policía y las Fuerzas Armadas. Miembros de esas instituciones mostraron una increíble ausencia de lealtad al presidente Evo Morales y al pueblo boliviano, que le facilitaron la tarea a los civiles golpistas.

Mientras tanto, grandes sectores de la población demostraron un alto grado de compromiso con el proceso de transformación social iniciado en 2005. Nunca bajaron la guardia y mantuvieron en jaque a los golpistas. La gran capacidad político-organizativa del MAS y otras organizaciones populares fue evidente.

Fue notable el reconocimiento popular a la figura de Evo Morales, como genuino dirigente y representante de los mejores intereses de su pueblo, no obstante la campaña irresponsable y perversa de los fascistas por desacreditarle y aislarle de las masas.

La contundencia de la victoria electoral y la elección de Luis Arce como presidente y David Choquehuanca como vicepresidente de Bolivia hizo trizas las teorías deterministas diseminadas por sectores conservadores, que se obstinan en asegurar el fin del “ciclo de la izquierda” en América Latina y el Caribe. Las experiencias boliviana y chilena –donde el gobierno fascista se ha visto obligado por el pueblo en la calle a convocar a un referéndum constitucional– apuntan a una renovación de los procesos que se iniciaron hace poco más de dos décadas en Venezuela bolivariana.

Ni por asomo se debe permitir que mantengan impunidad por sus actos, los golpistas que han sido señalados como asesinos, represores y flagrantes violadores de la ley y la institucionalidad. La justicia debe ser firme e implacable. Ya, a pesar de su humillante derrota, deben estar maquinando nuevas conspiraciones contra el gobierno entrante.

La gran explosión de simpatía y respaldo alcanzado por el MAS y sus dirigentes en estas elecciones –unos tres millones de votos, cerca del 55%, sobre una participación cercana al 90%– le provee de una envidiable base social para acelerar el paso en las transformaciones económicas, sociales y políticas que demanda este momento histórico. Desde una legitimidad apuntalada sólidamente y una voluntad política e ideológica indudable, lo que podríamos denominar la Revolución boliviana debe tomar forma aceleradamente y no permitir el retorno de las fuerzas regresivas del fascismo.

La solidaridad internacional, que ha estado presente en este año de dura lucha, tiene que redoblar su apoyo a Bolivia en esta singular coyuntura. Esta ha sido también una victoria nuestra, que hay que proteger y ayudar en lo que sea preciso para que avance a la luz de la libertad, tras la pesadilla vivida en el pasado año.


* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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