noviembre 30, 2020

Caer, levantarse y siempre seguir… Bolivia

Por Juan Carlos Pinto Quintanilla -.


Casi a la media noche del 18 de octubre, nos preparábamos para alguna situación represiva, luego de una jornada electoral largamente esperada y en la que sorpresivamente no hubo incidentes mayores, pero sí una afluencia masiva de todos los sectores que llegó, según el Tribunal Supremo Electoral (TSE) al 87% de participación. Todo lo contenido en 10 meses de transición y golpismo se volcó en las urnas finalmente, las esperanzas de la mayoría por un futuro diferente; los odios, las rabias y las frustraciones de lo vivido en estos meses por los que menos tienen, pero también de muchas clases medias que amparadas en el miedo buscaron afirmarse en la negación del regreso de “los salvajes masistas”.

Algunos de estos sectores, acompañando la campaña del temor encabezada por el Ministro de Gobierno, habían hecho correr mensajes de alerta para volver a las barricadas y protección de sus hogares, ante la “arremetida masista” después de las elecciones; mientras Murillo se paseaba en las calles seguido de cientos de policías y soldados en un afán de ostentación de fuerza buscando el amedrentamiento a la población.

Este escenario que había sido preparado a lo largo de todos estos meses, tenía el sello de la incertidumbre, pues la pregunta era ¿por qué los golpistas le tienen tanto miedo al voto ciudadano? Habían diferido en cuatro ocasiones la fecha electoral y, a pesar de su despliegue militar, encontraron siempre resistencia y protesta frente a la condición en que habían deteriorado la economía y manejado la gestión sanitaria de la pandemia, lo que se reflejaba en las en numerosas encuestas desplegadas en estos meses: un Movimiento Al Socialismo (MAS) siempre primero, con un voto seguro y en ascenso, y un permanente descenso de las representaciones de las minorías golpistas y sus cómplices.

No pudieron sostener el miedo como estrategia y tuvieron que ir a elecciones, no sin antes desplegar una estrategia alternativa para frenar el avance popular; el seguir apostando a quitarle la personería jurídica al MAS basados en un fraude que nunca existió, pero que les permitiría volver al pasado señorial en el que los pobres o no votaban o lo hacían solo por las opciones que los poderosos tenían. Apostaron entonces a la posibilidad de que tanto la Organización de Estados Americanos (OEA) como la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid), que estuvieron como soporte de asesoría técnica en el Órgano Electoral Plurinacional (OEP), pudieran influir en las cifras para forzar una segunda vuelta en el proceso electoral; tenía como base el poder influir en el recuento rápido que el TSE despliega la misma noche de las elecciones y que había sido una de las razones utilizadas para fraguar el golpe de Estado el 2019, cuando el TREP, que no es vinculante, dejó de funcionar y  se acusó de fraude, luego amplificado como versión oficial por la OEA, desencadenando el golpe de Estado.

Sin embargo, para este año, que se creó el Direpre, el mismo sistema de conteo rápido,  el acta sería transmitida por holograma desde los lugares del voto y sin fotografía, además  transmitida sin interrupción hasta el final; generando susceptibilidades precisamente por el manejo y la posibilidad de manipulación técnica. Pero, apenas a cuatro días de las elecciones el sistema en prueba falló  en dos ocasiones, generando por presión de los observadores internacionales sobre el TSE, de que su presidente decidiera quitar el sistema, y  anunciar que se realizaría el conteo acta por acta y de manera física, tanto en los Tribunales Electorales Departamentales (TED) como en la central del TSE, hasta finalizar. Según la ley, tienen seis días para realizar la labor.

Esta condición generó una mayor tranquilidad en la ciudadanía y en las propias organizaciones políticas, y luego de las elecciones, aunque lentamente se procedería al conteo, ante la mirada pública de observadores y de la población. Entonces, y según la ley, las empresas encuestadores en boca de urna y las cadenas de TV podían exponer resultados preliminares a partir de las 20:00 hrs. Tensa espera que los propios anunciantes no podían explicar, pues hubo una demora de más de cuatro horas después de la hora fijada; muchas susceptibilidades, que pasaban por no asumir la victoria del MAS y una intervención estatal para modificar y forzar los números. Mientras algunos grupos juveniles pititas intentaron agredir la casa de campaña del MAS, o había algunas convocatorias en Cochabamba y Santa Cruz, frente a la posibilidad de “la movilización masista”. Sin embargo, cerca de la media noche salieron los datos de CIES-MORI primero y de Jubileo más tarde, en la que dan una victoria contundente al MAS con más de 22 puntos sobre el segundo, dejando claro que había una victoria en primera vuelta.

Las primeras consecuencias fueron de alegría popular, pero con cautela, pues vivimos en las condiciones creadas por un golpe de Estado, que además sabemos que dirigió todos sus esfuerzos a la desaparición del MAS, y que hoy resulta ganador. Tensa calma mientras el conteo oficial avanza a nivel nacional, dejando clara la mayoría victoriosa del MAS.

Mientras tanto, ante la enorme diferencia en los conteos extraoficiales, la oposición se dio a la tarea de reconocer su derrota, incluida la presidenta Áñez y el candidato Mesa. Los comentaristas políticos oficialistas ,que tuvieron amplia cobertura estos meses para justificar al gobierno golpista, apesadumbrados solo atinan a echar la culpa a “la ceguera del pueblo”, a la “estupidez popular”, pero también realizan golpes de pecho con la oposición oficialista que no pudo unirse (habría que decirles, por si no se hubieran dado cuenta, que ni todos junto y unidos podían haber alcanzado al porcentaje que logró el MAS o siquiera para forzar una segunda vuelta) sin comprender que este no es un problema matemático, sino político y en esencia de las entrañas de la oligarquía.

Algunos más abandonan los puestos y el país, como Cárdenas, ministro de Educación,  y Murillo, ministro de Gobierno, que fue cesado en funciones y anunció viaje a Estados Unidos (y sin embargo sospechosamente fue ratificado por la presidenta golpista Áñez, ¿estarán otros planes en curso?); o activistas  pititas como Ibarra, que se despidió y huyó del país. Algunos más en la desesperación buscan reorganizarse, proclamando un nuevo “fraude,” frente al desconcierto –dicen ellos– de cómo si el “70% odiaba al MAS, tenga ahora más del 50% de apoyo”, en palabras de Albarracín y otros como el informático Villegas, que otra vez busca proclamar fraude (para no perder la gran popularidad que le regalaron los pititas junto a los recursos económicos que le llovieron por mostrar “científicamente un fraude”, que en realidad nunca existió).

También buscan la movilización de los grupos paramilitares para fraguar esta figura, nos referimos a la juventud cruceñista y grupos parapoliciales del Oriente que anuncian desconocer los resultados y convocan a cabildos; o la juventud cochala, que convoca a cercar el Tribunal Electoral en Cochabamba frente a un “fraude”. Para algunos pataleos de ahogado frente a la derrota estrepitosa del golpismo y la derecha evangelista neoconservadora, pero sin embargo son señales que aún nos generan zozobra junto a los antecedentes del 2019, pues junto a todos los que tienen responsabilidad por todos estos meses, también están los altos mandos militares y policiales que han sostenido al golpismo, y que en condiciones democráticas deberán responder por sus actos contra el país; pero sobre todo habrá que recordarle a estas instituciones que, ante la restitución democrática de un gobierno legítimo y legalmente constituido, solo les queda acatar lo que la Constitución estipula que es la subordinación a las CPE y las leyes que establecen la democracia como forma de gobierno.

Por hoy nos queda quedarnos con la alegría profunda de la victoria del pueblo boliviano que demuestra que en esencia la historia no retrocede, y hacia adelante se puede construir una patria para todos, asumiendo autocríticamente los errores, renovando y promoviendo dirigencias sociales; democratizando los espacios de decisión, y sin dejar de tener en perspectiva que estamos construyendo poder popular.

Sin embargo, se venció en una batalla, una muy importante, pero hoy debemos prepararnos para otras, pues los derrotados esperan y se reorganizan para una nueva ofensiva. Primero a consolidar la victoria electoral; luego a reconstruir el país con la economía popular y a prepararnos para la sostenibilidad política con un pueblo que no dejará de ser protagonista en las calles y en las urnas. Seamos consecuentes con ese mandato.


  • Sociólogo

 

 

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