diciembre 1, 2020

¿Qué sigue después de las elecciones?


Por Maya Verazaín y América Maceda-.


Desde noviembre del 2019, el país vivió una época de miedo y amedrentamiento cívico, policial y militar por parte del Estado y grupos civiles irregulares. El que fue agudizado por la pandemia que nos dejó encerrados en nuestras casas más de siete meses, llenos de miedo, incertidumbre, con una gran crisis social, política, económica y sanitaria.

El domingo 18 de octubre fue una jornada histórica, donde en medio de miedo y presencia militar y policial, como parte del juego perverso de la derecha para amedrentar al pueblo boliviano, más del 85% de las bolivianas y los bolivianos habilitados para votar asistieron a las urnas a depositar esperanzas en forma de votos.

Pese a la incertidumbre social y política por la dictadura instaurada en el país; pese a la militarización de las calles días antes de las elecciones; pese a la falta de Estado de Derecho; pese incluso a la pandemia; la respuesta del pueblo boliviano ha sido llevar su lapicero a las urnas y emitir su voto para recuperar no solo la democracia, sino la paz, la soberanía, la tranquilidad y la dignidad de un pueblo que volvió a ratificar la decisión de continuar y sobre todo profundizar nuestro proceso de cambios revolucionarios.

Tarde nos llegaron los resultados de las encuestas en boca de urna, a falta de la Difusión de Resultados Preliminares (Direpre) oficial del Tribunal Supremo Electoral (TSE), pero llegaron. Y para sorpresa de toda la derecha fascista en Bolivia y la región, daban como resultado un 52% de los votos al MAS-IPSP, que si bien estos resultados no eran oficiales, se acercaban bastante a los que tenemos hasta hoy en el cómputo oficial al 87.15% de las actas, donde el MAS-IPSP tiene un 54%. Con estos resultados, es insulso cuestionable hablar de una dispersión del voto de la derecha entre dos opciones o dos partidos, pues ni juntos podrían siquiera llegar a una segunda vuelta.

Sin embargo, hay todavía en Bolivia un ala conservadora de derecha y extrema derecha, que también asistió masivamente a las urnas y expresó su decisión de retornar al pasado republicano, colonial y entreguista, que no está tranquila con los resultados de un sistema democrático al que tanto dicen defender. Debemos estar alertas a los intentos de desestabilización del proceso electoral que comienza a manifestarse con movilizaciones y protestas alrededor de los centros de cómputo.

Sabemos que los resultados de las elecciones nacionales 2020 son una victoria, no solo del Movimiento Al Socialismo (MAS), sino es del pueblo boliviano, ¡y en primera vuelta! También este es un triunfo para las posiciones anticapitalistas, anticoloniales y por supuesto antipatriarcales, que si bien no son el total del 54% que votó por el MAS, pero que son parte de las reivindicaciones, luchas y sueños del pueblo.

Ahora nos toca, primero, cuidar el voto ante los posibles ataques de la derecha que quiere instaurar la idea de fraude nuevamente a través de la mentira; y segundo, comenzar una lucha interna para realmente reencaminar y reconducir el Proceso de Cambio hacia la construcción del Vivir Bien.

No será un camino fácil, porque sabemos que hay que recuperar lo que en 11 meses de gobierno de facto han destruido; la economía del país, la educación, el sistema de salud. Y esa es tarea de las compañeras y compañeros que asuman la responsabilidad de gobernar obedeciendo al pueblo. A nosotras, a las organizaciones sociales, nos corresponde aportar a los procesos de descolonización, despatriarcalización y lucha contra el capitalismo desde las bases.

En el caso boliviano hemos optado por continuar una Revolución Democrática y Cultural, y para retomarla donde la dejamos es necesario saber distinguir el rol del Gobierno y el de las organizaciones sociales. No podemos volver a confundir el papel histórico que tenemos como parte del pueblo boliviano. Las organizaciones sociales no son el Gobierno, pues los gobiernos no hacen revoluciones, pero sí ayudan a generar mejores condiciones para que el pueblo las concrete, por eso decidimos entrar al juego democrático, en el que, paradójicamente, en sus términos y sus condiciones, volvimos a ganar.

Desde la crítica y autocrítica, seguiremos aportando desde el Feminismo Comunitario al planteamiento de la despatriarcalización del Estado y la sociedad, a la descolonización y a la construcción de la comunidad y la comunidad de comunidades.

¡Jallalla Bolivia!

¡Jallalla los pueblos!

* Feministas Comunitarias de Abya Yala

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