noviembre 24, 2020

El debate sobre el rol de Evo


Por Carlos Echazú Cortéz -.


Se ha generado un debate, promovido desde la derecha, sobre el rol de Evo Morales en las elecciones y, consiguientemente, en las luchas sociales y políticas por venir. Habiendo fracasado su estrategia de pulverizar la imagen del líder indígena, mediante una infame acusación de estupro, emprenden ahora la campaña por distanciarlo de la base social. En ese sentido, afirman que los resultados electorales han demostrado que el Movimiento Al Socialismo (MAS) ya no necesita de Evo. Sostienen que su «empecinamiento en perpetuarse en el poder» ha provocado todos los conflictos en el país durante los últimos años y, por ende, todos los fracasos y sufrimientos de sus bases. En esa corriente hay quienes prolongan ese razonamiento hasta afirmar que Evo ya sería un cadáver político, pues sus bases, al sentir que tienen un nuevo liderazgo, inevitablemente lo abandonarán. Emparentada con esa apreciación está la idea de que el MAS necesita renovarse, puesto que la «población ya está cansada de la vieja politiquería de siempre». En este marco, el triunfo de Arce y de Choquehuanca renovaría la imagen del MAS. Cuando uno escucha esas apreciaciones no puede dejar de preguntarse: ¿y por qué la derecha se preocupa tanto por la buena salud del MAS?

La derecha ataca por los dos flancos, pues otros comentaristas dicen que Luís Arce será una simple marioneta de Evo Morales, quien gobernará detrás de bastidores. La pregunta sobre quién gobernará en realidad, una vez que Arce asuma la presidencia, ha sido formulada hasta el cansancio por todos los medios de comunicación al candidato vencedor, con la clara intensión de generar discordia entre él y Evo. Al respecto se dice que Evo es una personalidad tan obsesionada con el poder que no podrá evitar el sobreponerse al que fuera su ministro de Economía.
Ahora bien, el tema del liderazgo es uno de importancia crucial en la izquierda no solo boliviana, sino universal.
Hasta la emergencia de Evo, la izquierda en nuestro país ha carecido, prácticamente desde siempre, de un liderazgo que pueda aglutinar a las grandes mayorías populares detrás de un proyecto histórico de emancipación. El último en avanzar por ese camino fue Marcelo Quiroga Santa Cruz, asesinado antes de lograr ese objetivo. Ahí está la razón profunda del odio que la derecha ha desarrollado contra Evo Morales. No le perdonan haberse convertido en el aglutinador de los diversos sectores populares para que derrotaran en consecutivas justas electorales a las opciones más variopintas de la derecha y constituyera gobierno durante casi tres lustros, generando el crecimiento de una economía soberana e independiente, redistribuyendo esos recursos para reducir drásticamente los niveles de pobreza en el país. Existen datos macroeconómicos provenientes de organismos internacionales que lo demuestran, pero es obvio que la derecha jamás lo reconocerá. No es que tengan razón en no hacerlo, tienen interés en no hacerlo.

Dados estos logros inéditos en la historia del país, las pretensiones de desvalorizar a Evo resultan realmente absurdas. Incluso hay quienes se refieren a él con una fuerte dosis de racismo, menospreciando a su intelecto. Es entonces que uno piensa en que sus detractores, aunque inflen sus pechos y muestren sus títulos académicos, jamás lograrán obtener la trascendencia histórica de Evo. Quiéranlo o no, ninguno de ellos está siquiera a años luz de obtener tres victorias electorales para la presidencia, ganándolas con encima del 50 %, y gobernar Bolivia por 14 años consecutivos. ¿Entenderán ellos que su versión resumida en «fueron 14 años de dictadura y despilfarro» les ha valido la tremenda paliza electoral del 18 de octubre?

Otro modo de atacar a Evo es arremeter contra quienes valoramos el rol del líder. Se ha acuñado el marbete de «llunkus» para pretender socavar la conciencia sobre el rol histórico de Evo, sin percatarse que ellos son los llunkus de Goni, Mesa, Camacho, Áñez e incluso de Murillo.

La conciencia sobre el rol histórico no es una fe ciega que no puede ver errores en el líder. Claro que Evo tuvo errores pero, en mérito a su rol, habrá que expresarlos con humildad. Personalmente pienso que uno de los errores más graves que tuvo Evo es no haber convocado a la movilización y resistencia al golpe de noviembre del año pasado. Pero, lo que censuramos como revolucionarios, tendremos que respetar como seres humanos, pues lo que Evo obtuvo al abstenerse de realizar esa convocatoria fue evitar una masacre. Ni siquiera eso le reconocen los «genios» de la derecha, pues con seguridad también hubieran tenido víctimas de su lado, de haberse efectivizado una resistencia movilizada masiva.

En este marco general, ¿cuál ha sido el rol de Evo en la reconquista de la democracia con el triunfo del 18 de octubre? Los que se empeñan en devaluar su rol están realmente ciegos. En muchos procesos históricos ha ocurrido que cuando el líder cae, su movimiento se hace añicos en diversas facciones y eso es justamente lo que pudo haber pasado si Evo era asesinado el 11 de noviembre en el Aeropuerto de Chimoré o, alternativamente, no mantenía su involucramiento en la política boliviana. Quiérase o no, y guste o no, fue Evo quien coordinó la conformación de la candidatura de Arce y Choquehuanca y de este modo se mantuvo unido al movimiento. También tuvo un rol importante en sus intervenciones, a lo largo de toda la gestión de los golpistas, no solo vía Twitter, sino manteniendo reuniones virtuales con diversos sectores sociales e incluso presenciando virtualmente diversos actos políticos. A partir de esa cohesión que se logró del movimiento, obviamente Luis y David tuvieron su importante aporte. También jugó un rol el desprestigio creciente del Gobierno, como representante del todo el bloque golpista.

Por todo lo expresado líneas arriba, quienes anuncian el divorcio de Evo de su amplia base social, no hacen un análisis objetivo. Simplemente enuncian sus deseos. Fueron esos mismos deseos, escondidos detrás de supuestos «análisis objetivos», los que les impidieron ver el triunfo del MAS que se sentía en el aire.


* Militante de la izquierda boliviana

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