diciembre 1, 2020

Las elecciones terminaron, la lucha comienza


Por Óscar Silva Flores -.


El viernes 23 de octubre, pasadas las 18:00 horas, a cinco días de haberse realizado la jornada electoral, el presidente del Tribunal Supremo Electoral (TSE), Salvador Romero, proclamó como ganadores de las elecciones nacionales a Luis Arce Catacora y David Choquehuanca Céspedes, para ejercer la presidencia y vicepresidencia del Estado Plurinacional de Bolivia, por los próximos cinco años. Con ese simbólico y formal acto se dieron por concluidas las elecciones generales 2020.

Todo lo acontecido desde un año antes cuando, a la cabeza de Carlos Mesa, la oposición desató sus virulentos ataques en contra de la continuidad de Evo Morales y el Movimiento Al Socialismo (MAS), como el mismo Mesa y otros dirigentes lo han reconocido durante la campaña, bajo la demanda inicial de segunda vuelta, convertido, con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y otros, en el de fraude electoral, ha sido analizado por muchos y seguramente deberá seguir siendo objeto de estudio desde sus distintas aristas.

La contundencia del triunfo del domingo 18 de octubre ha dado lugar, de manera casi inmediata, a que más de un sector dentro de los vencedores y, desde luego, muchas personas, se atribuyan parte importante de lo obtenido, seguramente para fines consiguientes, dejando de lado temas centrales y urgentes que debe encarar la nueva administración gubernamental.

De manera simultánea al conteo de votos, sectores fascistas y grupos paramilitares de Santa Cruz y Cochabamba, sin sustento alguno, salieron a denunciar un supuesto fraude electoral, totalmente inverosímil en las circunstancias en que se realizaron las elecciones de este año, con un control casi absoluto de parte del Gobierno –que además apoyó a uno de los candidatos–, del aparato electoral y de las fuerzas represivas, a quienes se encargó la custodia y traslado del material electoral. Esta denuncia en principio tuvo la adhesión hormonal y casi inconsciente del Comité Cívico cruceño, que tuvo que recular al haber quedado en evidencia que sus supuestas pruebas eran falsas. El candidato Camacho tuvo que dejar de lado sus sospechas de fraude, expresadas de inicio, para dar paso a su reconocimiento al triunfo del binomio azul.

Estos hechos no fueron casuales, eran parte de toda una estrategia de desconocimiento del triunfo electoral del MAS. Pero les fallaron sus previsiones; de ser la diferencia muy próxima a los 10 puntos que exige la norma para ganar en primera vuelta, con seguridad que habrían salido con toda su fuerza, no solo Camacho y sus secuaces, sino también el candidato naranja, con la finalidad de imponer una segunda vuelta. Es probable que hasta allí llegaran sus pretensiones y no anular toda la elección tras la trágica experiencia del gobierno transitorio de facto. Muchos se preguntaron si no le hubiese ido mejor a Mesa en una segunda vuelta en 2019 que en estos últimos comicios. Nunca tendremos la respuesta. Pero la inobjetable victoria del MAS con una diferencia de más de 26 puntos sobre su inmediato contendor y superando de forma cómoda la mitad más uno de la votación, hizo poco creíbles y menos sustentables los berrinches de los derrotados. Sin embargo, el riesgo de violencia de parte de estos grupos delincuenciales –que además cuentan con el beneplácito sino el apoyo de fuerzas policiales– no está totalmente superado.

Con la consolidación, dígase posesión de los nuevos gobernantes, no terminarán los problemas. Hay varios temas que ya saltan a la vista y que tendrán que ser abordados de inmediato por la nueva administración. La calamitosa situación en que ha quedado el Estado después del latrocinio realizado por el golpismo transitorio, necesita un abordaje inmediato, serio y con un respaldo social indispensable. Los bonos, el impuesto a la riqueza, la recuperación de las empresas estatales, la reorganización del aparato estatal, el restablecimiento pleno del Estado de Derecho, las garantías ciudadanas, son algunas de las tareas que esperan al nuevo gobierno. Asimismo, deberá responder a la demanda de justicia de la ciudadanía para sancionar como corresponde a los responsables del año perdido en Bolivia, desde quienes iniciaron el golpe hasta los causantes de muertes, persecuciones, apresamientos ilegales, causas judiciales armadas, violencia de todo género, corrupción y saqueo del Estado.

Esta no será una tarea fácil y no solo se la podrá lograr con la buena voluntad de quienes asuman, además de los dos primeros mandatarios, el nuevo gobierno o formen parte de la Asamblea Legislativa. Como ha sucedido durante los últimos 11 meses, como sucedió entre el 2003 y el 2005, como sucederá siempre en Bolivia, solo la lucha de un pueblo movilizado puede lograr la reconstrucción de la patria, en paz y libertad. Ese pueblo que fue el verdadero artífice de la victoria electoral aplastante, es el que debe estar atento, continuar movilizado, para que se haga justicia y para que el golpismo y el fascismo no vuelvan nunca más a ensangrentar a nuestra patria, ni hacer llorar a nuestra gente.

Parafraseando las sabias palabra de Marcelo Quiroga Santa Cruz, de hace más de 40 años, podemos afirmar que las elecciones terminaron hace unos días, pero la lucha del pueblo no.


* Periodista y abogado

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