enero 9, 2022

Jefa de gobierno de facto de Bolivia sin aliados

La Paz-. La mandataria golpista de Bolivia, Jeanine Áñez, quien entregará el mando este domingo al presidente electo Luis Arce, es ahora una figura sin partido ni aliados, y a punto de un juicio, aseguran hoy comentaristas.

Tras casi un año de gobierno, y después de estar ‘envuelta en apoyo’ de los líderes opositores al entonces gobernante Movimiento al Socialismo (MAS), Añez ya no cuenta con el respaldo del movimiento cívico cruceño, mientras tendrá que responder por varios crímenes y por haber dictado resoluciones anticonstitucionales, comentan expertos.

Ella podría ser procesada por incumplimiento de deberes, genocidio, asesinato, lesiones graves, lesión seguida de muerte, asociación delictuosa, privación de libertad y desaparición forzada de personas, según recomendación de un informe aprobado por la Asamblea Legislativa Plurinacional (parlamento).

De ser una senadora por el departamento de Beni, prácticamente desconocida, el 12 de noviembre de 2019 (tras el golpe de Estado al presidente Evo Morales) llegó al Palacio de Gobierno en hombros del movimiento cívico cruceño y flanqueada por su partido Demócratas.

Según fuentes periodísticas, fue incluso reconocida por varios gobiernos, pero esas circunstancias cambiaron radicalmente, coinciden expertos.

Pasaron a ser parte de su gabinete como ministro de Gobierno, Arturo Murillo, y Yerko Núñez inicialmente como titular de Obras Públicas y posteriormente como cabeza de la cartera de la Presidencia, mientras que Óscar Ortiz se mantuvo en principio en la Asamblea, ‘facilitando acercamientos con los parlamentarios del MAS’, agregan.

Pero hoy, tanto Murillo como Núñez están incluidos en el juicio de responsabilidades y la Fiscalía emitió ayer órdenes de arraigo para que ninguno de los dos pueda salir del país.

Ambos deben responder a una investigación sobre la compra a sobreprecio de armas no letales para la policía y el ejército, y además pesan sobre ellos acusaciones aún sin tramitar de abuso de poder, persecución política, y actos de represión con víctimas mortales como las conocidas masacres de Senkata y Sacaba.

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