diciembre 1, 2020

La noche ha muerto y ha sido el pueblo quien la mató


Por Carla Espósito Guevara -.


“La noche ha muerto y ha sido el pueblo quien la mató”, dice en uno de sus versos la célebre canción del grupo chileno Quilapayún. Pocas frases describen con una intensidad tan dramática la experiencia que Bolivia ha vivido este último año desde que el gobierno de Áñez instalara la noche autoritaria hasta que finalmente esta fuera derrotada por el pueblo, protagonista una vez más de la recuperación democrática, en un país donde no puede existir otra forma democrática que no sea la popular.

La posesión del binomio Arce-Choquehuanca se caracterizó por una multitudinaria concentración de sectores sociales en el centro de la sede de gobierno, quienes llegaron desde distintos puntos del país para respaldar y presenciar el acto de transmisión de mando. Desde la posesión de Evo Morales el 2005 no se veía un respaldo de popular de tal magnitud. Cientos de columnas de indígenas, campesinos y sindicatos desfilando desde las 6 de la mañana hasta la media noche frente al palco del Palacio de Gobierno, señalando una cosa: que en Bolivia es imposible constituir un gobierno democrático sin la participación de los sectores populares y quienes intenten hacerlo a espaldas a ellos, tienen vida limitada en la política boliviana.

En su famoso ensayo Las masas en noviembre, uno de los conceptos que Zavaleta propone para definir la democracia es entenderla como “autodeterminación de las masas”, es decir, como la capacidad de dar contenido político a lo que haya de democratización social y de poner en movimiento el espacio que concede la democracia representativa para conseguir esa democratización social, por eso la democracia se convierte periódicamente en una bandera de los sectores populares que la defienden incluso con la vida, como una promesa de igualdad, cosa que la burguesía está lejos de comprender.

El descreimiento de la burguesía en la democracia proviene de su fracaso en ella, decía también Zavaleta, “por eso prefiere, con un instinto obstinado, la vía más céntrica del golpe de Estado”. La supresión del ámbito democrático impide la manifestación de la sociedad civil. Ergo, el poder domina a ciegas porque no dispone de esa lectura social. En estas condiciones, la inestabilidad política de la derecha es inevitable, porque desconoce a quienes gobierna y aquellos que no pueden expresar su descontento por la vía institucional limitada que ofrece la democracia burguesa, lo hacen por la vía del bloqueo, de la marcha, de la ocupación territorial, tal como ocurrió con la movilización campesina de agosto pasado, en que la democracia popular derrotó el contenido de la democracia burguesa, hoy denominada “pitita”.

La democracia como promesa de igualdad, como posibilidad de ascenso social, como posibilidad de ciudadanía, probablemente sea el contenido fundamental que los sectores populares le dan a la democracia en Bolivia, que se sitúan por encima del valor de la alternancia, que es el concepto burgués, de ahí que la democracia en este país sea fundamentalmente popular y que su lucha se haya incorporado al acervo de las luchas populares.

Ahí radica el empecinamiento con que los sectores populares defienden la democracia en Bolivia y el Movimiento Al Socialismo (MAS) sea quizás el único partido con posibilidades de interpretar esto, en eso radica uno de los secretos de su triunfo permanente desde 2005 y la presencia entusiasta de los sectores populares en la posesión, hecho que ni la derecha ni la extrema izquierda lograron entender, pues donde el pueblo ve un horizonte o una posibilidad de igualdad, ellos ven una simple manipulación de las masas.


* Socióloga

Be the first to comment

Deja un comentario