diciembre 1, 2020

Bolivia 2020: el triunfo electoral del MAS

Por Por Víctor Vacaflores Pereira -.


Las elecciones del 18 de octubre 2020 en Bolivia invitan a una reflexión necesaria. Los antecedentes son de amplio conocimiento, referidos al golpe de Estado perpetrado en octubre y noviembre 2019 y consumado el 10 de noviembre. Auspiciado y financiado por el imperio, las fuerzas políticas retrógradas de nuestro continente y por la oligarquía boliviana, que usaron nuevamente a las Fuerzas Armadas y la Policía como medio operativo. No se puede negar que arrastró a sectores sociales despolitizados y clases medias acomodadas y aburguesadas con una construcción discursiva basada en la mentira y un imaginario forzado de “corrupción”, “despilfarro”, “autoritarismo” e incluso “dictadura”.

El 18 de octubre, Bolivia votó con una participación del 87% de los registrados, una de las más altas de la historia democrática. El Movimiento Al Socialismo (MAS), movimiento de organizaciones sociales, en especial campesinos originarios indígenas –partido cuyo líder es Evo Morales–, se hizo de un triunfo contundente con 55.11% en la primera vuelta, cuando los partidos de derecha nunca pasaron del 36% en los últimos 40 años y, así, con ese porcentaje gobernaron.

Del triunfo del MAS pueden destacarse algunos elementos esenciales:

  1. Los golpistas contra el presidente Evo Morales, ilegal y tramposamente convertidos en gobierno transitorio –que tenían como única atribución convocar a elecciones–, pretendían una tercera postergación electoral. Indignada la población, a través de las organizaciones campesinas y la Central Obrera Boliviana (COB), conminaron a la realización de elecciones en septiembre u octubre con la implementación de un bloqueo de caminos que se fue generalizando en todo el territorio boliviano. Situación insostenible –en medio del Covid-19– que terminó obligando a los autonombrados a aceptar y el Tribunal Electoral a convocar a elecciones el 18 de octubre del presente.

Este desenlace no es un elemento más. Es la confirmación de una vía, de una forma de resolver las demandas del pueblo, del bloque social-popular. Fue la fuerza, la intuición, el instinto de la base, del pueblo que impuso nuevamente como artífice una salida en la línea de los intereses más sagrados del país. Solo el pueblo salva al pueblo. Llama la atención a las fuerzas progresistas y revolucionarias en Bolivia y debe hacerlo en Nuestramérica que sin pueblo no es posible cambio alguno. Nos dice dónde está la fuerza que nos permitirá los cambios estructurales que buscamos.

  1. El triunfo del MAS echó por los suelos las mentiras tejidas por la oligarquía y sus medios privados de comunicación. Más del 55% de votos para el MAS desmintió categóricamente que hubiese existido un fraude electoral en las elecciones de 2019, solapado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y desmentida por centros e investigadores respetables; dejó sin palo el imaginario construido artificialmente de que el MAS estaba en desbande, en crisis fatal, que ya no tenía bases sociales, que era el final de los movimientos sociales; que las realización de elecciones en medio del Covid-19 eran un crimen porque provocarían la multiplicación de la pandemia a niveles suicidas y por tanto se juzgaría a quienes insistían en elecciones, pero semanas y días de las elecciones fueron los de menor contagio en Bolivia; que el MAS estaba preparando grupos de convulsión social, sabotaje, terrorismo y atentados en plenas elecciones, cuando el mundo entero vio una participación electoral ejemplar.

La victoria del MAS develó las mentiras y chantajes de los golpistas. No hubo fraude ni ningún disturbio en el proceso electoral. Lo que hubo en 2019 fue un golpe de Estado. Almagro mintió y conspiró contra el gobierno legal y legítimo del Proceso de Cambio. Esa es la verdad y Bolivia, junto a su movimiento popular, lo demostraron ante el mundo.

  1. Bolivia demostró que tiene una base electoral popular, campesina originaria indígena obrera y de izquierda y progresista –si vale el término– de las más amplias de nuestro continente. Esta constatación no es menor al ver la geopolítica de la región. Esta es una de las características del proceso boliviano, que llamó siempre la atención de los intelectuales y corrientes progresistas del mundo. Aún grandes y mayoritarios sectores del proletariado, campesinado y movimiento popular en general, están atrapados en las redes de sectores liberales, socialdemócratas y oportunistas en la lucha electoral, aunque cuando se trata de la lucha reivindicativa se dividan las aguas, se visibilice la lucha de clases, la lucha de intereses contrapuestos de pueblo-oligarquías. Más luego, esta lucha antagónica de intereses se extravía en los momentos y opciones electorales y la izquierda no logra constituirse en una opción electoral potente. Bolivia siempre fue más allá, tiene un acumulado de línea socialista en el movimiento obrero que ya desde 1946 sostenía que el mejor gobierno es el propio, el gobierno de clase de los explotados y oprimidos, y hoy se puede entender que ha construido una línea de democracia participativa dentro la democracia burguesa como transición, por ello la acumulación electoral no está reñida con la verdadera revolución. Está en esa dirección.

Esta base social electoral debe ser consolidada, estructurada y defendida. No tiene nada que ver con adaptarse al sistema.

  1. El triunfo del pueblo boliviano es un triunfo de y para nuestro continente. Es el triunfo de las fuerzas populares que viene a ser un patrimonio de todos. Se abre con ello un nuevo período político regional de perspectivas y debemos apuntar a revertir la correlación de fuerzas a favor nuestro y apuntalar la unidad de nuestras causas, la unidad de nuestros movimientos populares y revolucionarios en una estrategia antiimperialista de alcance continental. El Che sigue presente con nosotros y es una obligación forjar la unidad, el intercambio de experiencias, de propuestas de transformación en dirección de nuestra liberación nacional y socialista, entendida como un proceso ininterrumpido.

El coronavirus perforó de forma determinante a los gobiernos neoliberales y proyanquis de nuestra región. Todos van saliendo muy maltrechos de la crisis sanitaria, y es el período donde la ofensiva del movimiento popular y el bloque social debe dar pasos decisivos. Estamos ante la posibilidad cierta de modificar la tendencia reaccionaria de parte de los gobiernos de la región, tal como se ve en Chile y en Bolivia por el momento. Aquí derrotamos uno de los modelos de la “revolución de colores”.

  1. Todos esperamos que esta nueva oportunidad del MAS de ser gobierno signifique la superación de los errores cometidos en cuanto a la gestión y queda el desafío de hacerlo también en la línea ideológica y política desarrollada en los 13 años y nueve meses con Evo Morales. Las opciones son: se representa y defiende los intereses de las grandes mayorías con políticas económicas y sociales de amplio beneficio para el “pueblo” y se afecta los intereses de los grupos de poder en Bolivia, que es la única forma de hacerlo, o se amolda a una línea progresista amarilla tolerante con el capital y de conciliación de clases, a bien de mantenerse en el gobierno. Algo de esto último se hizo en la gestión anterior. Por supuesto que nos referimos a un tema complejo y de difícil resolución. La democracia actual, “representativa” (burguesa), de donde se parte, transitó ya en Bolivia hacia una democracia “participativa” como transición hacia formas más amplias y complejas de presencia popular en el poder que se debe retomar. De ahí que el programa y el ejercicio de la transición debe constituir uno de los mayores desafíos de Arce-Choquehuanca, corriendo el riesgo de perder el Proceso de Cambo debido a las medidas de avanzada que se vayan tomando.

En gestión, la única manera de retribuir el aplastante respaldo popular es tener una gestión ejemplar, transparente y ética, tarea algo más complicada con una derecha que tiene definido boicotear al nuevo gobierno del MAS.

  1. Lo que viene después de la toma del mando por parte del nuevo gobierno del MAS es una oposición rabiosa, no solo en el Parlamento, sino en las calles, donde la derecha aprendió del movimiento popular a generar convulsión con sectores acomodados, clases medias e incluso cierta juventud despolitizada; en la economía, por supuesto, de mano de los empresarios privados, la oligarquía oriental y transnacionales; en el escenario comunicacional, con una prensa vendida y sin ética; con la oposición agazapada de las Fuerzas Armadas y la Policía y en su momento frontal de parte de sectores fascistas, incluyendo los grupos paramilitares que continúan vigentes y siguen repitiendo que “hubo fraude”, cuando a vista del mundo, los  veedores de las elecciones dieron fe de que no lo hubo. No faltaron grupos de fanáticos que sostuvieron que la papeleta y el certificado de votación fueron embrujados, razón por la cual la gran mayoría de la población votó por el MAS.
  1. Por parte del movimiento popular, la gran responsabilidad con el nuevo gobierno del MAS es retomar la movilización social como mecanismo de defensa del gobierno de las grandes mayorías; como vigilantes de las promesas a ser cumplidas; como freno a los intentos golpistas; como educador político de las nuevas generaciones para decirles que las conquistas se defienden en la lucha y con la lucha; como energía para la subjetividad que requieren las bases. Este gobierno, o cualquier otro, sin el pueblo movilizado, o termina retrocediendo o es derrocado. Pues hay corrientes al interior del MAS que aún hoy (hicieron lo mismo en octubre-noviembre de 2019) aconsejan no responder a las agitaciones de la ultraderecha que se resiste a aceptar los resultados electorales y ha movilizado a clases medias tomando las calles (calendando las calles), arrebatando los métodos populares de lucha. Esta actitud defensiva, desmovilizadora, es una de las más peligrosas en razón a que anula una de las mayores virtudes del gobierno de Evo Morales, cual fue el acompañamiento del Proceso de Cambio con movilizaciones permanentes, incluso de exigencia de medidas a su propio gobierno. Pretextan que no se debe responderse a la provocación, que la derecha quiere victimizarse o finalmente que la reacción busca pretextos para generar violencia que logre sacar a los militares de sus cuarteles. Nadie desmiente que esos sean sus afanes, pero se defiende el proceso o se defiende. No existe otra alternativa.

La presencia de las organizaciones sociales en la gestión, en el ejercicio del poder es otro elemento crucial del gobierno que se inicia. No se puede decir que se es gobierno del pueblo, cuando solo la burocracia toma las decisiones. Por supuesto, las organizaciones sociales-populares, sin experiencia histórica de ejercicio del poder estatal, intuyen que la gestión es un acto político y este debe estar acompañado de la movilización; que el poder está también en las bases.

  1. Finalmente, la izquierda y/o partidos y organizaciones de izquierda que hoy conformamos un frente de unidad después de más de 20 años, estamos obligados a reconocer la capacidad y peso del MAS como instrumento político. La victoria del MAS debe llevar a una resignificación del Movimiento Al Socialismo como fuerza política, como organización fundida a lo más profundo del pueblo y, en el marco de sus limitaciones como organización política, en esa línea construir alianzas estratégicas que permitan la profundización del proceso político que se retomará. Para los procesos revolucionarios, solo existe dos categorías del movimiento y no tres: o se avanza o se retrocede, no hay la opción de pararse.

Durante el año del gobierno golpista se han articulado un sinfín de grupos independientes, autoconvocados, autoorganizados de izquierda y antigolpistas, que no son precisamente “azules”, con los que debemos articularla “unidad en la acción” y fortalecer la corriente de izquierda y revolucionaria en el país. Las organizaciones de izquierda estamos emplazadas a forjar la unidad de las corrientes progresistas y comprometidas, a generar un comportamiento propositivo –crítico también–, pero propositivo frente al nuevo gobierno del MAS. Este período debe ser una oportunidad para que la izquierda revolucionaria proyecte una tendencia en el marco del Proceso de Cambio, que genere propuestas, iniciativas, políticas públicas, organización, politización, formación política, potenciamiento político de los trabajadores, juventud y debate ideológico del presente y futuro.


  • Miembro de la Red de Economía Política

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