septiembre 24, 2021

Bolivia: «No podemos descolonizar el Estado sin despatriarcalizarlo»

Entrevista a Antonio Abal, analista político boliviano y ex cónsul en Argentina, con el que debatimos sobre el nuevo gobierno Arce-Choquehuanca, el gabinete de ministros y ministras y el recibimiento multitudinario a Evo Morales.

– Esta semana pasada ha sido de muchas acciones multitudinarias y también mucho festejo, pero además, se ha podido poner en marcha un nuevo Gobierno a partir de las designaciones del gabinete. Todo esto abre un período nuevo en Bolivia, ¿cómo lo ves?

-Efectivamente. Después de una incertidumbre que duró hasta el último minuto de la posesión del binomio del instrumento político, se ha allanado el tema de la democracia como sistema de gobierno, pero a contrapelo de estos actos populares que se han ido dando, llenos de presencia de pueblos originarios, también se mantienen algunos puntos de resistencia al ejercicio democrático. Prueba de eso fue el intento de agresión que tuvo el Comité Cívico de Potosí el día 10 de noviembre, cuando el binomio fue a Potosí a festejar justamente con la instalación del nuevo gobierno un aniversario más de este departamento.

Hay todavía puntos muy aislados, pero que pretenden mantener ese ritmo de zozobra, de incertidumbre, e incluso en el marco jurídico legal, interponiendo una serie de documentos para revisar los resultados electorales. No van a prosperar, por supuesto, ya que el sistema democrático ya está consolidado.

A este arribo de la democracia tenemos que añadir además la llegada de Evo Morales, que ha sido todo un acontecimiento, unas muestras impresionantes de identificación sobre todo con la personalidad, con el liderazgo de Evo, especialmente en los pueblos por donde ha transitado. Y en este trayecto, con buen tino, pese a que había una demanda en Cochabamba para que se notifique el lugar por donde iba a pasar a cruzar el departamento para llegar al Chapare, no se hizo público. Han utilizado unas carreteras poco conocidas y fue una sorpresa, pues también en Cochabamba había mucha gente esperando el paso de Evo. Pero fue una buena decisión, como decía, por la articulación que todavía existe de estos grupos que insisten en los relatos violentos y que no están de acuerdo con el sistema democrático.

En la mayoría de la población en estos momentos hay una sensación de tranquilidad, todo ha vuelto a un cauce normal, solamente empañado por el tema de la Covid-19. Pero en el tema político, de la gestión pública, del día a día de las personas, se nota un cambio absoluto. Había una tensión acumulada que ha desaparecido y ahora todo vuelve a la normalidad.

-Ahora, hay algo que nos llamó la atención de la caravana de Evo y de su llegada, más allá de lo multitudinario, es que parecían como dos mundos distintos. Por un lado Evo con su gente, con la gente que también había votado al binomio y por otro lado el gobierno, que no se hizo presente, por lo menos con sus dirigentes más conocidos. ¿Cómo interpretas esta particular situación?

-La explicación que se ha dado es que había cosas urgentes que tratar en el gabinete, faltan designaciones, hay actividades que precisan una acción inmediata y eso habría impedido estar presentes. Particularmente yo pienso que eso debe haber sido una decisión política para no ligar el retorno de Evo Morales, que tiene todavía algunas denuncias pendientes en el tema jurídico y legal, con la presencia del gobierno. Me parece que ha sido una decisión política y desde mi punto de vista ha sido acertada, porque no es bueno dar argumentos, entre comillas, de complicidad entre el flamante gobierno y lo que no termina de aclararse en estados judiciales.

Entonces me parece que por esta delicadeza que tiene el tema jurídico legal es que se optó que el binomio no esté presente en la recepción en el Trópico que, además, es una fiesta particular, digamos, del sector más fiel y combativo que dio origen al liderazgo de Evo Morales.

Este hecho simbólico de haber salido del país de manera muy penosa, ha significado una fiesta, para las celebraciones del Trópico, pero también para gente que se ha trasladado de diversos lugares del país. Entonces me parece una medida política acertada, digamos, como opinión personal.

-Otro tema vinculado a la llegada de Evo es que en los últimos meses se habían escuchado algunas voces críticas, con respecto al entorno de Evo. Y ahora el entorno llegó con Evo, García Linera y compañía tuvieron un baño de multitudes. ¿Cómo ves eso?

-En los días que vienen seguramente se va a aclarar un problema que se arrastra hace mucho tiempo. Me refiero por un lado al partido del Movimiento Al Socialismo, por otro lado los movimientos sociales con este grado de autonomía que tienen y en tercer lugar aparece ahora otro sujeto, el gobierno. Está configurada de diferentes maneras la situación ahora en Bolivia, no es la misma de octubre de 2019. Tenemos un gobierno que tiene que demostrar la capacidad, el compromiso y la gestión pública, despejando la sombra de Evo Morales. Este es un primer escenario.

El segundo, la consecuencia que van a tener los movimientos sociales encabezados por el Pacto de Unidad en sus propuestas de renovación, que no se repitan los mismos errores y que los miembros de gestiones pasadas no integren el gobierno. Estas son decisiones que tomó el Pacto de Unidad, o sea los movimientos sociales y que no han sido claramente definidos y aceptados por el actual gobierno.

Entonces tenemos un escario un poco complejo en cómo se van a ir ajustando. Para mí en estos tres niveles de poder que existen en Bolivia, el poder popular, los movimientos sociales encabezados por el Pacto de Unidad, un factor determinante de poder, por otro lado Evo Morales con su liderazgo al interior del instrumento político y el gobierno. Entonces tenemos un triángulo que ojalá en el curso de estas semanas, meses incluso, realicen ajustes para un trabajo muy coordinado que es lo que necesitamos en este momento.

-Recientemente hemos visto que han nombrado como ministra de Culturas y Descolonización a Segundina Flores, dirigenta de las Bartolinas. ¿Habrá más mujeres con pollera en el Gobierno? ¿Cómo ves ese nuevo gabinete?

– Fue un aspecto que fue cocinado por muchos sectores. Porque además el gobierno tiene que reflejar el carácter plurinacional que no está reflejado en su totalidad, no hay una presencia de pueblos originarios.

El tema que se está debatiendo en Bolivia es si es un gabinete tecnocrático o no. En estos últimos catorce años, profesionales de origen aymara, quechua, guaraní, han tenido una muy alta capacitación, gente que incluso ha ido con becas a Harvard. Hay personajes que son de los pueblos originarios y que tienen un nivel altamente cualificado y en especial también compañeras mujeres. Uno se sorprende cuando puede encontrar compañeras que son miembras de las Bartolinas con maestrías en diferentes disciplinas. Entonces, existe la gente capacitada en términos académicos y también como parte de movimientos sociales cumplen ese doble mérito para estar en instancias de gobierno, por eso es extraño que no se incluya a mujeres. Concuerdo en que la presencia de la mujer, especialmente de pueblos originarios, debería ser más consistente porque han sido las que han construido resistencia. Me consta, he visto el sacrificio que han hecho muchas de ellas, incluso a riesgo de ser tomadas prisioneras y todo lo demás. Han recorrido el país y han estado organizando, por ejemplo, los bloqueos del mes de agosto. No es que se les deba hacer un reconocimiento, sino es un lugar histórico que se han ganado, y creo que ese acento está faltando. No solamente en el gabinete, sino en toda la visión que ahora tiene el nuevo gobierno.

–Este ministerio de Descolonización que lo han unido al de Culturas, crees que va a cumplir las expectativas necesarias en la nueva etapa? David Choquehuanca fue muy claro en su discurso de asunción que era fundamental el rescate de las raíces originarias y la descolonización.

-El tema de la descolonización es un debate que lleva mucho tiempo. Hay opiniones que dicen que no debería estar circunscripta a un viceministerio, sino que debería ser una transversal que esté presente en toda la gestión de gobierno, en todos los niveles. Comenzando desde los instrumentos coercitivos, vale decir la policía, las fuerzas armadas y terminando en la última instancia descentralizada del gobierno, porque esta debería ser una política de Estado y que se materialice ya en la gestión pública.

Hay bastantes aportes al respecto donde estarían lo que se llaman estos nudos coloniales por ejemplo en la administración pública y que hay que desmontar. Uno de ellos es el excesivo burocratismo que existe; hay un catálogo para trabajar sobre temas de descolonización y esperamos que desde la vicepresidencia se haga fuerte esta propuesta.

-Es lo mismo que pedimos las feministas, que debería haber una transversalidad para formar a todos los equipos de todos los ministerios en feminismos, en los derechos de las mujeres y las disidencias.

-Exactamente. Hay algo que hay que puntualizar, y es que el tema de la estructura colonial incluye al patriarcado. No podemos descolonizar el estado sin despatriarcalizar el Estado, entonces se tendría que caminar en ese sentido.

-Una de las cosas que quedó muy clara es que cuando vino el golpe muchos se dieron cuenta que las fuerzas armadas y las fuerzas policiales habían tenido mucho que ver en ese golpe. La pregunta es: ¿vos creés que se van a depurar estas fuerzas? Porque sino siguen siendo los mismos peligros de siempre. Vos podés tomar el gobierno pero siempre tenés la espada de Damocles, o de la derecha, o de esa derecha trabajando sobre los sectores armados.

-En este momento que se confirma la sospecha de una intervención de Estados Unidos para derrocar a Allende, de estos intentos de coordinación entre sectores de fuerzas armadas que está existiendo en la Argentina por ejemplo, creo que son datos que tiene que tomar en cuenta el nuevo gobierno. Porque hay que actuar ciertamente sobre estos mecanismos que se están reproduciendo en Bolivia de manera histórica, no hay un momento de freno para hacer que cumplan el rol específico que designa la constitución política del estado.

Esperemos que haya unas políticas de ajuste especialmente en la policía. Lo de las Fuerzas Armadas ha quedado congelado, varios intentos de condicionar la política a la mirada del ejército ha sido frenada, no han ido más allá de algunas declaraciones, por ejemplo, en este período de dictadura y un nuevo Estado mayor puede cambiar la composición y orientación del ejército. Es más, se mantiene un sector dentro del ejército con una mirada más nacional, que entiende mejor el rol de las fuerzas armadas, pero siempre estarán presentes estos sectores reaccionarios que históricamente han utilizado al ejército como un trampolín para beneficio personal.

La policía es un problema aparte por todo el tema de corrupción que desde siempre ha existido y merece un tratamiento muy, muy profundo. Esperemos que comience un proceso de reforma, primero de la policía y luego un convencimiento de las fuerzas armadas de cuál es su rol específico de acuerdo a la ley y a la constitución política que tenemos. Porque ya estos golpes, de diferentes formas, utilizando diferentes formas legales y todo eso tienen que acabar, y en Latinoamérica estamos avanzando hacia consolidar mejor una democracia pero no una democracia liberal, sino una democracia más popular con participación e inclusión de sectores marginados.

-También se estuvo hablando de armar unas milicias populares, así como han tenido todos los pueblos que lucharon contra el imperialismo desde Vietnam, Cuba, Venezuela ¿Eso es real o es un rumor?

-Ha quedado en el imaginario colectivo el famoso cuartel Calachaca, el que organizó Felipe Quispe. Si bien tienen una estructura militar, no son oficialmente una milicia, pero han hecho una presencia organizada y de poder en los actos de posesión del binomio. Hemos visto a los ponchos rojos, que han sido una especie de guardia, que ha reemplazado en alguna medida a la policía y al ejército y ha estado presente.

Yo creo que eso se va a mantener, yo creo que son una especie de milicia simbólica, pero que tiene una larga tradición. Eso viene desde mucho antes, desde los años de la década del 20 del pasado siglo, el que hayan sido grupos de choque muy fuertes que a su tiempo utilizaron políticos en diferentes momentos de nuestra historia. Por otra parte, hay una tradición histórica también de los famosos guerreros del norte de Potosí, que también se hicieron presentes. Entonces, estas tendencias más de organización propia de los pueblos originarios siempre han mantenido esas características de contar con fuerzas organizadas militarmente pero que no tienen posesión de armas ni mucho menos, sino yo diría una disciplina de carácter militar que ha servido para organizar bloqueos, para organizar huelgas, está presente. Es esa la situación en la que nos encontramos.

-Otro tema que hablaron tanto David como Lucho Arce es la justicia. La justicia para todas aquellas personas que dieron la vida para defender esa democracia plurinacional, revolucionaria, ¿cómo crees que se va a llevar a cabo?

-Ese es un tema bastante difícil de tratar. Incluso los pedidos de justicia de la lucha del gas del 2003 no han tenido una solución definitiva. Los mecanismos del Estado encuentran la forma de rehuir responsabilidades, entonces hay mucho que transformar en la justicia.

Desde los sectores de pueblos originarios, la alternativa para tener claridad, por lo menos en el tema de administración de justicia, sería la incorporación de elementos de la justicia de pueblos originarios, denominada también justicia comunitaria, incorporada al derecho positivo, cosa que tiene resistencia dura en los abogados, en la estructura jurídica oficial. Pero que por las características de un Estado Plurinacional deberían ser tratadas seriamente e ir incorporando poco a poco este otro tipo de administración de justicia.

Esta justicia comunitaria es menos burocrática, no está tan enfocada en la penalización sino en la reposición del mal, hay muchos conceptos que habría que trabajar. Es difícil, pero llegará el momento en que tendremos que cambiar la estructura de lo que entendemos por justicia en un Estado Plurinacional.

– Podemos decir para terminar como se dice en otros lugares de Nuestra América: «Se ganó el Gobierno pero la lucha sigue».

-Efectivamente, el poder es algo que todavía nos falta conquistar. Podemos tener gestiones de gobierno pero el poder sabemos que es un entramado como una telaraña y tiene sus mejores hilos armados desde los poderes del norte, desde el imperialismo. Esa es una lucha que hay que continuar.

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