abril 23, 2021

Venezuela bolivariana resiste y avanza


Por Julio A. Muriente Pérez-.


El carácter conflictivo que le adjudican algunos a la República Bolivariana de Venezuela va mucho más allá del resultado alcanzado en unas elecciones, del presidente Nicolás Maduro o de cualquier otra circunstancia específica. La contradicción no es entre dirigentes, sino entre procesos políticos, económicos, sociales y culturales.

Detrás de la demonización de Nicolás Maduro por parte del gobierno de Estados Unidos y los medios de comunicación que le son afines, está el rechazo visceral a la propuesta de cambio profundo y radical que representa la Revolución bolivariana. El problema no es que Maduro, como insisten ellos, sea un dictador que se ha aliado a enemigos jurados de Estados Unidos como Irán y Cuba. De la misma manera que en la Antilla mayor el problema no han sido “los Castro”, sino la implantación del socialismo y el fin del control que impuso el norte sobre esa isla-nación desde la ocupación militar de 1898.

Las elecciones legislativas celebradas en Venezuela el pasado 6 de diciembre, ocurrieron en condiciones extraordinarias. Se trata de un país acosado, víctima de un proceso de empobrecimiento inducido por sus enemigos, que ha tenido que batallar “como gato boca arriba” en defensa de su soberanía y su dignidad. Han constituido una gran victoria por el solo hecho de haberse celebrado.

Una parte de la oposición –sometida a las órdenes de Estados Unidos y la Unión Europea (UE)– se ha ido desgastando progresivamente, perdiendo oportunidades para insertarse adecuadamente en la vida política y social del país y siendo cada vez más impertinente. Esos, bajo el ala tenebrosa de Donald Trump y el neofascismo, han querido apostar al todo o nada, queriendo aplicar –infructuosamente– la política de tierra arrasada por medio de invasiones, robo de la riqueza nacional, falsa representación y amenazas.

Se han ido quedando con nada. Para colmo, su padrino Trump ha sido derrotado en las elecciones del pasado 3 de noviembre. Habrá que ver cual será la política del presidente entrante, Joe Biden. Tiene la oportunidad de aplicar una relación ecuánime y respetuosa, desde la diferencia. Eso aplica tanto a Venezuela como a Cuba, Nicaragua, Bolivia, México y otros países de la región.

El próximo 5 de enero juramenta la nueva Asamblea Nacional (AN) de Venezuela. El 10 de enero se cumplen dos años de la juramentación de Maduro como presidente del país. Desde el Palacio de Miraflores se promueve un espíritu de renovación, de búsqueda de coincidencias desde la diversidad, de unidad nacional y de paz. Pero que nadie se confunda. En Venezuela se inició un proceso de cambio social profundo y radical hace 22 años, con la victoria de Hugo Chávez Frías en las elecciones presidenciales. Más de dos décadas después el gran objetivo deberá ser la profundización del proceso revolucionario en la ruta hacia la construcción del socialismo del siglo XXI.

Venezuela bolivariana no es el problema. El problema es la intolerancia de quienes se niegan a respetar el derecho soberano e independiente de ese país sudamericano y caribeño a decidir libremente su destino. El problema es la actitud soberbia y arrogante de esa Europa que se cree todavía dueña de Nuestra América. El problema es el gobierno de Estados Unidos, que históricamente se ha sentido dueño de este continente, evocando la letra hegemonista de la Doctrina Monroe y el Destino Manifiesto. El problema es el grupo de gobiernos latinoamericanos y caribeños que se gozan en atacar a Venezuela mientras entregan sus países a los intereses imperialistas; muchos de los cuales se distinguen por la corrupción, el genocidio, el pillaje y el desgobierno.
Nadie lo dude. Hoy más que nunca, Venezuela bolivariana resiste y avanza.

* Catedrático Universidad de Puerto Rico y dirigente del Movimiento Independentista Nacional Hostosiano (MINH) de Puerto Rico

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