junio 21, 2021

Chato Peredo in memoriam

Por Boris Ríos-.


No podía menos que escribirte desde el desconsuelo de que la vida no me haya permitido un reencuentro que venza a la mezquina infamia que buscó separarnos, pues esperaba que esa sabiduría de vida tuya supiera discernir a lo pequeño y mediocre de la vieja amistad que seguro forjó confianzas en hazañas que ya no me contarás.

Disfruté mucho tu capacidad de perdón, de dejar atrás viejas rencillas, dolores del alma producidos por pequeños espíritus que hicieron daño en momentos críticos y peligrosos de la lucha revolucionaria, y tu afán del reencuentro, de la sanación.

No fueron pocas las diferencias que tuvimos y dejamos pasar, o instancias mías que dejaste leves porque quisiste callar; supongo que el tiempo y el volver de la vida hubieran terminado abriendo puertas cerradas para ver la luz o las sombras del ayer.

Te rindo humilde homenaje, para que las loas vacías o hipócritas no encierren tu significado y tu luz.

Conocerte

Tengo una reminiscencia de las calles aledañas a la Universidad Mayor de San Simón en Cochabamba, donde apareces con una camisa con manchas o flores y unos lentes gruesos, como “culo de botella” –que era el calificativo que le diste a uno de tus adversarios de la interna–. Yo era un niño y hablabas emotivo, como siempre. Nunca pregunté cuándo ni por qué tuvimos ese encuentro.

Cuando fui creciendo, el Che sorprendió mi vida, leí su Diario en Bolivia y lloré su última página. Años después un libro de Hugo Assman me impactó, era Teoponte, una experiencia guerrillera, una sintética obra que mostraba el amor y el espanto de la lucha revolucionaria, se notaba una postura clara, casi desde adentro.

Ya de joven, la historia de las sardinas de ese Teoponte guerrillero me llegó al oído y me causó estupor que me condujo a investigar, a preguntar, las respuestas eran cautas en mi entorno, pero la derecha también había hecho bandera del suceso para intentar sepultar a la vía elena. Con todo, fue para mí un hecho duro y doloroso que necesitaba saber, comprender y mi imagen de ti que eras un hombre duro e implacable.

Tuve la suerte de escucharte, siempre de lejos, en varios eventos de compañeros, siempre defendiendo tus ideas. La vida me permitió trabajar –y sigo en ello– la memoria del Ejército de Liberación Nacional (ELN), que sin entenderlo bien en ese momento, significaba, para quienes pude entrevistar, dejar ataduras pesadas, hablar de cosas que la disciplina y la seguridad habían prohibido decir en voz alta, pues el enemigo de derecha, violento y vil, se deleitaba de arrancar esos “secretos” con morbo en torturas, en vejaciones atroces, que las y los liberales suelen obviar a la hora de hablar de la violencia revolucionaria, olvidando también la violencia permanente del capitalismo con las masas de explotados.

Así, un día lluvioso en Santa Cruz, llegué a tu oficina en la que me recibiste con una sonrisa amable, ya estabas acostumbrado a las entrevistas y al acecho de las preguntas, pero esa fue la primera entrevista que te hice de las varias que vendrían, con cientos de preguntas, cada vez más incisivas. Antes de terminar, en un relato que después comprobé que habías hecho varias veces, me animé a preguntarte sobre las sardinas y tu respuesta serena mirándome a los ojos me dejó sorprendido. Fue un momento duro, se reunieron todos, incluidos los que habían cometido la falta y acordaron la pena grave, era la guerra.

Guerrillero

El rompecabezas se armaba. Cuando fuiste a Cuba para entrenarte para unirte al Che, te llegó la noticia de la muerte de Coco, el 67 la prueba era una foto impresa. Me imagino el dolor inmenso y la desesperación que sentiste por rescatar a Inti, pero el viento te lo devolvió con el corazón ardiendo por ¡Volver a las Montañas!

En 1969 con Inti te encontrabas en la mítica ciudad de La Paz, bajo el acecho constante de los aparatos represivos, mientras que el ELN se reorganizaba vigoroso para cumplir el juramento al Che y sus combatientes caídos en Ñancahuazú, cuando el 9 de septiembre la muerte alcanzó a Inti. La reacción no solo le quitó al ELN a su comandante indiscutible, sino que la revolución regional perdía a un gran líder, consternando a todos, sobre todo a la interna. En una reunión medio en la calle, medio en una habitación de esas compañeras que lo dieron todo por la vida, tus compañeros te eligieron Comandante y Jefe del ELN, “dinastía” dicen tus detractores, pero me convencí al conocerte que pesó tu audacia innegable y envidiada, después de todo eras un Peredo criado entre caimanes en tu Beni amado.

Llegó Teoponte, pero el ELN era una fuerza temible en las ciudades y las montañas de Bolivia, tus columnas guerrilleras tenían a lo mejor de la juventud boliviana y de los internacionalistas, pero esta vez, como te gustaba subrayar, se buscaba superar la limitación de participación de campesinos e indígenas, no en vano Tani Villca era subcomandante ¡y vaya que era un cuadro político-militar! Recuerdo que me explicaste que la premura de la primera acción estaba marcada por los presos políticos que lograron liberarlos y que luego debían adentrarse a desaparecer en la montaña para volver a actuar más tarde, pero el azar hizo que varias cosas fallaran, tal vez la inmensa estepa verde se ensañó con ustedes que no supieron hablarle, vino el desazón, tantos años de preparación, tantas compañeras y compañeros que habían caído construyendo ese camino y ahora ya no se podía y la muerte y el oprobio del enemigo les alcanzaron. Cayeron los compañeros, sin combatir, los asesinaron y los desaparecieron, pasó lo de las sardinas, Peruchin y Ferte fueron ajusticiados, aunque me dijiste que no por tus manos, y me imagino el dolor y la propia consternación de todos, ahí Jesús fue magnánimo y pese que me parece que cierto investigador liberal insistió años más tarde, reconoció que era lo que se tenía que hacer.

Luego estuvo Viacha, donde estrenaste la celda que prepararon para Régis Debray, y luego Chile, de donde ni bien llegaste planeaste regresar para continuar desde la última derrota militar. Recuerdo que me contaste que para la resistencia al golpe del 21 de agosto de 1971 estuviste en Laikakota y que pese a que tomaron el control de ese cerro que daba justo al frente del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, pudo más el cañonazo de dólares que los militares apátridas recibieron para ungir como dictador a Banzer, un manto negro cayó en Bolivia y la izquierda tardaría mucho en recuperarse.

Juan

Con los años fui conociendo más de la historia elena y te conocí como Juan, tu nombre de guerra, pero que usaste sobre todo para la lucha de ideas que se llevaba en la interna y que te convocó mientras que tú participabas activo en la Junta de Coordinación Revolucionaria (JCR) que aglutinaba a varias organizaciones de diferentes países de la región. Te convocaron a la crítica a Lima, Perú, pero “todos estaban de acuerdo, menos uno, Juan”: debían “proletarizarse” y fundar un partido que “supere la línea militarista”.

Recuerdo tu risa cuando contaste que pese a no estar de acuerdo y haber entregado todos los fondos recuperados para la Organización con la JCR, la “Orga” te mandó o tú decidiste reingresar a Bolivia para ir al centro minero de Huanuni, donde apoyaste con todo para recuperar al sindicalismo y los órganos de comunicación que tenían, una radio y el emblemático folleto: “El Posokoni”.

Fuiste efectivamente de los pocos que realmente asumió eso de “proletarizarse” mientras el Partido, con muchos compañeros y compañeras trabajadoras y consecuentes, no pudo hacer mucho. Ese fue un debate que me quedó pendiente contigo, aunque ya habías hecho pública tu posición en los documentos firmados por Juan y luego en otros donde te escucho claramente, siempre rajando contra la distorsión de lo que personalmente llamo “trotskismo criollo boliviano” (vanguardismo iluminista y mediocre burocratismo) y que tú llamabas a secas como “corriente trotskista”.

Te lo dije una vez, siempre creí que en ese debate tenías razón, que eran momento de acciones y no especulaciones formales que no llevaron a nada, sino a que tu propia corriente se reforzara y fecundara otras experiencias dirigidas a que sean las bases mineras, campesinas y estudiantiles las que se articulen para seguir luchando. Pero no pude preguntarte: ¿por qué estimular con claridad política un proceso tan fecundo que tuvo raíces incluso tan fuertes hoy, para luego no fortalecerlo y dejarlo?

La acción y la cárcel

Sé que con el Carlos y otro compañero fueron capturados por un fallido operativo contra una empresa transnacional en 1978. No sé cómo ni cuándo saliste de la cárcel, pero recuerdo que me contaste que te detuvieron nuevamente a finales de los 80, ya en democracia.

Me dijiste que en las distintas detenciones, requisas y hurtos que te hicieron los agentes y policías perdiste muchas cosas preciadas, como fotos y documentos de la familia y de la organización. En ello, la historia de los que te seguía llegó a mí, nunca te pregunté, supuse que el tiempo nos daría gracia para hablar de ellos, aunque también conocía la discreción de quienes vivieron a sangre y fuego por la liberación nacional.

Ahora, de ese pasado de audaces compañeros solamente quedan sombras, algunas tan diluidas que uno no creería que alguna vez les pertenecieron.

La memoria

En tu libro Volvimos a las montañas diste tu voz, que sé que buscaste fuera definitiva, pero quedaron pendientes varios detalles que ya no se hablarán. Pero fue tu porte a la memoria de la lucha revolucionaria, pocos habían hecho algo, menos en primera persona.

Así, llegó el libro sobre Toeponte de Keynes, que me consta trabajó muchos años en busca de pistas y que supo relacionarse para tener contactos. Casi al mismo tiempo tuve el mandato de recuperar la historia y la memoria y me interioricé más, leí, conversé y conocí y supe los pormenores de ese libro, deuda personal que retomaré en su momento para desmentir y develar aspectos que no condicen con la verdad ni la ética. Pero me extrañó que finalmente una obra que trajo tanto trabajo a Keynes terminaba maltratando a quienes supuestamente rescataba del olvido. Me acuerdo que te comenté mi indignación por el grado de violencia que Keynes usó con su pluma contra la Tía y te reclamé el que le hayas concedido una entrevista y, como no podía ser de otra manera, coincidiste y me aclaraste que accediste a hablar bajo el compromiso de que tus respuestas se transcriban íntegras, pero que al final no fue así y te molestaste cerrando la posibilidad de cualquier otro contacto a futuro.

Recordamos al Che en los 50 años de su presencia en Bolivia, donde no pudiste participar, y hablamos de Maya, Coco e Inti. El 50 nos perseguía, por lo que dimos énfasis al Inti, tan cercano y tan lejano, y comenzamos la búsqueda de la vida de uno de tus hermanos, el casi gemelo de Coco. Me quedó en la retina una fotografía colgada en tu casa; era la ternura de un niño risueño y fuerte, “soy yo”. me dijiste el día que volvimos a hablar de tus hermanos tratando de buscar respuestas a esa muerte y sus huesos.

Ya para los 50 de Teoponte teníamos que hablar, pero un pequeño infame te habrá persuadido de que no lo hagas, sin embargo, ya sabíamos lo que dirías que contaste tantas veces; lo que no sabías era que aprovechamos el momento para festejar a nuestra Tía amada y ella te buscó, pues la última vez que la abrazaste fue en mi casa, mientras que los que los veíamos nos regocijábamos que la historia de lucha y dignidad se encuentren.

Ya no podrás escarbar nuevas remembranzas, ni discutir nuevas perspectivas a raíz de nuevos hallazgos, para ti estaba claro: el Che buscaba un proyecto continental cuyo sustento tenía que ser de “indígenas, de campesinos sin tierras, de obreros y de intelectuales progresistas”, por eso Inti tenía que cumplir la promesa de “Volver a las montañas” y tú también tenías que hacerlo. Teoponte era una necesidad y si bien fue una derrota militar aportó a la lucha popular, no fue una guerrilla estudiantil, sino campesina, y hubiera tenido una mayor trascendencia si no se hubieran infiltrado las tendencias trotskistas que, sin decirlo, renegaron de la línea del Che. Así se hizo lo que se pudo y se reconstruyó lo posible para seguir empujando. El Proceso de Cambio tuvo sus raíces en esas luchas y en esas apuestas, en los campesinos en los que tú creías no por moda, sino por profunda convicción, ese era el Proyecto Histórico que reclamabas, el socialista.

El ser Chato Peredo

Los que te admiramos sabemos de tu capacidad, de tu búsqueda de la verdad, de lo que te motivaba a hacer, a decir, a vivir. Por eso reencontraste la medicina y la regresión como terapia, aunque lo que decía Antonio al respecto me causaba gracia, tú defendías las estadísticas del éxito obtenido de tu terapia. Y me consta la gran expectativa de personas que no encontraban salud en ningún tratamiento y que tú sanabas con paciencia y profesionalidad. Sería por eso que hacías el tratamiento de las personas que la causa alguna vez detuvo en esos operativos internacionales que tributaron a la lucha y a la “Orga” y que honestamente entregaste y ya no pudiste utilizar.

Las personas que te odiaron siempre se chocaron con tu don de perdonar y sanar. Me acuerdo que se te invitó a una reunión y un compañero te preguntó si tenías problemas por la partición de una compañera que te veía como un estorbo y siempre lanzaba críticas en tu contra, y tú dijiste que “ninguno”. Tu paz interna podía más porque nunca te escuché hablar mal de nadie en lo personal, incluso con las personas que tuviste diferencias fuertes te limitabas a decir que no compartías y no adentrabas más allá, siempre, o casi siempre, tus críticas y tus acciones tuvieron un sustento político-ideológico.

El 90 de Fidel preparamos un acto y tú eras panelista, justo esos días lanzaste una crítica pública al Proceso y le pusiste nombre y apellido: Álvaro García como el promotor de una desviación que no era tan evidente ese tiempo. Reclamaste cuidar al líder histórico y así cuidar al Proceso, cuidar su sentido y el Proyecto Histórico. Yo te llamé para brindarte mi apoyo, aunque no compartía las formas, pensaba que se podía hacer la crítica en los espacios internos. Al final el acto no se hizo contigo porque nos censuraron, tengo cuentas pendientes con eso, pero yo me puse de tu lado.

También me acuerdo de que García Linera promovió el tema de la clase media y su inclusión en el Proceso y que todos los que somos marxistas no estuvimos de acuerdo, por eso tampoco tú, y eso nos costó que algunos grupos nos relegaran, como si los pilares del Proyecto Histórico y el Proceso no tuvieran un sustento marxista-guevarista.

Nos enseñaste que las ideas no se venden y defenderlas es un deber, cueste lo que te cueste. Pero así como te alejaste del MAS por esas diferencias, volviste cuando se te necesitaba, cuando esos iluminados estaban ocultos o se habían autoexiliado por la represión que produjo el golpe de Estado el 2019. Con tus años y con la imposibilidad de asumir personalmente tu defensa frente a cualquier arremetida violenta, te plantaste al frente en Santa Cruz y convocaste a la resistencia popular exigiendo democracia.

A manera de despedida

Poeta, médico, guerrillero, escritor y político, las palabras no alcanzan para definir a un hombre sin el cual no se podría entender la historia política de Bolivia, ni la gesta revolucionaria continental.

Nunca fui zalamero, extrañaré tus besos y abrazos, el cariño con el que trataste a mi hijo más pequeño y tus consejos a quemarropa que estoy seguro seguirán ardiendo con vigencia hoy, cuando son más necesarios.

¡Hasta siempre Chato querido!


  • Sociólogo

1 comentario en Chato Peredo in memoriam

  1. Desde Colombia, nuestra admiración y respeto por los hermanos Peredos, ejemplo de lucha, dignidad y corage.
    Tanta juventud, generaciones enteras entredadas a la causa más noble de la liberación nacional.
    Parece increible a época de hoy, los compañeros de generación hayan puesto tanta inteligencia intelectual y académica, en pro de la liberación nacional.
    Solo cabe decir en su memoria a los hermanos Peredos: ¡Gloria eterna! A su memoria.

Deja un comentario