marzo 8, 2021

La situación de la pandemia en Bolivia

Por María Bolivia Rothe * -.


La pandemia de Covid-19 es ocasionada por el virus SARS-CoV-2. Un coronavirus que fue identificado por primera vez en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, en la República Popular China, al reportarse casos de un grupo de personas enfermas con un tipo de neumonía desconocida. La mayoría de individuos afectados tenían vinculación con trabajadores del Mercado Mayorista de Mariscos del Sur de China de Wuhan. La Organización Mundial de la Salud (OMS) la reconoció como una pandemia el 11 de marzo de 2020.

Bolivia reportó los primeros casos el 10 de marzo de 2020, en plena dictadura; un caso en el departamento de Oruro y otro en el departamento de Santa Cruz. El caso de Oruro se trató de una persona de sexo femenino, de 64 años de edad, boliviana, residente en Italia, de donde llego días antes. El caso de Santa Cruz, también una persona de sexo femenino, de 60 años de edad, proveniente de también Italia. A partir de ahí el brote se expandió de manera exponencial a todo el territorio nacional. Durante los siete meses de la pandemia en gobierno dictatorial, las medidas de contención de la pandemia fueron nulas; lo poco que se hizo, estuvo signado por la corrupción. Las y los bolivianos tuvieron que afrontar sin apoyo gubernamental la enfermedad y la muerte. De esta tenebrosa situación, existen varios testimonios. Ahora enfrentamos la segunda ola de la pandemia y ya el gobierno democráticamente elegido ha iniciado acciones concretas para contener esta nueva ola.

Situación de Covid-19 a nivel mundial

Como podemos observar en el cuadro 1, el 44,1% de la carga de enfermedad a nivel mundial se encuentra en América, con 38.861.668 casos; le sigue el continente europeo con el 32,4% de la carga de enfermedad, representando 28.560.073 contagiados, y en menor medida Asia sudoriental, en mediterránea, África y el Pacifico Occidental. Durante la última semana de enero, el 51% de los casos notificados correspondieron corresponden a la región de las américas.

Hasta el 12 de enero de 2021, se ha informado de más de 92 millones de casos de la enfermedad en 255 países y territorios en el mundo (los cinco países con mayor número de infectados son Estados Unidos, India, Brasil, Rusia y Reino Unido), con más de 1,9 millones de muertes (los cinco países con mayor cantidad de fallecidos son Estados Unidos, Brasil, India, México y Reino Unido), más de 65,8 millones de casos de personas recuperadas; (los cinco países con mayor número de personas recuperadas son Estados Unidos, India, Brasil, Rusia y Turquía) y más de 24,1 millones de casos activos (los cinco países con mayor número de casos activos son Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Brasil y Bélgica). Por otra parte, para octubre de 2020, la OMS estimaba que al menos un 10% de la población mundial ya se ha contagiado de esta enfermedad (unos 780 millones de personas infectados aproximadamente), debido al gran subregistro de casos a nivel mundial.

A nivel mundial, a las 11:49 a. m. del 14 de enero de 2021, se habían notificado a la OMS 90.759.370 casos confirmados de Covid-19, incluidas 1.963.169 muertes.

Situación de la pandemia en Bolivia

Actualmente, Bolivia atraviesa la segunda ola de la pandemia, la misma que ha empezado a ser evidente con un aumento considerable de casos a partir del 3 de diciembre del año pasado, donde la curva empezó a subir; hubo un periodo entre ambas olas de nueve semanas, en las que el país presentó una disminución de los casos de Covid-19, para reanudar la escalada la primera semana de enero; a la fecha, hasta el momento en que estamos escribiendo este artículo, Bolivia ha presentado 2.057 casos nuevos de la enfermedad, haciendo un total de 178.818 casos acumulados desde el inicio de la pandemia. De esta cantidad de casos, se han recuperado 140.671 personas y han fallecido 9.493 personas, habiendo hasta el día de ayer 28.654 casos de personas con enfermedad activa; 4.414 sospechosos que deberán ser descartados por laboratorio y 280.654 casos descartados por laboratorio o por clínica. El cuadro 2 muestra la tendencia cíclica de la pandemia en Bolivia, con la primera ola que se desarrolló entre los meses de mayo a septiembre y una segunda ola que se ha iniciado la primera semana de diciembre y que está en franca escalada.

Bolivia ha presentado en toda la pandemia una de las tasas de incidencia más altas de Latinoamérica, inclusive mayor que le promedio mundial, tal como podemos ver en el cuadro 3. La tasa de incidencia mundial oscila en 1.157 casos x 100 mil habitantes, Bolivia está en 1.485 casos x 100 mil habitantes.

La tasa de incidencia, se refiere a la cantidad de casos nuevos de una determinada enfermedad; Bolivia tiene esa enorme incidencia porque no se realizaron las medidas de contención de la pandemia y el contagio fue generalizado, produciéndose la circulación comunitaria del virus y los altos niveles de contagio.

En lo que se refiere a la tasa de letalidad del Covid-19 en Bolivia, según podemos ver en el cuadro 4, también Bolivia es el tercer país del mundo con la tasa de letalidad más alta, después de Ecuador y México.

¿Qué significado tiene que seamos el tercer país con la mayor tasa de letalidad? Simplemente esto refleja la ausencia de medidas para parar los contagios y que la cantidad de enfermos graves sea cada vez mayor. En otras palabras, las y los bolivianos tenemos mayor riesgo de enfermar por Covid-19 y morir que en otros países; la tasa o índice de letalidad se refiere al cociente de fallecimientos en relación a las personas que se han contagiado de dicha enfermedad; eso, debido a que una vez enfermos, el sistema sanitario no ha podido ofrecerles las condiciones necesarias para que puedan sanar. La tasa tan alta de letalidad está mostrando que, durante la primera ola de la pandemia en Bolivia, la capacidad resolutiva del sistema de salud fue casi nula para lograr salvar a aquellas personas que enfermaban de Covid-19; caso todas fallecían. La tasa de mortalidad en Bolivia también ha sido alta, con variaciones por departamento.

Mecanismos de negación de la pandemia como arma letal

Al iniciarse la segunda ola de la pandemia por Covid-19 en Bolivia, se está haciendo frente a la misma en el medio de un sistema sanitario precarizado, disperso, fragmentado y desarticulado; las diferencias entre las capacidades resolutivas entre los departamentos, se notan y son determinantes. No es lo mismo un departamento donde la Gobernación ha tomado cartas en el asunto y efectivamente ha invertido en la contención de la enfermedad que otros que no han realizado este trabajo.

Hay una pobre toma de consciencia desde los gobiernos subnacionales del rol que se debe asumir para hacer frente a esta enfermedad; la primera ola no ha dejado en las y los ciudadanos la consciencia real de la peligrosidad de no observar las medidas básicas para evitar los contagios; hay un sistemático sentimiento de negación del verdadero peligro que significa tener el riesgo potencial de enfermar y morir por Covid-19; las personas se niegan a distanciarse, a utilizar barbijos; a no realizar reuniones sociales y a mantener la distancia social preventiva obligatoria.

Si ponemos atención al análisis que realizó meses atrás el sociólogo e investigador del Conicet, el argentino Daniel Feierstein, [1] sobre la conducta de las y los argentinos frente a la pandemia de coronavirus, explicando porqué, según su criterio, fracasan las estrategias para frenar los contagios, es posible extrapolar la misma hacia Bolivia.

Para Feierstein la respuesta no es médica, sino sociológica, por lo que la imposibilidad de frenar los casos debe entenderse a partir de dos importantes sistemas de defensa psíquica que operan a nivel colectivo: la negación y la proyección.

Para este investigador, en una pandemia –o en cualquier otro fenómeno con consecuencias masivas– la población no actúa según una racionalidad ajustada a fines, sino que se ve atravesada por acciones afectivas, proceso que genera una tendencia de menguar, e incluso ignorar, el riesgo de lo acontecido. Claramente, a cualquier sujeto normal le cuesta aceptar la posibilidad de una enfermedad o de la muerte y la alteración de su vida cotidiana que esto conlleva. Desde ahí nace la negación a mantener las medidas de bioseguridad, especialmente el distanciamiento físico, como está sucediendo ahora en Bolivia. La única manera que los humanos reaccionamos adecuadamente frente a la pandemia es cuando se instala “la inmunidad del miedo”; el miedo de la gente puede vencer al mecanismo de negación.

Por su parte, las camas de los hospitales mantienen siempre niveles altos de ocupación y es completamente difícil conseguir libre una cama de Terapia Intensiva; entonces, el problema radica en una presunción errada sobre el comportamiento social puesto que un mensaje optimista, que busca llevar tranquilidad a la población, termina jugando en contra, no sirve, porque para alguien en estado de negación, decirle que vamos mejor, que abrimos actividades y que no habrá colapso es el mejor modo de lograr que ratifiquen la negación.

La verdad es que la gente ya no soporta más la cuarentena y la incumple igual. Por lo tanto, ¿qué es lo que deberemos hacer para contener la ola de contagios? Sabemos que la cuarentena no es la respuesta, pero sí deberemos solicitar a la población que se cuide y apelando a la “responsabilidad ciudadana”. Insistir por el camino de la prohibición no permitiría resultados positivos sin una inviable e inadmisible represión.

Feirestein, después de haber estudiado durante 30 años las respuestas ante la catástrofe, asegura que lo más regular que se puede encontrar es precisamente que la acción humana en esos casos tiende a la negación y a la proyección. Nadie quiere aceptar la posibilidad de su muerte o la de sus seres queridos.

Los dirigentes políticos se encuentran así en un dilema: deben decirle a la población lo que no quiere escuchar y se arriesgan a ser el foco de odio y proyección, con lo que implica en pérdida de imagen y votos, ya que puede tener su costo político.

El Estado Central a través del Ministerio de Salud y el Gabinete Covid-19, están ampliamente preparados para hacer frente a esta segunda ola del Covid-19 en Bolivia. Se cuenta con pruebas de diagnóstico y vacunas en cantidad suficiente; sabemos bien que del éxito en detener esta segunda ola y no tener que lamentar contagios masivos y graves, depende también en gran medida la estabilidad económica del Gobierno y el presidente Arce lo sabe claramente.

El arte estará entonces en lograr el delgado equilibrio de llegar a la población para hacerles comprender que necesitamos de acciones conjuntas entre todos y que el enemigo es común para todos; que cuidarse del Covid-19 no es conculcar libertades, pero si requiere de grandes acciones y grandes desprendimientos colectivos.

Se hace pues necesario un gran pacto nacional en el que tanto el gobierno central como los gobiernos subnacionales realicen medidas sinérgicas para contener la pandemia, sin cálculos políticos y optimizando los recursos económicos, humanos y materiales que existen en cada departamento y en cada red de salud. Solo así podremos ver las diferencias entre la atención profesional y seria de una pandemia y la utilización de esta como un territorio de disputa política, como fue en 2020.


  • Médica especialista en Salud Pública.

*       Directora General de Gestión Nacional de Sistema Único de Salud Ministerio de Salud y Deportes

1       https://www.pagina12.com.ar/295167-daniel-feierstein-en-poblaciones-que-lidiaron-con-crisis-fue

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