junio 21, 2021

Implicaciones y perspectivas de la nueva Asamblea Nacional en Venezuela

Por MISLER * -.


Con la consigna “Bolívar y Chávez regresan a la Asamblea Nacional” (AN), el pasado martes 5 de enero se llevó a cabo la juramentación de la nueva directiva del Poder Legislativo venezolano para el período 2021-2026, encabezada por el diputado Jorge Rodríguez, como presidente del órgano; la diputada Iris Varela en la Primera Vicepresidencia; y el parlamentario Didalco Bolívar en la Segunda Vicepresidencia.

Para este acto protocolar se contó con la presencia de la representación legislativa de Chile, Cuba, Ecuador, España, Dominica, México, Antigua y Barbuda, Bolivia, República Dominicana y de los Estados miembros de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América – Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP).

En ese sentido, se abren expectativas en torno al nuevo ciclo político del proceso revolucionario bolivariano luego del rescate de la institucionalidad de dicho órgano, tras un lustro con una AN en manos de la oposición y sus múltiples intentos infructuosos de derrocamiento del gobierno del presidente Nicolás Maduro. Además, la AN contará con la participación de 277 diputados y diputadas, de los cuales 256 pertenecen al bloque oficialista.

El nuevo escenario legislativo cobra otro matiz, puesto que se devuelve la cohabitación entre oficialismo y oposición, por lo que la nueva dinámica estará enmarcada dentro de movimientos mejor pensados para lograr un consenso que coadyuve con el mejoramiento económico como principal traba.

Al respecto, durante su encuentro con los nuevos parlamentarios, el presidente Maduro destacó su disposición al diálogo con los sectores adversos a fin de “tratar los temas más importantes del país y a buscar puntos de encuentro”.

Cabe recordar que la anterior AN estuvo en desacato, después de constatarse una serie de irregularidades que la mantuvieron al margen de la legalidad; aun así, se atrincheró en el hemiciclo para atentar contra la democracia y hacer llamados a la insurrección y sublevación, apoyada directamente y sin desparpajos por el Gobierno de Estados Unidos. Su principal figura fue el exdiputado Juan Guaidó, un personaje completamente desconocido en la política venezolana hasta el día en que se autoproclamó –con la anuencia de la administración Trump– “presidente encargado”.

Este comodín político aprovechó su investidura como presidente de la Asamblea para pedir sanciones y embargos contra su propio país (delitos tipificados dentro de la Carta Magna venezolana), el cual lleva cuatro años con una economía excesivamente golpeada que se proyecta con incrementarse de no darse un vuelco en el futuro inmediato.

Oposición golpista continúa entrampada en este nuevo ciclo

El ala golpista de la derecha, encabezada por Guaidó, continúa develando signos de un fuerte resquebrajamiento que se profundiza con la instalación del nuevo Parlamento. Y es que si bien el Grupo de Lima, la Unión Europea (UE), Estados Unidos y sus países aliados reniegan de la actual AN, la mirada sobre Guaidó y demás dirigentes de este sector ha devenido en meros “líderes políticos” de la “Asamblea Nacional saliente”, eludiendo del discurso nombrar “presidente interino” y “gobierno legítimo”.

Asimismo, la injerencista UE y el lacayo Grupo de Lima, ambos bloques tutelados por Washington, han desconocido otra vez la voluntad del pueblo venezolano, reflejada en el proceso electoral de diciembre, rechazando la instalación de la posesión de los nuevos asambleístas. Y mantienen la línea discursiva sobre un supuesto “régimen ilegítimo” y la “dictadura” de Nicolás Maduro”.

En tal sentido, se puede apreciar que después de respaldar la autoproclamación como “presidente interino” de Venezuela el 24 de enero de 2019, para acompañarle en el vulgar robo de los activos de la República en el exterior, la figura de Guaidó aparentemente ha perdido el apoyo de sus mentores, quienes se han desmarcado, junto a una veintena de los 112 legisladores que le apoyaban en su “interinato”, perdiendo probablemente el quórum reglamentario de al menos 84 de los 167 legisladores necesarios para las sesiones que tomaron los apátridas en 2015.

En este marco, la oposición, finalmente, se estableció en al menos dos bandos: por un lado, aquellos que azuzaban fervientemente la caída de la Revolución Bolivariana hoy quedan relegados; por el otro, surge la fracción que se dibuja como “la democrática, la que no cree en la violencia como método para conquistar el poder, ni la que apuesta al golpismo”, sino más bien la que busca “trabajar por el país”. Este último sector se ha desmarcado de un desgastado Guaidó, como ha sido el caso de Henrique Capriles (exgobernador del estado Miranda y excandidato a la Presidencia de la República en 2012), quien ha señalado que los intentos por derrocar al Gobierno por parte del hoy exdiputado fracasaron e incidieron negativamente sobre Venezuela.

¿Hacia dónde se dirige el actual Poder Legislativo?

Con la instalación de la naciente AN, Jorge Rodríguez dio señales de avanzar, principalmente, en sentar las bases jurídicas en favor de la construcción del poder comunal en el país. Al respecto, el destacado dirigente revolucionario hizo hincapié en que la nueva gestión “irá hacia el Parlamento Comunal, esta gestión irá hacia la conformación de leyes para amparar las ciudades comunales, las comunas, los consejos comunales”, para el fortalecimiento en la concreción de autogobiernos locales.

Durante la propuesta de campaña electoral, Rodríguez recalcó que la transformación del Estado era posible mediante la profundización de los mecanismos de transferencia de poder a las comunidades organizadas. En ese sentido, apuntó que había que “aprobar la ley que empodere a los que saben del barrio, de los consejos comunales, tenemos que darle el poder real a las comunas para que asuman de una vez por todas el poder en el territorio”.

Asimismo, Nicolás Maduro acogió la propuesta que dé cuerpo legal al Parlamento Comunal y “obligue al Parlamento nacional a consultar a las Comunas todos los proyectos y todos los temas que tengan en debate para su decisión”.

Dentro de los desafíos en los que se inscribe la AN identificamos, por una parte, el “reparar” los daños que ha dejado el período parlamentario saliente, luego de que este forzara la ejecución de una nueva realidad en el país: medidas coercitivas unilaterales (las denominadas “sanciones”); el asedio por parte de fuerzas extranjeras; bloqueos; entre otros aspectos.

Sin lugar a dudas, el nuevo Poder Legislativo se enrumba hacia una AN para el “desbloqueo” de la nación. En tal escenario, su ruta política conducirá hacia el destrabamiento de la mayor cantidad, si no todos, de nudos críticos, que en su momento pretendieron situar a Venezuela en un Estado paralítico.


  • Periodista

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