abril 16, 2021

Felipe, el Mallku


Por Hugo Moldiz Mercado * -.


La muerte de Felipe Quispe nos ha sorprendido a todos. A una mayoría de los que estamos del lado opuesto a los que aman la libertad pero solo la quieren para sí, nos ha dolido y dejado consternados. Hace pocos meses, en agosto de 2020, lo vimos con la energía que irradiaba y la certeza de la victoria empujando el bloqueo nacional de caminos contra el gobierno de facto para que la Bolivia profunda, esa de indios originarios, campesinos y trabajadores, recupere el Proceso de Cambio en su perspectiva inicial, de orientación claramente anticapitalista. Y agosto fue el “ensayo general” que antecedió a la victoria electoral del 18 de octubre.

Del Mallku se ha escrito mucho en los últimos días y desde distintas aproximaciones. No es mi propósito ampliar el perfil que algunos hicieron con cierta rigurosidad o corregir los errores y manipulaciones de otros. Hay de todos los ángulos, ninguno inocente. Solo quiero hacer notar que la inmensa mayoría de los que escribieron y opinaron de este Cóndor en eterno vuelo, nunca disimularon su temor, desprecio y odio por el dirigente campesino.

En lo que hay coincidencia en la mayor parte de los artículos de los medios convencionales es que Felipe jugó un papel de primer orden en la insurgencia indígena campesina de fines del siglo XX y principios del XXI. A la impronta de su concepción radicalmente indianista, aunque matizada por cierta admiración por la Revolución cubana, particularmente por Fidel y el Che, este líder indígena lanzaba contra los defensores del orden colonial capitalista una ráfaga de conceptos y palabras con la misma precisión que tenía cuando se ejercitaba en el uso de las armas de fuego. Felipe creía firmemente en la utilidad de las palabras y en los tipos de movimiento que forman parte de un determinado método de transformación.

De muchos de los políticos, no solo de la actual oposición, que expresaron pesar por su fallecimiento, quizá algunos pocos sean de verdad sinceros, pues sabido es que no hay que pensar como alguien para admirar la consecuencia de su pensamiento y de sus actos. Pero de la mayoría de los que se pronunciaron por sus cuentas Twitter o Facebook, lo que me inspira es rechazo e indignación pues notoria es su intención de instrumentalizar a Felipe en contra del Proceso de Cambio que no es propiedad de nadie, sino de todos y todas quienes se levantaron contra el sistema capitalista y su variante táctica, el neoliberalismo. También es verdad, sin embargo, que el Mallku nunca dejó de poner sobre la mesa las diferencias con los conductores del Proceso de Cambio, particularmente con los que compartió militancia en el EGTK, y eso no lo hace ni traidor ni vendido a la derecha. Es más, el líder aymara siempre se opuso a la forma de cómo se estaba construyendo el Instrumento Político que en marzo de 1995 tomaría el nombre de Asamblea por la Soberanía de los Pueblos (ASP) y del que luego nacería el Movimiento Al Socialismo (MAS). Pero esa es otra historia.

Hay que tener cuidado. En circunstancias como la presente, la derecha, a través de sus medios de comunicación, sus intelectuales y sus políticos, busca sacar provecho a la muerte de Felipe. Un indianista radical no puede perder de vista que el Mallku luchaba principalmente contra las estructuras coloniales y capitalistas. La derecha querrá instrumentalizar y cosificar su ejemplo. Los pueblos deben de evitarlo, resignificarlo e incorporarlo en el debate abierto y sincero que se debe tener en todos los niveles para construir la táctica y la estrategia correctas de la revolución socialista y comunitaria. El legado de Felipe puede ser de gran valía. ¡Honor y gloria para el comandante aymara!


* Periodista y escritor.

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