marzo 7, 2021

Fleck y Francisco empiezan con “F”


Por Carla Espósito Guevara * -.


La ahora mítica película de Todd Phillips, “The Joker”, cuenta la historia del Guasón, Arthur Fleck, un payaso perturbado por una cadena de discriminaciones, rechazos, frustraciones y bullying que lo conducen a la locura. Fleck era un extraño comediante que reía compulsivamente pero, paradójicamente, no podía hacer reír a su público. Tras haber asesinado a un popular presentador de televisión frente a las cámaras, Fleck es apresado por la Policía y, mientras era conducido a prisión, es rescatado por la multitud que lo convierte en el héroe de una sui géneris manifestación contra las élites poderosas de Ciudad Gótica.

Muchos interpretaron la movilización de los payasos como una rebelión de los blancos empobrecidos por el sistema que terminan votando por Trump o como una rebelión de los marginados contra las políticas de austeridad y los efectos del neoliberalismo que genera un amplio proceso de exclusión social.

Hace unos días, la historia de Todd Phillips cobró realidad, no en Ciudad Gótica, sino en la localidad de Panguipulli, Chile. Un malabarista de 27 años, de los cientos que trabajan en los semáforos de las ciudades latinoamericanas, llamado Francisco Andrés Martínez, fue asesinado a tiros por la policía local, a plena luz del día y a la vista de su propio público, por el absurdo delito de no acceder a una requisa de identificación. Casualmente, Francisco era el tío de aquel joven de 16 años que meses atrás fuera arrojado de un puente al río Mapocho en Santiago, también por Carabineros, en un intento de asesinarlo.

Ambos, Fleck y Francisco, eran jóvenes marginados que vivían de un público callejero. Fleck padecía problemas mentales, Francisco tenía esquizofrenia. Tanto el asesinato de Francisco como el apresamiento de Fleck, desatan intensas movilizaciones populares, barricadas e incendios de varios edificios públicos y ambos se convierten en símbolos de la indignación contra las élites y los efectos del neoliberalismo desregulado y salvaje, cuyo resultado es el obsceno enriquecimiento de un pequeño sector que, como contraparte, crea una gran masa de pobres y marginados, de jóvenes que sienten que no hay futuro, así como enormes bolsones medios empobrecidos que se comen diariamente el futuro en una espiral que no tiene fin.

Con certeza, Francisco no imaginó convertirse en el protagonista de una historia distópica que
parece sacada de una película de Phillips. Pero sin buscarlo devino en referente de una movilización contra la Policía y contra un sistema que se cae a pedazos y solo se sostiene por la brutalidad de los cuerpos de uniformados. Francisco y Fleck comienzan con “F” de furia. Fleck significa mancha. Quizás esa enorme y furiosa mancha humana que cada día crece contra el sistema. Contra una sociedad en la que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de alumbrar, y en su agonía se lleva ojos, vidas, cuerpos torturados y lo más hermoso que tiene una sociedad: su juventud.


* Socióloga.

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