septiembre 22, 2021

Edgar Ramírez Santiesteban: el iceberg del que solo conocimos la punta


Por Fernando Rodríguez -.


«No soy del MAS, el MAS es mío», Edgar Ramírez

No fue casual la tormenta eléctrica que acompañó tu partida. Era el homenaje de tus fuerzas pares, pues tenías la misma energía de Illapa, el dios andino del rayo.

Muchos lloramos el saber que no tendremos el contacto cotidiano para compartir noticias, análisis político o información geopolítica que se produce a diario en el planeta. Sin duda extrañaremos ese ritual que nos hacía tan camaradas, compañeros, tan hermanos.

Este no es solamente un homenaje a la amistad, sino la necesidad de que hoy, que has partido, la gente sepa lo que no quisiste difundir por humildad, por absoluto deseo de no figurar y fundamentalmente por disciplina militante.

Hermano, ahora que partiste, es justo que todos sepan de tu verdadera talla, que es mucho mayor que aquella que se te conocía: lo que mostrabas era solo la punta de un iceberg.

Se te conocía como dirigente minero, pero pocos sabían que eras sastre, vestonero, o sea, maestro. Que en esa condición laboral te hiciste comunista y la consecuencia de tu disciplina partidaria te llevó a trabajar en el interior de mina como perforista, para hacer trabajo político. Ahí perdiste un tercio de tus pulmones que hoy te han hecho tanta falta. Como militante comunista pronto te destacaste por la sobriedad, en el cumplimiento ejemplar de las tareas asignadas.

A los 18 años caíste por primera vez preso, y los archivos que fueron del Ministerio de Gobierno, y que hoy están en el Departamento Segundo del Ejército, conservan aún la ficha con la foto en la que apareces con el pómulo hinchado por el golpe que recibiste en presidio.

Tu lealtad y seriedad te llevó a ser parte del aparato del Partido, el tesorero para ser preciso, tarea solo para gente probada y con honestidad, como tú decías, “de acero inoxidable”. Así fuiste haciéndote más grande entre los mineros que te admiraban no solo por el espectacular físico que criabas, sino por la valentía y claridad para defender los principios de la clase obrera con argumentos y, si lo ameritaba, también a puñetes.

En este criarte, tu compañera y esposa fue un pilar de tu calibre. Elvira Cuellar, vallegrandina ella, militante comunista también, tenía responsabilidades tan grandes como las tuyas, y una de ellas era la de comprar armas para la clase obrera que empezaba a vislumbrar la traición de la derecha movimientista, en pleno proceso del 52. Inti, Coco, Aniceto, Benjamín, Vásquez Viaña, no aparecen por arte de magia planteando la lucha armada como método de toma del poder. En los orígenes de esa decisión política, militaron tú y Elvira, mucho antes de las guerrillas del Che en Bolivia.

Los legendarios mineros Irineo Pimentel y Federico Escobar dejaron el escenario para el surgimiento de una nueva camada de dirigentes, entre otros, Simón Reyes, Óscar Salas, los hermanos Lora, entre los que aparecías como el más joven de ellos, razón por la que Lechín te agarró tan grande aprecio y cariño, al punto de romper en llanto cuando se enteró del delicado estado de salud por el que atravesabas hacen más de dos décadas.

Respondiste consecuentemente a los dictados de las bases, siendo apresado innumerables veces hasta ser actor y víctima de una de las primeras operaciones del Plan Cóndor, cuando fuiste detenido en Bolivia y residenciado en la Isla Chiloé, en la población de Dalcahue, en el sur de Chile, junto a René Higueras del Barco, Jorge Moye Fernandez, Roberto Vega Gamarra y Jorge Velarde Torres.

El Cóndor de Banzer y Pinochet así empezó contigo y otros compañeros que de cinco en cinco fueron alojados en las casi desérticas islas, habitadas mayoritariamente por lobos marinos y pingüinos.

Allí, además de ganarte el cariño de los chilotes dalcahuinos, te hiciste amigo de un zapatero anarquista, que poseía algunos libros comunistas y anarquistas, que leíste varias veces porque eran los únicos textos a los que accediste en esa isla. Entre ellos te llamó la atención uno de poesía de Pablo de Rokha, quien acusaba a Pablo Neruda de robarle sus poemas.

Fuiste exiliado a Holanda, desde donde volviste a Bolivia para continuar en la resistencia a la dictadura de Banzer. Después de un tiempo en la clandestinidad, en tu ciudad Potosí, volviste a salir del país cumpliendo tareas del que era aún tu partido: el Partido Comunista de Bolivia (PCB). Atendiendo las mismas encontraste en el Instituto de Estudios Latinoamericanos a un Mario Monje, totalmente rapado, que en Moscú se hacía llamar Mario Molina. El “Negro”, como le decías, en una oportunidad te presentó a Ramón Mercader, acusado de acabar con la vida de Trotski.

Llegaste a ser un destacado cuadro en Lubianka y en Frunze, en la escuela de formación de cuadros de inteligencia, tarea que no solo te brindó las metodologías sino la profunda capacidad de análisis que tenías y que te acompañó toda tu vida, pues poseías las cualidades de un experto analista: agudeza, capacidad de imaginar escenarios posibles, pero sobre todo la necesaria sobriedad, silencio, reserva y poca visibilidad en tu vida diaria.

Pocos saben que en tu viaje de invitación para la celebración del 60 aniversario del Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS), un joven, con una mancha roja sobre la frente, era tu attaché, es decir, que te habían asignado como tu guía y acompañante a Mijail Gorbachov para esos actos de celebración. El futuro presidente de la URSS te cargó el maletín durante todos los eventos del festejo revolucionario.

Hombre crítico como eras, con profunda formación marxista-leninista, no te convencieron los argumentos de tus dirigentes partidarios y rompiste con el PCB porque no compartiste las tesis socialdemócratas, en el ámbito económico, que llevaron a la Unidad Democrática y Popular (UDP) al despeñadero y a la clase obrera hasta la puerta del matadero. Es que eras un revolucionario que decía lo que pensaba y actuaba en consecuencia. El 83 abandonaste el Partido, pero jamás dejaste de ser comunista.

Otra historia que no hiciste pública fue la que en pleno proceso de hiperinflación, saliendo de la etapa de la UDP, te llevó hasta Palestina a conversar con Yasser Arafat, quien estaba interesado en otorgar un financiamiento de 80 millones de dólares para la rehabilitación de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol). El 21060 echó por la borda ese proyecto en el que tanto esfuerzo habías desplegado.

Si bien lo que viene a continuación es noticia de público conocimiento, no por eso es menos importante destacar: fuiste el único minero de la Empresa Minera Unificada (el otro fue el olvidado Víctor López Arias, que murió en una condición de pobreza similar a la de Juana Azurduy) que se negó a recibir indemnización como efecto del 21060, y, a regañadientes de la empresa y el Gobierno, fuiste reincorporado, cumpliendo las más duras tareas en calidad de estibador, situación que aceptaste sin quejarte, porque era la victoria moral de un obrero frente al neoliberalismo que pretendía imponerse con la relocalización. Ya entonces tu figura de gigante se destacaba con claridad.

Fue allí que se incrementó tu pasión por la historia y los documentos históricos institucionales, porque toneladas de papel, o si quieres kilómetros de metros lineales de documentos, te convocaron a rescatarlos, ordenarlos, sistematizarlos hasta lograr organizarlos con las más modernas técnicas archivistas. Recogiste, o dicho de otra manera, los rescataste de la basura, para convertirlos en el alma del futuro Archivo de la Minería Boliviana, donde te hiciste el experto documentalista que logró por cinco veces el reconocimiento y premios de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), por los hallazgos documentales de importancia mundial que lograste.

Fuiste celoso guardián de información estratégica de la minería boliviana, tarea que vigilaremos que los futuros responsables la cumplan con tu mismo celo.

Eras un marxista que no tenía los perfiles de Marx y Engels adornando su entorno. En tu despacho tenías retratos de Busch y Villarroel. ¿La razón? Simplemente admirabas a ambos presidentes por haberse enfrentado a la rosca minera, planteado el control del 100% de las divisas y la industrialización de los minerales bolivianos. Los admirabas porque defendieron la riqueza de los bolivianos. No eras un dogmático.

Tu marxismo interpretaba la realidad concreta, con el análisis concreto y temporal de los acontecimientos. Gran admirador de Mariátegui, te desafiabas a entender la realidad boliviana no solo para interpretarla, sino transformarla, pero en clave boliviana.

Como pocos marxistas, comprendiste por experiencia de vida las dimensiones del socialismo comunitario, pues tus compañeros en la mina tenían origen campesino y viviste con ellos el traslado de una cultura campesina hacia la mina, produciendo una síntesis política nueva con rasgos anticapitalista, anticolonial y antiimperialista.

Por eso apostaste por el Estado Plurinacional como respuesta a la agresión de las roscas oligárquicas locales y los intereses transnacionales. Y tu apuesta fue definitiva.

Pese a incontables invitaciones, te negaste a asumir el Ministerio de Minería o la Presidencia de Comibol, sencillamente porque la exigencia legal requería de títulos académicos y no querías salirte de las reglas.

Sin embargo, tus aportes y puntos de vista en el ámbito de la minería los exponías nítidamente, aunque muchas veces las propias autoridades ministeriales extrañamente te los degradaron, pese a lo categórico de tus argumentos.

Consecuente en la lucha por la consolidación del Estado Plurinacional, te enfrentaste a la dictadura de Áñez, para desde la clandestinidad articular el Colectivo Revolucionario Plurinacional (CRP), con otros compañeros y compañeras marxistas que apoyaban el Proceso de Cambio, pero que no dejaban de ser críticos con sus desaciertos.

Resististe, orientaste, te hiciste escuchar con las dirigencias movilizadas en agosto de 2020, que, en definitiva, fue la fecha que marcó la victoria electoral de noviembre del mismo año. Tu innata calidad de analista y militante fue la piedra angular del Colectivo y una vez más del Proceso de Cambio en el nuevo momento histórico que le toca enfrentar.

La industrialización; la incorporación de valor agregado; la prospección de yacimientos de tierras raras y su tratamiento en nuestro territorio, fueron ideas que abanderaban tus intervenciones.

Diste línea en el tema minero, en un momento en que este se volvió un territorio en disputa por los intereses de las transnacionales y sus lacayos que muchas veces aparecen vestidos de cooperativistas mineros o de técnicos y hasta de directivos de Comibol o el Ministerio de Minería.

En muchos casos los cooperativistas son empresarios que alquilan sus minas y la vida de sus trabajadores en beneficio de las transnacionales. Quisiste discutir este tema al interior del Proceso de Cambio, pero no encontraste el oído receptivo y con capacidad política para revertir la actual situación que está marcada varias veces por signos de corrupción.

Nunca te doblegaste al discutir los intereses estratégicos nacionales y ese legado lo mantendremos por siempre.

Tampoco debemos olvidar al “Huracán” Presidente Alterno de la Comisión de la Verdad, siempre crítico, exigente sin ser vertical, acucioso con la información y sumamente analítico de los datos que se producían. Los 11 tomos de su informe fueron en gran medida orientados por tus criterios. Jamás olvidaré que cuando una ONG nos falló con el ofrecimiento de financiar a un conocido abogado consultor, no dudaste en pagar de tu bolsillo, junto a otra compañera, para cumplir el compromiso, aunque obtuvimos un pírrico producto. Es que eras hombre de palabra. En la Comisión de la Verdad y el archivo de Comibol eras el jefe que sabe escuchar y orientar a sus dirigidos, para marchar juntos en el trabajo y cumplir y realizar los objetivos y planes.

Pero, además, debemos hablar del “Huracán” músico, eximio guitarrista, poseedor de antiquísimas y raras guitarras. Imposible no recordar al Edgar incansable y actualizado lector, hombre de inmensa cultura, a pesar de haber cursado solo cinco años de escuela. El Edgar experto en la obra literaria de Gabriel García Márquez y estudiosos de ella, o conocedor y poseedor como pocos de diversas ediciones y hasta incunables del Quijote.

Cómo no hacer referencia al “Huracán” amante de los perros, al Edgar Ramírez con vocación de director de cine, que creó una puesta en escena cinematográfica cuando diseñó todo el guión del acto de reconocimiento del Archivo de Comibol al maestro Jorge Sanjinés.

Pero también hay que hacer referencia al hijo que amó a su madre, una luchadora social que con la huelga de hambre hizo posible la apertura democrática del 1978, así como al padre y abuelo comprometido con su familia. En este momento, te recuerdo bajando con humildad la cabeza para recibir la bendición del cardenal Toribio Ticona, viejo conocido tuyo por haber sido igual minero.

Tus guitarras y tus libros te extrañarán, tus innumerables discos de vinilo, CDs y hasta casetes de música, esperarán que tu mano les vuelva a dar vida, haciéndolos vibrar en tus equipos para volver a escucharlos desde donde estés.

Por todo esto, querido hermano, compañero, camarada, fuiste un gigante de la historia política del movimiento obrero y sindical de Bolivia. Pero sobre todo un hombre de bien, como quedan pocos, un auténtico revolucionario que nos enseñó a conjugar la teoría con la práctica, con una ética política que hoy ya no se conoce.

Tus amigos seguiremos tus recomendaciones, enseñanzas y aportes en la discusión para fortalecer el Estado Plurinacional, materializar el socialismo comunitario y construir una patria que defienda sus intereses ante las transnacionales, valore sus recursos estratégicos y los industrialice, respetando a la Pachamama que ahora te cobija amorosamente entre sus brazos.

Ya volveremos a tomar la taza de té que tantas veces nos convocó.

Hasta luego amigo, hermano, compañero, camarada.

¡Honor y gloria! ¡Hasta la victoria siempre!

¡Edgar Ramírez Santiesteban!

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