abril 11, 2021

El 21F no es bandera democrática


Por Carlos Echazú Cortéz * -.


Acercándose nuevamente el 21 de febrero, la derecha boliviana se prepara a realizar otra puesta en escena a fin de consolidar su narrativa en torno a una “lucha democrática contra una feroz dictadura populista” y, de este modo, tergiversar las cosas. Por eso, resulta importante reflexionar en torno al significado del 21F para determinar que, de ninguna manera, representa una bandera democrática. Son varias consideraciones las que nos llevan a esta conclusión.

Por un lado, el raquítico triunfo de la derecha en ese referéndum fue obtenido mediante una manipulación grosera de la opinión pública con una mentira vergonzosa hecha unos días antes de la votación. Dos periodistas, de larga y amplia tradición en las filas de las fuerzas conservadores y neoliberales del país, fueron la punta de lanza en esta campaña anunciando “el descubrimiento” de una red de tráfico de influencias en contrataciones del Estado, encabezada por Gabriela Zapata, con quien Evo Morales tuviera un hijo.

El detalle del supuesto hijo fue fundamental para vincularla con el entonces presidente. Si bien la mentira se vino abajo tiempo después, pues no existía el mentado hijo, no hubo el tiempo necesario para desenmascararla al momento del referéndum y, de este modo, surtió el efecto de volcar la votación a su favor. Entonces, cabe reflexionar, ¿puede ser bandera democrática una grosería de ese calibre? Incluso llegaron a pretender presentar a otro niño como si fuera hijo de Evo Morales.

Al margen de esta deshonesta y repugnante táctica electoral, urge meditar sobre cuestiones de principio. Veamos. El derecho electoral no implica solamente el derecho al voto. No sirve de nada que los ciudadanos tengan la plena facultad de votar si es que los candidatos representan, todos ellos, la misma tendencia política.

Eso es lo que ocurría con nuestra democracia en los tiempos del neoliberalismo, cuando todos los candidatos, con posibilidades de éxito, representaban la misma adscripción al neoliberalismo. De allí que el pueblo llegó a la convicción de que “el pueblo vota, pero no elige”. No tenía ningún sentido votar por uno u otro, puesto que, a la postre, eran lo mismo. Además, aunque en las campañas electorales se echaban basura entre ellos, una vez realizado el cómputo de votos conformaban alianzas, “un gobierno de coalición”, lo que anulaba completamente el principio democrático de soberanía popular.

Por eso es que el derecho electoral implica, además del derecho al voto universal, el derecho a tener un candidato propio. Entonces, eso es lo que en realidad se votó el 21F, es decir, la posibilidad de que los indígenas y humildes tengan su propio candidato. Ese solo hecho revela el carácter antidemocrático de aquel referéndum. Hasta antes de la Revolución del 52 los indígenas no tenían derecho a votar, mientras que lo que se pretendía el 21F era que los indígenas no tuvieran candidato. Por eso es que el 21F implica la pretensión de retrotraer a nuestra sociedad a la realidad pre-52, cuando se impedía el derecho electoral de los indígenas.

Este argumento puede ser respondido de dos maneras. La primera, es que fue el mismo gobierno de Evo el que propuso y convocó al referéndum. Ciertamente, pero esa fue la respuesta a la también grosera manipulación de la derecha cuando se discutía la nueva Constitución Política del Estado (CPE) y allí llevaron a cabo un berrinche antidemocrático, violento y fuera de norma, para revertir la determinación mayoritaria de los asambleístas que inicialmente habían decidido la reelección indefinida. Ahí está la tercera razón del carácter antidemocrático del 21F.

Por otro lado, se podría contraargumentar que no se estaba prohibiendo que el Movimiento Al Socialismo (MAS) tenga un candidato, pues podía elegir otro distinto a Evo Morales. Argumento tramposo, puesto que no puede la contraparte decidir cuál de tus representantes va a ser tu candidato; debe ser el propio movimiento el que elija entre sus dirigentes. Resulta absurdo que los candidatos perdedores puedan postular las veces que ellos quieran, mientras que el candidato ganador no puede repostularse más de una vez. Ahí está, una vez más, el carácter antidemocrático del 21F.

Con esta argumentación no se pretende afirmar que fuera correcta la habilitación forzada de la candidatura de Evo Morales, una vez que se perdió el referéndum. Ciertamente fue un error político. Pero no se pretenda que el 21F es una bandera democrática.


* Militante de la izquierda boliviana.

Be the first to comment

Deja un comentario