septiembre 23, 2021

La vacuna anticovid y la geopolítica


Por La Época-.


México denunció el miércoles pasado (17 de febrero) ante al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas la gran desigualdad que hay en el mundo en el acceso a las vacunas anticovid. La Comunidad del Caribe (Caricom) propuso, casi simultáneamente, una cumbre mundial para garantizar la distribución equitativa de las vacunas para beneficio de toda la población del planeta. Alemania señaló que se han invertido millones de euros para que los laboratorios encaren la tarea de encontrar y desarrollar la vacuna, por lo que tampoco es criticable hablar de negocio a la vez.

No hay duda que, como ocurre en el capitalismo, todo está sujeto a la ley del valor. Las vacunas no escapan a esa realidad, véase desde cualquier ángulo. Desde el punto de vista geopolítico, es notoria la diferencia entre lo que ya está sucediendo en los países del capitalismo central y las naciones del sur global. En los primeros las vacunas empiezan a circular por millones y en medio de una guerra, bastante disimulada, pero guerra al fin, entre las corporaciones farmacéuticas que, como el caso de Alemania y Estados Unidos, recibieron apoyo estatal. El segundo grupo de países se aferra al mecanismo Covax para tratar de obtener lo que más se pueda para sus poblaciones y también mediante negociaciones directas con los que ya están produciendo sus vacunas, como es el caso de la rusa Sputnik V o la británica Astrazeneca.

Desde una perspectiva más interna, en cada uno de los países del mundo, salvo honrosas excepciones, es inobjetable que el acceso a las vacunas está en dependencia de la clase social o el color de la piel. Por ejemplo, en Estados Unidos los pobres y los negros acceden en menor porcentaje respecto de las otras clases sociales, ni qué decir de los más privilegiados. Sin embargo, hay países europeos con un sistema similar al estadounidense que garantizarán el acceso gratuito de sus poblaciones, en una suerte de recuperar algo del desplazado Estado del Bienestar. Esta objetiva diferencia no es más que una prolongación de las profundas contradicciones inherentes a un sistema económico-social que le pone poco de interés para cuidar las propias fuentes de su incesante e irracional reproducción, como es el ser humano y la naturaleza.

Pero no todo es oscuro. Hay países que están en la línea de apoyar a las naciones del sur global con vacunas e insumos médicos, como es el caso de la India, que enviará la vacuna Astrazeneca –desarrollada por la Universidad de Oxford y producida en su país– a varios países de la región asiática y del África. Por otra parte, México ha expresado su deseo de participar en la tercera y última fase del ensayo de una de las cuatro vacunas que los científicos cubanos están desarrollando. A pesar del bloqueo y la pandemia, cuyos efectos en la economía de la mayor de las Antillas son muy duros, el Estado cubano viene desarrollando las vacunas Soberana 01, Soberana 02, Aabdala y Mambisa, cuyas pruebas últimas se producirán en marzo en la isla e Irán, otro de los países sometido a sanciones estadounidenses. Y como ya lo ha demostrado de hace décadas, socialismo es solidaridad, y esta vez no será la excepción. Cuba salva vidas.

En ese panorama objetivo, que como vemos no escapa a la dinámica de las relaciones centro/periféricas, es que se debe hacer un balance de los esfuerzos que hacen gobiernos como el boliviano para garantizar que la población acceda a una vacunación gratuita contra el Covid-19. Lo demás es politiquería.

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