abril 23, 2021

Los municipios y la basura: cómo cerrar la economía circular

Por Iván Zambrana Flores-.


Aunque en Bolivia la tradición política es presidencialista, muchas de nuestras necesidades más próximas son atendidas por los gobiernos locales, particularmente la disposición de basura y desechos es uno de los servicios más importantes que deben asegurar. Esta función parece simple, pero tiene múltiples aristas de acuerdo al enfoque de desarrollo que se quiere desplegar.

Hoy nos encontramos en medio de un intenso periodo electoral precisamente para elegir gobiernos regionales y locales, incluyendo gobernadores, asambleístas departamentales, alcaldes y concejales. Al calor de esta contienda, candidatos de todos los colores han propuesto afrontar el problema de la basura principalmente con programas de reciclaje –casi como panacea–, y más recientemente, enmarcándolos en el paradigma de moda, denominado “economía circular”. [1]

Este enfoque propone superar la insostenibilidad del esquema lineal de producción en el que la materia prima es extraída, se convierte en un producto que luego es consumido, para finalmente ser desechado. Es decir, la circularidad consistiría en convertir los residuos de estos procesos en nuevos insumos de producción, por ejemplo, usando el bagazo de la caña para producir energía o convertir las botellas plásticas en alfombras. De esta manera se lograría tanto reducir la generación de desechos, así como la presión extractiva sobre los recursos naturales.
A primera vista, esta manera de afrontar el problema de los desechos parece tener mucho potencial. Pero los problemas siempre se esconden en los detalles. Tres preguntas son particularmente urgentes para aplicar este enfoque en nuestro contexto:

Pregunta 1: ¿Quién cierra el círculo?

El procesamiento de residuos no es una idea nueva. Muchos hemos negociado alguna vez con quienes se dedican a recolectar botellas, papel o chatarra. Pero más allá de esta recolección formal, existen además miles de personas que viven de buscar objetos de algún valor en las calles y en los botaderos de los distintos municipios del país. Estas personas, en su mayoría mujeres, niños y niñas pobres, se exponen a múltiples riesgos a cambio de módicos ingresos. Sin saberlo ni buscarlo, este ejército escondido ha venido cerrando el círculo durante décadas con su arduo trabajo y sacrificando su salud, para el bien de toda la población. Los más beneficiados del intercambio tremendamente desigual en torno a este servicio somos las clases medias, que ni siquiera nos dignamos a facilitarles el trabajo separando la basura en origen.

Pregunta 2: ¿Es un círculo simétrico

Así como sucede entre personas, el intercambio desigual ocurre entre países. Por ejemplo, una cantidad inimaginable de ropa usada y descartada en países desarrollados es vendida en los países en desarrollo. Solamente Estados Unidos exporta 500 mil toneladas de ropa usada anualmente. [2] A consecuencia del precio bajo con el que se vende este producto de desecho, los países receptores dejan de producir prendas de vestir para su población. En consecuencia, sociedades enteras adoptan formas explotadoras de producción en maquilas y formas de consumo indigno y dependiente, construyéndose en una injusticia ambiental de escala global. Este es un claro ejemplo de cómo la mentada circularidad puede ayudar a “solucionar” un problema de sociedades consumistas mientras genera otros en los países más pobres debido a las asimetrías históricas de poder.

Pregunta 3: ¿La economía circular puede funcionar a escala municipal?

Los municipios, en particular los que contienen ciudades de tamaño considerable, son territorialidades en las que podría ser factible implementar programas de gestión integral de residuos en el marco de la economía circular, dado que la Constitución les otorga esta competencia de manera exclusiva. Sin embargo, la economía circular presupone un reconocimiento del sentido de interdependencia entre sus diferentes sectores económicos y sociales. Lamentablemente, la degradación del tejido social ha ocasionado que no exista suficiente sentido de comunidad para que los municipios puedan relacionarse de manera positiva a nivel de edificio, de cuadra, de barrio y de área metropolitana para complementarse y cerrar círculos. Al contrario, además de despreciar a quienes se dedican a recolectar desechos, las ciudades grandes como La Paz acomodan botaderos o rellenos sanitarios en barrios más pobres –el caso de Alpacoma, por ejemplo– o en municipio rurales aledaños, imponiendo abusivamente impactos ambientales sobre sus pobladores y los municipios vecinos, lo que termina acumulando tensiones y conflictos.

Además de respondernos estas preguntas, para implementar la economía circular como práctica ecológica y política, es necesario comprender el contexto global. En las últimas décadas China era el mayor procesador de basura del mundo desarrollado. Gracias a su crecimiento económico, este país decidió en 2017 prohibir la importación de residuos sólidos. [3] Debido a esto, la Unión Europea (UE) y otros países ricos han usado la bandera de la economía circular para convencer a los países del sur global de “ponerse la camiseta” verde y aceptar los desechos que China ya no está dispuesta a aceptar. Es por eso que ha habido un crecimiento exponencial en literatura y la propaganda sobre el tema, mismo que debería ser analizado críticamente por quienes buscamos encontrar soluciones sustentables para nuestros países.

Finalmente, para buscar alternativas con justicia social y justica ecológica, bajo el enfoque de Derechos de la Madre Tierra, [4] es necesario asegurar que el círculo se cierre de manera justa y equitativa para los más vulnerables en cada gobernación y alcaldía. Una manera de hacerlo es superar la ruptura humano-naturaleza, [5] y entender a las comunidades humanas y sus asentamientos como organismos donde ocurren flujos e intercambios de materia, energía e información, bajo la certeza que si alguien gana, alguien más pierde. Como comprendía en su momento Marx, el análisis ecológico político de este “metabolismo social” permite identificar el origen de los desequilibrios causados por la producción lineal, y también buscar maneras de superar las limitaciones de la economía circular, para que los círculos se puedan cerrar para bien de todos y sin que nadie explote ni sea explotado.


* Especialista en ecología política y cambio climático.


1 Para más detalles se puede revisar Cerdá, E., & Khalilova, A. (2016). Economía circular. Economía industrial, 401, 11-20.
2 Anguelov N. (2016). The dirty side of the garment industry: Fast fashion and its negative impact on environment and Society. Boca Raton: CRC Press.
3 Brooks, A. L., Wang, S., & Jambeck, J. R. (2018). “The Chinese import ban and its impact on global plastic waste trade”. Science advances, 4(6), eaat0131.
4 Ver Silva Maturana, Cynthia (2021). “Crisis global, democracia y Derechos de la Madre Tierra”. La Época, No. 898, del domingo 14 al 20 de febrero de 2021.
5 Ver Molina Vargas, Rafaela (2021). “La colonialidad de la ruptura humano-naturaleza”. La Época, No. 895, del domingo 24 al 30 de enero de 2021.

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