julio 23, 2021

Chávez, un gigante


Por La Época-.


Hace ocho años, tras varios meses de verdaderas batallas por la vida, el 5 de marzo de 2013 fallecía el presidente venezolano, Hugo Chávez Frías, aquejado por un cáncer del que existen sobradas sospechas le habría sido inoculado por esa oscura fuerza que se opone a que los pueblos conquisten su plena independencia. Y es que el sacar a Chávez del tablero geopolítico –nacional, continental y mundial–, por cualquiera de los métodos que fuese –políticos, militares o microbiológicos–, era una necesidad imperiosa y figuraba en la agenda de los que forman parte de ese amplio grupo en el que militan activamente, abierta o encubiertamente, los que apuestan por la reproducción de las relaciones de dominación/subordinación.

El teniente coronel venezolano, tras un fracasado golpe cívico-militar del 4 de febrero de 1992 y que a la postre se transformaría en un triunfo político, se alzó victorioso en las elecciones de diciembre de 1998, cuyo valor político para la Región radica en que abrió las puertas para el ingreso en escena de lo que se vino a llamar el ciclo de gobiernos progresistas y de izquierda en América Latina y el Caribe. La resistencia al neoliberalismo y al proyecto anexionista del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) adquirió tal fuerza con la instalación y desarrollo de la Revolución bolivariana que no solo se debilitó el bloqueo norteamericano contra Cuba, sino que dio lugar a un intenso movimiento de integración regional. El nacimiento del Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA), que tras el ingreso de Evo Morales al gobierno se convirtió en ALBA-TCP; el surgimiento de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), el empuje del gobierno brasileño; y la conformación de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), a pesar del boicot uribista, no se explican si esa extraordinaria fuerza, totalmente humana, de ese gigante militar y político venezolano y latinoamericanista que apostó por el socialismo como respuesta a la dictadura del capital.

Sería un error negar que la desaparición de Chávez no afectó el curso de la ola revolucionaria continental. Si bien en 2009 el otro gigante, Fidel Castro, advertía, en un artículo titulado “El canto de los cisnes”, que a la finalización del primer mandato de Barak Obama (2008-2012) muchos países iban a volver a ser gobernados por partidos neoliberales, también es verdad que la fuerza política y moral del líder bolivariano iba a representar un gran factor de contención de la estrategia estadounidense para América Latina y el Caribe. Es más, si algún momento fue posible instalar en el imaginario mundial la posibilidad de avanzar hacia un mundo multipolar es en ese periodo de vida del que, siguiendo el camino del Che, definió la revolución como la causa amorosa.
Dejando a Fidel Castro de lado, nadie ha logrado ocupar el lugar de Chávez como referencia política y moral en Nuestra América. A ocho años de su partida, evocar a Chávez es hacerlo desde la trinchera y la voluntad inquebrantable de seguir luchando para conquistar la plena independencia económica y soberanía política de América Latina y el Caribe.

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