septiembre 18, 2021

La “querella de los diplomáticos de carrera”. ¿Qué se oculta detrás?

Por Carla Espósito Guevara-.


Días atrás varios medios de comunicación nacionales hicieron eco de una denuncia encabezada por el Sr. Javier Viscarra, en relación a una masacre blanca que el canciller Rogelio Maya habría realizado en Cancillería con los “diplomáticos de carrera”, misma que generó un debate, tanto en redes sociales como en medios de comunicación, con muchos mensajes basados en verdades a medias o falsas verdades que es necesario desmontar y que ningún medio analizó a profundidad.

La formación en la Academia Diplomática

La primera falsa verdad es que no solamente durante los gobiernos neoliberales (Paz Zamora, Sánchez de Lozada, Jorge Quiroga y Carlos Mesa) se formaron diplomáticos. En la gestión del excanciller David Choquehuanca la Academia Diplomática no cesó de funcionar. En ese periodo egresaron cinco generaciones de la Academia, con diploma académico de Maestría en Diplomacia y Relaciones Internacionales, reconocido por el Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB).

Adicionalmente, el 70% de los funcionarios del servicio central que ingresaron por otras vías (conforme estipula la Ley 465 de Servicio de Relaciones Exteriores) realizaron maestrías de especialización, ya sea en Comercio Internacional, Gestión Consular o en Política Internacional, algunos incluso a través de convenios internacionales con universidades de España, en los que se formó tanto el excanciller Diego Pary como el actual vicecanciller Freddy Mamani. Además, la Academia Diplomática Plurinacional desarrolló una plataforma virtual en la que se impartieron programas académicos de formación y capacitación permanentes de actualización a todo el servicio exterior. Esto significa que un alto porcentaje del personal de la gestión de Choquehuanca, sea del servicio central o exterior, realizó, como mínimo, un curso de formación en relaciones internacionales.

No obstante, la gran mayoría de estos funcionarios formados durante la mencionada gestión, fueron despedidos primero por el excanciller Huanacuni, y después, masivamente, en la gestión de Longaric, cuyo objetivo era deshacerse de todos los funcionarios formados en la gestión anterior. Por eso, en los meses que duró el gobierno de facto de Áñez, se ejecutó una verdadera masacre blanca cuyos despidos pueden contarse por centenares, pero extrañamente ningún periódico, periodista o medio de comunicación dijo algo al respecto, todos guardaron un sospechoso silencio, incluida la Asamblea de Derechos Humanos que hoy, en su extravío, da palestra a los diplomáticos querellantes.

El escalafón diplomático exprés

Pero la formación de la carrera diplomática no supone solamente el elemento de capacitación vía Academia Diplomática, sino también la rotación de cargos y ascensos. Es decir, debe existir el movimiento de los diplomáticos capacitados por la Academia en distintos cargos a través de todo el sistema diplomático central y extranjero, multilateral, bilateral o consular. La gestión de Choquehuanca empezó a trabajar un proceso de movilidad de sus egresados para garantizar este segundo aspecto de la carrera diplomática. Sin embargo, no alcanzó a aprobar un nuevo reglamento de escalafonamiento, acorde a la nueva Ley del Servicio Exterior (465), que sustituyera al antiguo, garantizando un sistema de evaluación permanente de los funcionarios, sus ascensos e inamovilidad.

De ahí que el único logro de la gestión de Longaric es haber establecido ese reglamento de escalafonamiento diplomático, redactado en el tiempo récord de 41 días. Quizás debido a tal agilidad es que carece de respaldo jurídico y técnico. A este reglamento se acogió un grupo de funcionarios que apoyaron el golpe y otros antiguos que regresaron a la Cancillería, bajo el paraguas de Longaric. El veloz proceso de selección operado bajo el mismo ha sido ampliamente cuestionado por su falta de transparencia, por ascensos exprés –sin ningún tipo de evaluación de méritos–, por la presencia de listas secretas, por trabajar un escalafón a puertas cerradas, porque no incluyó a todos los egresados de la Academia Diplomática, cuya dirección no tuvo la oportunidad de enviar su lista de egresados a la comisión evaluadora y aparecieron en reserva funcionarios que ni siquiera solicitaron ser incorporados al escalafón. Es decir, por un sinfín de inconsistencias técnicas que provocaron la renuncia tanto de la consultora contratada para el proceso evaluador, como del Director del Consejo Evaluador.

Entonces, cuando Viscarra dice que se está dejando al servicio exterior sin diplomáticos de carrera, se trata de una verdad a medias. Los despedidos no son todos los funcionarios de carrera, son solo aquella porción de diplomáticos que ingresaron con Longaric y aquellos que, habiendo apoyado el golpe, se acogieron al nuevo reglamento y al cuestionado proceso de escalafonamiento.

El tema de fondo de esta denuncia de los diplomáticos no se avoca tanto a la defensa de la mentada carrera diplomática como a la de intereses personales de un grupo de funcionarios que desea su inamovilidad en el Estado. En síntesis, es la defensa de un privilegio ganado en un proceso irregular y con un gobierno de facto.

¿Existe la neutralidad técnica de los diplomáticos de carrera?

Un tercer punto que se desprende de la denuncia que nos ocupa es si la carrera diplomática es técnicamente neutral. Hay quienes consideran que el Movimiento Al Socialismo (MAS) debería trabajar con los diplomáticos formados en el periodo neoliberal y, de hecho, al inicio de su gestión Choquehuanca intentó hacerlo, ya que en ese momento no podía prescindir de la experiencia acumulada por los viejos funcionarios, pero dos problemas surgieron: el primero, fue el sabotaje abierto de ciertos “diplomáticos de carrera” a su gestión; y el segundo, es que la diplomacia no es neutra. Como cualquier otra actividad política, entraña diferencias acerca de posicionamientos frente a los procesos mundiales. Dos ejemplos bastan para ilustrar esto.

Para la gestión de Choquehuanca un caro tema de su agenda multilateral era la solidaridad con el pueblo palestino frente a la ilegal ocupación del gobierno israelí sobre sus territorios, en cambio los funcionarios “de carrera” de Longaric, tan interesados como estaban en agradar al gobierno norteamericano, se desafiliaron de posicionamientos históricos y tradicionales del Movimiento de Países No Alineados (Mnoal) de solidaridad con Palestina. Algo que ni el gobierno de Bolsonaro se atrevió a hacer. Lo que le valió a Áñez el apoyo de Israel al golpe. ¿Será que como país en desarrollo nos corresponde estar de ese lado de la historia?

Otro ejemplo es la prioridad que el gobierno de Choquehuanca dio a la población migrante en el extranjero, que, contrariamente, a Longaric esto no le interesaba y prueba de ello fue el trato inhumano que los “funcionarios de carrera” de ella dieron a la población boliviana varada en el municipio de Colchane, Chile, durante la pandemia. Tan inhumano que el propio alcalde de Colchane se vio obligado a denunciarlo.

Entonces, la pregunta es ¿basta con estar escalafonado y contar con un rango para construir una carrera en el servicio exterior? Mi respuesta es no. Se necesita también una coincidencia con el posicionamiento político del gobierno al que se sirve. Ahí radica la complejidad y dificultad del servicio exterior y el origen de las disputas al interior de la carrera diplomática. ¿Se puede trabajar con funcionarios que fueron parte de un golpe de Estado y que, además, defendieron posiciones políticas adversas a los intereses de los países en desarrollo y a favor de países que ocupan sus territorios? Pienso que tampoco esto debería ser posible.


* Socióloga.

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