abril 15, 2021

La Nación, vocero del movimiento nacionalista revolucionario

Por Luis Oporto Ordóñez-.


Víctor Paz Estenssoro instruyó a José Fellman Velarde la creación de La Nación. “La unión hace la fuerza”, que surge como “una exigencia popular y una necesidad pública”, ante la falta de un medio de expresión escrita que tradujera las inquietudes de la inmensa mayoría nacional que con su sangre y su esfuerzo cívico protagonizaron “uno de los más extraordinarios movimientos de reivindicación social”. Buscó constituirse en un órgano informativo eficiente y objetivo, con una “misión unificadora de todas las zonas de la República”, “intérprete de las aspiraciones del pueblo”, logrando el apoyo de intelectuales y gráficos “para profundizar la lucha por la independencia del país”. En lucha desigual combatía contra “la prensa monopolizada por la reacción oligárquica y aquella que procura sembrar impaciencias en el ánimo popular”.

La Nación fue prensa militante y politizada. Cubre los mensajes del presidente Paz Estenssoro: “El drenaje de nuestra riqueza extractiva y sujeta a agotarse, debe terminar. Necesitamos de la máxima provisión de divisas para los planes de transformación de nuestra economía”, indispensables “para aumentar la renta nacional y elevar el nivel de vida de nuestro pueblo”, enfatiza los objetivos políticos de la nacionalización: “significa para las tres empresas de la Gran Minería, la pérdida de su dictadura económica y la anulación de su poder político” y publica fragmentos primiciales del Informe de la Comisión de Nacionalización de Minas.

La Nación reflejó la pujanza de la urbe paceña, deleitó a la clase media con su sección Perfiles Sociales, en la que difundía reuniones de agasajo a diplomáticos enviados a Brasil y Washington; reunión artística en casa de don Flavio Machicado “con generosa acogida a los aficionados a la música”. Anuncia: “El capitán de aviación René Barrientos viaja a Italia a la Escuela de Guerra Aeronáutica”. En la cartelera cinematográfica anticipa el film sobre la Legión Extranjera “Hombres sin patria” (Dick Powell y Marta Toren), en el cine Tesla, “La edad de la inocencia”, con Marga López; y la actuación de los mundialmente famosos Títeres italianos Piccolini di Podrecca, en el Monje Campero. Existían 20 salas de cine en La Paz y ninguna repetía la cartelera. Escriben en sus magníficos suplementos literarios, Alonso del Real: “Idea Hispanoamérica. Bolivia desde España”; Nereo Aramayo: “España y el descubrimiento de América”; Abel Alarcón: “Canto a Isabel La Católica”; Gabriel Feyles: “Títulos y blasones de la ciudad de La Paz”; Maxs E. Portugal: “La Casa de Murillo”; Felipe Lira Girón: “Memento por Francisco Pizarro”; Salmón Baldomar: “Biografía de Ladislao Cabrera”. Desliza sutilmente notas del mundo indígena, como la de Miguel Cabrera Cruz, del ayllu Yanaque, provincia Abaroa, Oruro, “niño indígena vino a pedir una escuela para su Ayllu”.

En el tema internacional, trata el conflicto con Corea, muestra simpatía a Estados Unidos, sin desairar a la URSS. Amplifica el discurso de Hernán Siles Zuazo ante las Naciones Unidas: “La nacionalización de las minas constituye el primer paso hacia la liberación nacional”.

En el plano nacional anuncia “rigurosa política de ahorro de divisas” y denuncia que “la oligarquía formula sus planes en el exterior contra la Revolución Nacional”. Sigue el pulso de la Revolución Nacional. Cubre los 12 años de gobierno del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), informa los logros del gobierno nacionalista, con amplia cobertura a las labores de Teresa Cortéz, primera dama de la nación, que conforma el “Costurero de Ayuda al Niño”, mostrando el rostro sensible del Gobierno. Anuncia “nuevas fuentes de producción [que] darán trabajo a más de 30.000 obreros”, con la construcción de carreteras, viviendas, plantas hidroeléctricas, ingenio de Bermejo, ampliación de las fábricas de cemento y los hornos de fundición. Informa sobre la “segunda Ciudad Satélite con 3.100 viviendas [que] edificará en El Alto (Villa Adela) con 6 millones de dólares”. En medio de aprestos desestabilizadores, programa la visita del presidente francés Charles de Gaulle a Cochabamba y publicita el apoyo del gobierno de Estados Unidos: “La Alianza [Para el Progreso] reconoce los grandes progresos en la economía de Bolivia” así como los “resultados de la Operación Triangular”.

La Nación describe el inicio del fin del gobierno del MNR, cooptado a su interior por la facción de derecha, confrontado con la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (Fstmb), a la que identifica como su enemigo principal: “No aprovechar la coyuntura de los buenos precios es delito de alta traición al país”, denuncia a los “malos dirigentes en la comunistoide jerarquía burocrático-sindical del lechinismo”; acusa al senador minero Arturo Crespo de ser autor intelectual del “salvaje asesinato del dirigente campesino Wilge Nery”. Aquel capitán de Aviación al que favoreció con una beca, ahora desafía: “Cuento con el respaldo masivo del pueblo que impuso mi candidatura aun por encima designios Novena convención”. Paz denuncia la infiltración de su gobierno por el FBI. La Nación afirma que “la Revolución se mostró cansada en sus cuadros dirigentes y dejó a aquel proceso indefenso ante la profunda penetración estadounidense a su núcleo mismo”.

A fines de octubre de 1964, Paz Estenssoro denuncia que “los desplazados del 9 de abril quieren tomar el poder para aprovechar el brillante fruto de nuestra obra revolucionaria en servicio de sus intereses egoístas” y revela que “la orfandad del apoyo popular obligó a los sediciosos a implorar su rendición. Triunfaron las libertades democráticas. Grandiosa manifestación de masas populares aplastó al rosco-comunismo”. Sin saber que la conspiración venía de su propio partido, ordena la detención de Guido Strauss y los dirigentes del Partido Revolucionario de la Izquierda Nacionalista (PRIN), el Partido Obrero Revolucionario (POR), el Partido Comunista (PC) y la Falange Socialista Boliviana (FSB). El golpe de Estado es inminente, viene desde las Fuerzas Armadas. En la colección de la Cámara de Diputados, un funcionario escribió una lacónica nota: “La Nación dejó de publicarse a partir del 5 de noviembre de 1964 por causa de la revolución”.


  • Bibliógrafo, presidente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.

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