abril 23, 2021

A 50 años de La teoría de la revolución en el joven Marx, entrevista a Michael Löwy (final)

Cristian Olivares *, Fabián Cabaluz **,  Marco Álvarez ***-.


En esta segunda parte final, el marxista Michael Löwy se extiende en sus diálogos entre el joven Marx y Ernesto Che Guevara y Walter Benjamin. Ahondando en la actualización del marxismo para enfrentar los problemas del siglo XXI, desde América Latina y el Caribe.

Paralelo a la publicación de La teoría de la revolución en el joven Marx publicaste El pensamiento del Che Guevara, que también cumple medio siglo. ¿Podrías esbozar algunas ideas sobre la filosofía de la praxis y el humanismo revolucionario en Marx y Guevara?

Michael Löwy (ML).- Los dos libros aparecen al mismo tiempo, pero son escritos en periodos distintos. La tesis fue escrita del 61 al 64; la presenté en el año 64, y por razones que hasta ahora no logro explicar, fue publicada en 1970. En cuanto que el libro sobre el Che Guevara, lo escribí en el año 69; es decir, en otro periodo histórico, en otro contexto; y en ese trabajo efectivamente me interesaba demostrar que el Che Guevara no era solo el guerrillero heroico, un combatiente ejemplar, etcétera, sino también un gran pensador marxista.

No creo que haya una relación directa de los dos libros. Son situaciones históricas distintas. Evidentemente, son personajes distintos; pero bueno, sí hay mucho de comunicación, por ejemplo: la praxis es un tema fundamental, tanto en el Che Guevara como el joven Marx; y la cuestión del humanismo marxista, un tema para mí muy importante que he desarrollado tanto en mi tesis doctoral como más tarde en artículos polémicos en contra de Althusser, defendiendo que el marxismo sí es un humanismo revolucionario, y esa lectura humanista revolucionaria del marxismo la encontraba en el Che Guevara y me parecía fundamental en su pensamiento. Ahí –si quieren– hay una conexión, pero insisto que son libros distintos; si bien el trabajo del Che tiene una ambición teórica, no es una tesis académica: es un libro de intervención política que no obedece a reglas académicas, no tiene el mismo carácter.

¿Qué nos podría señalar con respecto a la concepción de la historia en el joven Marx? Y, por favor, en tu calidad de exegeta revolucionario benjaminiano por excelencia, si esto lo puedes vincular a Walter Benjamin, quien por estas fechas cumplió 80 años de su muerte asediada por el fascismo en la pequeña caleta catalana de Portbou.

ML.- Cuando yo estudiaba el joven Marx, no tenía la mínima idea de los trabajos de Walter Benjamin. No lo había descubierto. Mi descubrimiento de Benjamin es mucho más tardía; se basa en fines de los años 70, casi 20 años después. Entonces no creo que haya relación, es difícil comparar.

En mi tesis doctoral la idea política principal es la de la autoemancipación revolucionaria del proletariado, en ruptura con todas las visiones que planteaban una emancipación “desde arriba”, sean en el estalinismo con el rol del tirano como supuesto emancipador, o en la idea de una vanguardia que iba a emancipar a los trabajadores. Había en mi tesis esa idea de que la emancipación viene “desde abajo”. Eso era una visión, no digo de la historia, pero sí una visión de la política en el joven Marx.

Lo que encontramos en Benjamin que sí tiene alguna conexión con eso, es el hecho que pone en el centro de su visión lo que es propio del materialismo histórico y el marxismo, la lucha de clases, y no el desarrollo del modo de producción, no la contradicción entre fuerzas de relaciones de producción, no el análisis de las formas del Estado… en fin. El corazón, el centro, la esencia del materialismo histórico, para mí, es la lucha de clases, la lucha de clases oprimidas del proletariado de manera más amplia, de las clases oprimidas. Ahí veo un punto de continuidad –si se quiere– con el joven Marx, en esa importancia de la lucha de clases y de la revolución, por supuesto (que es la otra idea fundamental de la concepción política de Benjamin, la revolución). La lucha de clases y la revolución. Ahí sí veo –si se quiere– algún tipo de relación entre el joven Marx y Benjamin.

En el prefacio de 1997 de La teoría de la revolución en el joven Marx, hablas de la importancia para la tradición marxista de desarrollar un comportamiento abierto, una disposición de aprendizaje con otras hebras de cuño emancipatorio. Pensando en términos estratégicos ¿cuáles serían las corrientes fundamentales con las que debería dialogar el marxismo en la actualidad?

ML.- En la historia del marxismo vemos que el marxismo siempre se ha desarrollado en diálogo; en enfrentamiento crítico a veces, pero también aprendiendo con otras corrientes del pensamiento, con luchas sociales, históricas, etcétera. Es decir, el marxismo no es un conjunto cerrado de dogmas o de textos sagrados, es un pensamiento en movimiento. El mismo Marx fue cambiando sus concepciones en función de las experiencias históricas del proletariado. Después de la Comuna de París, él reformuló su concepción política, su visión del Estado, etcétera. Lo mismo creo que tenemos que hacer nosotros.

Yo creo que he planteado en mis escritos dos diálogos que me parecen importantes, pero no son los únicos, pues hay otras corrientes con las cuales vale la pena discutir, con el sicoanálisis freudiano, la sociología crítica, etcétera.

A mí lo que me parece muy importante es el diálogo con el pensamiento de la tradición revolucionaria libertaria (no solo anarquista en el sentido estricto, sino libertaria), con su experiencia, sobre todo en España en el 36, y también con sus reflexiones históricas, los escritos de Bakunin, Malatesta y varios otros; hay cosas muy interesantes hasta hoy. Creo que ese diálogo entre marxistas y libertarios me parece importante. Me parece muy clave también una convergencia en la acción, que se ha dado en muchos momentos de la historia: en la Comuna de París, en la España del 36 y hasta hoy en varios movimientos, como en México, en Chiapas, en el movimiento kurdo en Rojava, etcétera. Esto me parece un diálogo muy importante, en el cual –como en todo diálogo– tenemos que escuchar lo que dicen los demás, pero donde también tenemos algo que aportar desde nuestra tradición.

Y el otro diálogo que me parece fundamental es con la ecología. Estoy cada vez más convencido que la cuestión ecológica es la cuestión política fundamental en nuestra época del siglo XXI, y creo que los marxistas tienen que replantear sus formulaciones, sus planteamientos, en función de la crisis ecológica.

Me parece fundamental eso, y por ello hablo de “ecomarxismo” o “ecosocialismo”, pues me parece fundamental esa convergencia entre ecología y marxismo. Me parece que son dos aspectos que desde esa apertura del marxismo se puede implementar hoy en día, pero insisto en particular sobre la cuestión ecológica, porque es la más nueva. El diálogo con el anarquismo tuvo varios momentos en la historia del marxismo; pero lo nuevo que se plantea hoy, que es una cuestión del siglo XXI, es la cuestión ecológica. Ya hay toda una literatura sobre una relectura ecológica de los mismos escritos de Marx, por ejemplo, John Bellamy Foster, y hay toda una corriente “ecomarxista” o “ecosocialista” que se ha desarrollado en los últimos años y que ilustra esta renovación del marxismo en nuestra época.

Por último, desde nuestra América ¿cuál crees que son las categorías centrales elaboradas por el joven Marx para las luchas de nuestros tiempos? ¿Y qué recomendaciones u observaciones metodológicas podría señalarnos a quienes nos preocupamos por generar espacios educativos (o de autoeducación política) en torno a la obra de Marx y la tradición marxista en general?

ML.- Esto de la autoeducación me parece muy importante, y creo que es algo que está planteado, tal vez, en forma un poco distinta ya en el joven Marx y Rosa Luxemburgo. Ellos parten de la idea que las masas explotadas, oprimidas, proletarias, las mujeres, se autoeducan por su propia experiencia de lucha, de acción, de reflexión, y no gracias a los educadores e intelectuales principalmente, que también tienen su papel. Las grandes masas se educan en un proceso de autoeducación a través de su autoorganización en su experiencia de lucha, eso es una idea fundamental en el joven Marx y Rosa Luxemburgo. Creo que esto es muy actual en América Latina.

Yo diría que, si queremos un pensamiento marxista latinoamericano, si queremos pensar América Latina desde el marxismo, tenemos que partir de un texto de Marx que no es muy conocido, que son sus últimos escritos sobre Rusia, particularmente la carta a Vera Zasúlich de 1881, en que habla de la comunidad rural como punto de partida para una revolución socialista en Rusia. El equivalente de esto es América Latina fueron los escritos de José Carlos Mariátegui que, sin conocer los [últimos] textos de Marx, por su propio camino como pensador peruano, partiendo de la experiencia histórica de los pueblos andinos, de la tradición comunitaria andina que venía de los incas, plantea la misma idea para lo que él denominó Indoamérica, pero vale para buena parte de América Latina: partir de las tradiciones comunitarias indígenas para desarrollar un movimiento comunista revolucionario moderno, en alianza con los trabajadores del campo y la ciudad, etcétera.

Esa tradición comunitaria tiene un papel fundamental y me parece muy actual en América Latina: vemos lo que ha pasado en Chiapas con el Movimiento Zapatista, que tiene mucho que ver con esas tradiciones comunitarias indígenas (Mayas, en Chiapas); todo lo que ha pasado en Bolivia en los últimos años/décadas; lo que ha pasado en Chile con los mapuche; las luchas en la Amazonía en Brasil; etcétera. Es decir, las comunidades indígenas en muchos países de América Latina –de Indoamérica, como decía Mariátegui–, están en la primera frontera de la lucha social y ecológica, que son luchas en defensa de los bosques, de los ríos, etcétera, en contra las multinacionales. Esa tradición mariateguista, pero que tiene sus elementos y gérmenes en el mismo Marx, me parece fundamental para pensar las luchas de América Latina hoy.


  • Educador, miembro del Centro de Estudios de Marxismos y Educación (Cemed).
  • Educador, miembro del Centro de Estudios de Marxismos y Educación (Cemed).
  • Sociólogo, miembro Grupo de Pensamiento Crítico y Memoria Histórica (GPM).

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