abril 11, 2021

Un feminismo y un Proceso de Cambio descafeinados, por favor


Por  Maya Verazaín y América Maceda-.


La cafeína es uno de los principales compuestos químicos del café y sus efectos en el cuerpo son lo que más buscan los consumidores asiduos, ¿quién no ama tomar un café a primera hora en la mañana para “despertar” o a media tarde para continuar la jornada? Y no solo por el sabor, que puede resultar un poco amargo para algunos (sin ponerle ningún tipo de azúcar o edulcorante, claro está), y sí por los efectos que la cafeína tiene en las personas: energizante natural, estimulante, antioxidante, analgésico, relajante que hasta mejora el coeficiente intelectual.

¿Para qué tomar café descafeinado, entonces, si no tendrás los efectos buscados en la cafeína? Un café descafeinado, para muchos será como una ficción, tomarse una mentira, por la simple aceptación social de compartir una taza de café, sin tener los efectos de la cafeína. Consumir algo falso e insípido. Consumir hipocresía.

Un café descafeinado viene a ser la analogía perfecta para entender a los feminismos despolitizados, en especial al feminismo desclasado. La lucha de las mujeres y los feminismos en sí, nacieron de las reivindicaciones de las mujeres trabajadoras, de las mujeres explotadas en las fábricas, con jornadas laborales extensas, precariedad laboral y con bajísimos salarios (mucho más bajos que los salarios de nuestros compañeros). No es por nada que una de nuestras mayores representantes del sindicalismo boliviano y la lucha por los derechos de las mujeres sea Domitila Barrios Cuenca, mujer minera, Secretaria del Comité de Amas de Casa Mineras, que luchó hasta sus últimos días por las reivindicaciones de las y los trabajadores, pero desde las mujeres, para mejorar las condiciones de vida y trabajo de todo el distrito minero Siglo XX.

Una lucha desde la clase trabajadora, que hacía más énfasis en la explotación de las mujeres proletarias, por ser las que sufrían en sus cuerpos no solo la opresión machista, sino también la explotación capitalista y con ello la doble opresión patriarcal, que hasta hoy en día se profundiza mientras se van agregando aspectos identitarios de ciertas “minorías”: no es lo mismo pensar en la opresión que sufre una mujer blanca, de clase media, heterosexual; que pensar en la opresión que sufre una mujer indígena o afro, empobrecida y lesbiana. El sistema neoliberal se encargó (a) de abrir espacios para las reivindicaciones burguesas, y hasta se nutre de ellas.

Marcas reconocidas de multinacionales, usan el feminismo descafeinado como un slogan de ventas: “La mejor manera de celebrar este día es siendo tú, haciendo lo que te gusta y lo que te hace feliz siempre, sin dejar de creer en tus sueños y logrando todas tus metas (…) #DíaDeLaMujer” (Campaña por el día de la mujer de NIVEA Paraguay 2021).

¿Por qué este vendría a ser un feminismo descafeinado? Porque solo dice lo que la sociedad, en especial las mujeres (clase media, en general), quieren escuchar. “Tú eres capaz de todo, si te lo propones, que nadie te diga qué hacer, etc., etc.”. Estas posturas proempoderamiento de la mujer no miran ni mucho menos cuestionan al sistema patriarcal, tampoco el hecho de que, por ejemplo, una mujer empobrecida e indígena tiene muchas menos posibilidades de estudiar, acceder a espacios de poder o que realmente pueda “hacer lo que le gusta”, o que vaya a estar en espacios de decisión sin tener un costo social muy alto, pues en esas situaciones los privilegios de clase son determinantes. Una candidata a concejal del sector gremial contaba cómo tuvo que decidir entre: sus hijos y esposo o seguir siendo dirigenta de su sector; eligió la dirigencia, pero el marido se fue y se llevó a los hijos con él.

Mientras las niñas burguesas, de clase media, marchaban el 8 de Marzo, desde el centro a la Zona Sur, sus “trabajadoras del hogar” estaban en las casas de ellas, cuidándoles a sus wawas o preparándoles la cena para cuando llegaran. Muchas de estas mujeres trabajadoras, tal vez parientes cercanas o conocidas de algún caído en Senkata, Sacaba o el Pedregal, lloran hasta hoy en busca de justicia. Mientras el año pasado estas niñas zonasurenses replicaban a viva voz: “Nadie se rinde, nadie se cansa”, y gritaban con la frente en alto que “los alteños se mataron entre ellos”, quemaron la wiphala, porque “no las representaba”, y que además de aplaudir la represión cívico-militar tuvieron el descaro de relacionar todo lo que tuviera que ver con el Movimiento Al Socialismo (instrumento político claramente identificado con las organizaciones sociales, indígenas y campesinas) con lo salvaje y bárbaro, aquello que no merece ser parte de la “sociedad” ni de la “ciudadanía” y obvio, merecía bala.

¿Dónde caben entonces las mujeres trabajadoras, obreras, en el feminismo? ¿Dónde quedan las reivindicaciones de las hermanas víctimas de racismo y exclusión? ¿Las reivindicaciones por el trabajo y salario dignos? Y, es que, en el feminismo descafeinado no hay espacio para esas reivindicaciones. Por eso es tan fácil para las ONG despolitizar las luchas, vaciarlas de contenido, vaciarlas de política. Porque es más fácil individualizar la visión sobre la violencia que buscar las razones estructurales de la misma.

Es más fácil decirle a una mujer que tiene que quererse a sí misma, para que no llegue a estar en ninguna situación de violencia. Cuando todas y cada una de las opresiones hacia las mujeres son el resultado del patriarcado, que es la violencia multidimensional que no solo tiene que ver con la autovaloración y sí con condiciones económicas, de clase, hasta coloniales, pues es el resultado de una estructura de opresiones.

El feminismo descafeinado es servil y reproduce las opresiones hacia otras mujeres. Le fue fácil alimentar el odio y el racismo contra el MAS, aliarse con la derecha camuflada de crítica, fue cómplice y funcional al golpismo y calló en las masacres. Salió a las calles junto a mujeres de derecha, alegando que “se debe estar juntas en la lucha”, pero ignoraron que esas mismas mujeres son las que reproducen relaciones de explotación, discriminación y racismo contra nosotras.

El feminismo descafeinado nos dejó: la ciudad de La Paz, que acaba de elegir de alcalde a un acosador, por no elegir al partido del indígena; en Cochabamba y Santa Cruz, eligieron a hombres que tienen denuncias de violencia, acoso y racismo contra lo indio, lo indígena y lo rural. Por eso nosotras, feministas comunitarias, siempre llenaremos de comunidad nuestras reivindicaciones políticas del Proceso de Cambio y feministas, de consciencia de clase, de despatriarcalización por el Vivir Bien, así, como siempre, vamos a pedir nuestro café con cafeína.


  • Feministas Comunitarias del Abya Yala.

Be the first to comment

Deja un comentario