septiembre 19, 2021

La derrota de Camacho y Calvo


La Época-.


El partido de ultraderecha Creemos y su brazo civil, el Comité Pro Santa Cruz, han experimentado un rotundo fracaso en su intención de convulsionar el país y desestabilizar al gobierno del presidente Luis Arce, lo que tampoco debe ser asumido por el Gobierno con aires de triunfalismo o subestimación, pues resulta evidente que para la oposición de derecha no hay otro camino para llegar al poder que no sea a través de los métodos no democráticos.

La derrota de Luis Fernando Camacho y de Rómulo Calvo, los dos dirigentes más representativos del partido y del ente cívico, se explica por la convergencia de varias causas que la realidad concreta, tan testadura como siempre es, se ha encargado de poner en evidencia.

La primera es que la inmensa mayoría de la población quiere vivir en democracia y con tranquilidad, ya que todavía está fresco en la memoria la serie de abusos y violaciones en Derechos Humanos, o malas decisiones en materia económica y de enfrentamiento al coronavirus, que se tomaron en el gobierno de facto de Jeanine Áñez. Es más, hay personas que han sido opositoras al gobierno de Morales y ahora al de Arce que, después de ese fatídico año, no dejan de reconocer que el comportamiento de la economía y la propia estabilidad social es más segura con un gobierno progresista como el que se tiene actualmente.

La población aprecia, a pesar del ruido comunicacional del aparato mediático hegemónico, que la tendencia a una mayor caída de la economía se ha detenido por las medidas adoptadas por el gobierno actual y que los esfuerzos deben concentrarse en sentar las bases de la recuperación y el crecimiento económico. Hay un hastió con el tipo de política que la oposición radical lleva adelante.

La segunda es que Camacho y el comité cívico cruceño tienen grandes dificultades de expandir su radio de influencia hacia otros departamentos, incluso del Oriente, debido al estilo autoritario con el que llevan adelante sus planes y las formas nada democráticas con la que actúan sus grupos de choque, bastante similares a los paramilitares de la época de las dictaduras de la seguridad nacional.

Tercero, el mezclar en un mismo espacio lo político y lo cívico. Es evidente que a Camacho se lo ve como político y no como dirigente cívico, pero además con la agravante de que se lo aprecia como un político que en las elecciones de octubre de 2020 no encontró mayor receptividad en otros departamentos que no fuera en Santa Cruz, lo cual lo coloca en grandes desventajas para enfrentar a un Gobierno cuyo partido tiene presencia y apoyo nacional.

Cuarto, la fragmentación de la oposición de derecha y la táctica distinta de otras autoridades electas contrarias al Movimiento Al Socialismo (MAS) para llevar adelante tanto su gestión institucional como política. No sería extraño que, por ejemplo, Manfred Reyes Villa, alcalde electo por la ciudad de Cochabamba, se piense, y con cierta razón, en el factor articulador de las oposiciones en el mediano plazo. Es un político con mayor experiencia y más conocedor de las herramientas de la lucha política.

Quinto, que la reacción ante la detención Áñez es más por temor de ser incluidos en procesos penales que por solidaridad efectiva con la política beniana que, echando al tacho de basura la Constitución Política del Estado y el reglamento de la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), se autoproclamó presidenta del país, con la abierta complicidad de actores como Camacho, Carlos Mesa y otros.

Es decir, hay que leer bien la derrota política de Camacho y de Calvo, determinar con precisión sus tiempos y espacios, pues aportan lecciones para el futuro inmediato.

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