mayo 9, 2021

Gobierno moral y representación popular


Por Óscar Silva Flores * -.


Las dictaduras militares fueron el escenario ideal para el nacimiento y crecimiento de organizaciones denominadas cívicas, las que, ante la ausencia de un sistema de representación legal y constitucional, se arrogaron la representación ciudadana intentado constituirse en interlocutores de los regímenes de facto, fundamentalmente con demandas regionales no siempre adecuadamente atendidas por los gobiernos centrales. En una democracia plena no hay por dónde justificar su existencia, no solo son ilegales sino antidemocráticas.

Loa comités cívicos son entes partidarios, unos con mayor influencia y recursos que otros, que albergan a sectores que no han logrado representación en las instancias habilitadas constitucionalmente. La representación popular, surgida del voto ciudadano emitido en las urnas en elecciones convocadas legalmente y llevadas adelante por organismos idóneos y llamados por ley para esa función, solo reconoce en las tres instancias de gobierno, nacional, departamental y municipal, a quienes son elegidos bajo las reglas establecidas en la ley.

Cuando se encuentran en pleno y normal funcionamiento la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), las asambleas departamentales y los concejos municipales, no existe margen para otro tipo de instancias que se arroguen la representación ciudadana. El resto de agrupaciones, llámense como gusten, comités, fraternidades, comparsas, no son más que grupos pequeños reunidos tras determinados intereses u objetivos que afectan y/o benefician solo a quienes los integran.

Las normas bolivianas consideran legal la asociación con fines lícitos, pero siempre en el marco de las leyes. Si quieren hacer política, que es a lo que se dedican ahora los llamados comités cívicos, deben convertirse en partidos políticos, y no ejercer esas funciones de facto. Deben reunir las formalidades y asumir las responsabilidades que implica el hacer política en el marco de la ley, y si vulneran las normas o incurren en la comisión de delitos, también deben ser sancionados por el Estado.

Los llamados comités cívicos han servido en democracia nada más que de trampolines para saltar a la arena política sus dirigentes. Basta revisar en los últimos 30 años la cantidad de dirigentes cívicos que han aparecido luego como candidatos, diputados, senadores, alcaldes o gobernadores, especialmente de partidos de derecha.

La moral es un concepto relativo y puede ser entendido desde diversos ángulos, al igual que lo inmoral. La esclavitud en la antigüedad, la servidumbre en la Edad Media, el patriarcado o la limitación de derechos de las mujeres, fueron consideradas conductas morales, no se cuestionaba su valor, no solo legal, sino que se llegó a asignarle un aire de voluntad divina. Bajo ese tipo de argumentos se sometió a los pueblos indígenas de América, por ejemplo, durante la invasión colonial. La moral ha sido siempre impuesta por quienes detentaron el poder, estar del lado de ellos era moral, así como estar en contra era inmoral.

Por tanto, es absurdo y está fuera de cualquier concepción racional la supuesta existencia de un gobierno moral, paralelo o distinto al legalmente establecido. No es más que otra forma de encubrir intenciones antidemocráticas, como las que pusieron de manifiesto en el golpe de Estado de noviembre de 2019 y la actual acción de encubrimiento de los responsables de aquel golpe. La corrupción y la prebenda son dos características muy recurrentes en el funcionamiento de estas organizaciones, algo que no tiene nada que ver con la mayoría de las bolivianas y los bolivianos que apostamos por la democracia y creemos fielmente en sus instituciones.


*       Periodista y abogado.

 

Be the first to comment

Deja un comentario