septiembre 19, 2021

El “Triángulo de las Bermudas” por el que navega Cuba (primera parte)

Por Roberto Regalado Álvarez *-.


Planteamiento de la hipótesis

El movimiento indetenible de la vida, del mundo, de la humanidad, de las naciones, de las sociedades, con sus flujos y reflujos constantes, complejizados por la seudo oscilación del péndulo del capitalismo senil, cuyos giros hacia las “nuevas derechas” crecen mientras los giros de retorno hacia las “derechas tradicionales” decrecen –tendencia ratificada por las acciones y declaraciones de la administración de Joseph Biden en sus primeros meses–, obliga a revisar, actualizar, y ratificar o modificar los análisis, las conclusiones y las directrices estratégicas de la política nacional e internacional de la Revolución cubana.

Con la culminación del traspaso del control de los órganos de dirección partidistas y estatales, del liderazgo fundador a la dirección de relevo, en el VIII Congreso del Partido Comunista de Cuba (PCC), entre el 16 y el 21 de abril de 2021, concluye el primer gran período histórico de la Revolución cubana, cuya etapa de lucha por conquistar el poder comienza en 1953 y la de ejercicio del poder conquistado en 1959, es decir, hace 67 y 61 años, respectivamente. Para todas las cubanas y cubanos, incluida la militancia del PCC, la envergadura de este acontecimiento representa tanto una oportunidad excepcional como una necesidad vital, de empinarnos, crecernos y, con la altura requerida, mirar a nuestro pasado, nuestro presente y nuestro futuro.

El propósito de la serie de tres artículos, cuya divulgación empieza hoy, es contribuir al ya impostergable debate sobre de dónde viene, dónde está y hacia dónde va la Revolución cubana, en este caso, desde la perspectiva del tema de trabajo e investigación al que he dedicado mi vida, Dominación imperialista y lucha popular en América Latina, con la etapa histórica abierta por ella (1959-1989) como antecedente y referente, y con la etapa histórica iniciada a contracorriente de la crisis terminal del “socialismo real” (1985-1991) como el objeto de estudio principal. El título de esta serie alude, metafóricamente, a que Cuba se mueve en una “zona de riesgo” semejante al Triángulo de las Bermudas, donde “desaparecen” barcos y aviones. Con buenas brújulas, decrece el peligro de navegar por aguas como esas: ¿las tenemos?

El vértice principal del triángulo enunciado en el título es la acumulación de problemas propios. Con mayor nitidez que en cualquier proceso o acontecimiento anterior –y ha habido muchos– el impacto de la Covid-19 colocó el foco de atención en Cuba, a un mismo tiempo y con igual nitidez, en las fortalezas y las debilidades coexistentes en la edificación socialista emprendida el 16 de abril de 1961:

  • Ejemplo de las fortalezas de la Revolución cubana es haber creado un sistema de salud y una red de centros de investigación científica que le permiten hacer lo que ningún otro país ha podido: ingresar en hospitales al 100% de los casos detectados con la enfermedad y aplicarles tratamientos probadamente efectivos, alojar a todos los contactos de esos pacientes en centros de diagnóstico y profilaxis, y activar un mecanismo nacional de prevención, detección temprana, monitoreo y pronóstico del comportamiento de la enfermedad. Por si eso fuera poco, Cuba desarrolla candidatos vacunales propios, capacidad presuntamente exclusiva de las grandes potencias que, en cuanto se conviertan en vacunas certificadas, le permitirán inmunizar a toda su población y ponerlas a disposición de otros países. Estas y otras fortalezas de igual calibre demuestran el potencial de un pueblo en revolución.
  • Las debilidades del socialismo cubano se evidencian en que, si bien todas las naciones, grandes y pequeñas, desarrolladas y subdesarrolladas, fuertes y frágiles, sufren el devastador golpe económico y social de la pandemia, para Cuba constituye un triple golpe porque: 1) Lo recibe una sociedad cuya economía no logró levantar el vuelo, con alas propias, en los 61 años transcurridos a partir del triunfo de la Revolución; 2) Desde 2016 padecía uno de los recurrentes agravamientos de su crónica crisis económica; y 3) La pandemia la estremeció en el preciso momento en que se disponía a reavivar uno de sus –también recurrentes– cambios de política económica, en concreto, en el momento en que se proponía relanzar la pausada actualización del modelo económico emprendida en 2010 [1], que en 2020 no había empezado a dar los frutos esperados. Esos tres indicadores muestran que el socialismo cubano no ha encontrado el camino hacia “la tierra prometida”.

He aquí otra metáfora: “la tierra prometida”. Ella apunta a que, a partir de la proclamación de su carácter socialista, la Revolución cubana asumió el compromiso y la tarea estratégica de motivar, educar, formar, organizar, movilizar y conducir al pueblo en la transición hacia una sociedad de productores libres, en la que se aboliría el Estado y cada cual recibiría los bienes materiales y espirituales acordes con sus necesidades. La edificación de la nueva sociedad sería un proceso largo, complejo y arduo. Habría que resistir y vencer brutales agresiones, y hacer enormes sacrificios, pero el socialismo no sería una eterna batalla cuesta arriba: vencer agresiones y hacer sacrificios no sería un fin en sí mismo. Al final del camino, el pueblo cubano arribaría a la sociedad comunista: el comunismo era la tierra prometida. Sin embargo, el proceso revolucionario llega al cierre de su primer gran período histórico con un lacerante déficit en el desarrollo económico y social originalmente concebido, y sin que los ejercicios de prueba y error realizados en estos terrenos hayan dado, ni estén dando, resultados positivos. Este es un problema mayúsculo. Con esa vara, tirios y troyanos medirán lo que haga la dirección de relevo, en especial su capacidad de:

  1. Garantizar la continuidad de las grandes obras heredadas y, sobre todo, resolver los grandes problemas que también hereda, en un plazo y con una efectividad razonables;
  2. Hacer más llevadera la cotidianidad del largo peregrinaje de la sociedad cubana en pos de la tierra prometida, que no se acerca, sino se aleja, en el horizonte;
  3. Y convocar y facilitar el debate de las peregrinas y los peregrinos en busca de respuestas que revivan, reaviven, renueven y fortalezcan sus motivaciones para seguir adelante: ¿qué es la tierra prometida? ¿Cómo se llega a ella? ¿Cuánto más tendrán que seguir peregrinando? ¿Qué recompensa les espera allí? Dicho en otros términos, convocar y facilitar un proceso mediante el cual nuestras peregrinas y nuestros peregrinos conciban y construyan una nueva utopía socialista que, con palabras de Galeano, les “sirva para caminar” [2].

Las consignas no sustituyen a los programas. Las consignas se utilizan para convocar y movilizar en torno a los programas. Nuestro “socialismo próspero y sostenible” necesita fundamentarse en un programa que especifique qué entendemos por próspero, qué entendemos por sostenible y, sobre todo, qué entendemos por socialismo, dado que nuestra matriz de “construcción del socialismo y avance hacia el comunismo” fue la experiencia soviética, y en 2021 se cumplen 30 años de la disolución y el desmembramiento de la URSS. Sobre esa experiencia, hace más de 15 años Fidel dijo:

“Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabía de socialismo, o que alguien sabía de cómo se construye el socialismo [3].”

Aunque la acumulación de problemas propios es el vértice principal del triángulo, en vez de abordarlo en este primer artículo de la serie, el presente texto inicial se dedica al “planteamiento de la hipótesis”. El motivo es que el PCC se encuentra en la recta final de los preparativos de un congreso que focalizará su atención en los mismos temas puntuales de política interna que los dos anteriores. De ello se deriva que no tiene sentido hablar, y mucho menos especular, al respecto. Lo que toca hacer en estas semanas es, con los mejores deseos de éxito y el mayor espíritu unitario, aguardar sus resultados. Habrá tiempo para debatir en qué medida hubo o no hubo en sus decisiones la correspondencia entre continuidad y cambio que cada cubana y cubano esperaba.

Abrir espacios de debate dentro de la Revolución, es la mejor manera de anular los espacios de ataque contra la Revolución

El 60 aniversario de la línea de principios trazada por Fidel, “dentro de la Revolución todo, fuera de la Revolución nada”, es buen momento para que nuestra cultura y nuestra práctica política empiecen a regirse por el concepto de que “abrir espacios de debate dentro de la Revolución es la mejor manera de anular los espacios de ataque contra la Revolución”. Esto es coherente con la orientación dada por Raúl, el 18 de diciembre de 2010, de no temerle a las discrepancias:

“No hay que temerle a las discrepancias de criterios y esta orientación, que no es nueva, no debe interpretarse como circunscrita al debate sobre los Lineamientos; las diferencias de opiniones, expresadas preferiblemente en lugar, tiempo y forma, o sea, en el lugar adecuado, en el momento oportuno y de forma correcta, siempre serán más deseables a la falsa unanimidad basada en la simulación y el oportunismo. Es por demás un derecho del que no se debe privar a nadie. Mientras más ideas seamos capaces de provocar en el análisis de un problema, más cerca estaremos de su solución apropiada [4].”

¿En qué mejor lugar que en un portal de jóvenes antiimperialistas, anticapitalistas y revolucionarios como es La Tizza, en qué momento más oportuno que cuando comienza el segundo gran período de la historia de la Revolución cubana, y de qué forma más correcta que con un análisis realizado con el instrumental de la teoría de la revolución social de fundamento marxista y leninista, se podría decir lo que aquí se dice?

Mi opinión es que los cambios que necesita Cuba son para más revolución, no para menos. Fidel dijo que “los revolucionarios primero dejan de ser, que dejar de ser revolucionarios” [5]. Pienso que ser revolucionarios o revolucionarias en la Cuba actual es decir todo lo que hay que decir y hacer todo lo que hay que hacer para revolucionar la política, la economía, la cultura y la sociedad, en función de cumplir la tarea hace muchos años planteada por él de “recuperar lo perdido y avanzar mucho más”.

La clave para actuar como revolucionarias y revolucionarios está en cómo entender, asumir y ser consecuentes con la relación dialéctica entre continuidad y cambio. Cuando se está produciendo el cierre del primer gran período histórico de la Revolución cubana y el inicio del segundo: ¿qué debe continuar y qué no debe continuar? ¿Qué debe cambiar y qué no debe cambiar? Sobre esta base, lo que yo espero del VIII Congreso es que:

  • La continuidad sea en el plano general, en el plano de la continuidad histórica de la Revolución cubana, de la continuidad histórica de un proceso revolucionario que está en constante e indetenible movimiento, que de modo permanente tiene que crecerse y superarse, que siempre necesita crecerse y superarse a sí mismo;
  • Y el cambio sea en el plano concreto, en el plano planteado en las dos ideas iniciales del concepto de Revolución de Fidel: “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado (…)”.

En esencia, espero que la relación entre un plano y otro sea: continuidad histórica de la Revolución como proceso perfectible, dentro del cual, en función de la cual, y como requisito de la cual, con sentido del momento histórico, cambie todo lo que debe ser cambiado.

Un día le oí decir a Frei Beto: “El socialismo premia los esfuerzos; el capitalismo premia los resultados”. El pueblo cubano necesita y merece un socialismo con resultados perceptibles en la vida cotidiana. Todo aquello que lo impida, lo entorpezca, lo dificulte o lo demore, debe ser cambiado. Eso es lo que espero del congreso. Sin dudas, actualizar es una forma de cambiar, pero no la única que existe, ni la única que el socialismo cubano requiere.


  • Politólogo, Doctor en Ciencias Filosóficas.

1       En su Informe Central al VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, efectuado del 16 al 19 de abril de 2011, su primer secretario, el general de Ejército Raúl Castro Ruz dijo: “Este Congreso […] en la práctica comenzó el 9 de noviembre del pasado año, cuando fue presentado el Proyecto de Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, cuestión que, como ya se ha indicado, constituye el tema principal del evento, en el cual están cifradas grandes expectativas del pueblo”.

2       Eduardo Galeano: “La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”.

3       Fidel Castro Ruz, Discurso en el Aula Magna de la Universidad de La Habana el 17 de noviembre del 2005.

4       Discurso pronunciado por el general de Ejército Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, en la clausura del Sexto Período Ordinario de Sesiones de la Séptima Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, en el Palacio de Convenciones, el 18 de diciembre de 2010.

5       Fidel Castro Ruz, Discurso pronunciado en la Escalinata de la Universidad de La Habana el 13 de marzo de 1968.

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