octubre 27, 2021

La iglesia golpista


Por Carlos Echazú Cortéz * -.


La Conferencia Episcopal Boliviana (CEB) se ha develado a sí misma como parte integrante de la “banda de noviembre”, quienes ejecutaron el golpe de Estado. Que formaban parte de esa banda ya lo sabía la comunidad desde el momento en que María Galindo le arrancó con cuchara al golpista Waldo Albarracín, en aquella famosa entrevista (barricada), y se conoció por primera vez la realización de esa reunión preparatoria a la del día siguiente en la que los golpistas emboscarían a Adriana Salvatierra. Ambas reuniones fueron realizadas en el mismísimo rectorado de la Universidad Católica. ¿Qué hay de nuevo ahora?, pues el reconocimiento implícito de su participación en la conspiración. ¿Cómo se llega a esa conclusión?

En un comunicado oficial, leído por Ricardo Centellas, presidente de la CEB, se dice que “el objetivo de aquel encuentro era buscar consensos para la pacificación y la gobernabilidad, mediante el diálogo, ante el vacío de poder y la violencia en las calles, creados por la renuncia del expresidente Evo Morales y las demás autoridades del Movimiento Al Socialismo (MAS), en toda la línea de sucesión constitucional, sucedida el 10 de noviembre”.
De este modo, la Iglesia se suma a la infame versión en torno a que el presidente Evo y las autoridades del MAS generaron un vacío de poder con sus renuncias, un hecho que tuvo que ser salvado con la “solución más constitucional” (textual del comunicado de la CEB), que era la autoproclamación de la segunda vicepresidenta del Senado.

Ni una sola palabra dice el documento del ataque gansteril que experimentó quien estaba verdaderamente en la lista de sucesión constitucional, Víctor Borda, entonces presidente de la Cámara de Diputados, ni de quien, no estando en esa lista, era de mayor rango que la autoproclamada, Rubén Medinacelli, primer vicepresidente de la Cámara de Senadores. La Iglesia, los medios de comunicación y la derecha golpista, en todas sus versiones, creen que el tema desaparece por el solo hecho de que ellos no lo nombran. Sin embargo, ya toda la población sabe que Borda y su familia fueron amenazados y amedrentados con el secuestro de su hermano y el incendio de su vivienda. Medinaceli y su familia sufrieron las mismas agresiones. Esto está testimoniado incluso en el discurso de renuncia de Evo, en el que dice que lo hace para que no sigan agrediendo a sus hermanos.

Este contexto demuestra que no fue el MAS el que “dejó” un vacío de poder, sino que los que estaban en la línea de sucesión (y quien no estaba, pero era de mayor rango que la autoproclamada) fueron mafiosamente retirados del camino. Los paramilitares se dirigieron específicamente a ellos para provocar su renuncia, con la complicidad de la Policía que, en los términos usados por Camacho, había cerrado trato con su padre, para no reprimir sus “movilizaciones”, es decir, dejarles el camino abierto para que agredieran principalmente a quienes estaban en el camino de la autoproclamación de la golpista Áñez. Ahí está el modus operandi del golpe. El silencio de la Iglesia respecto a este tema no es inocente, no puede ser inocente; por el contrario, es intencional y revela su participación en el mismo.

La Iglesia católica revela también su participación en el golpe cuando se refiere al rol de Tuto Quiroga en el asunto. Al respecto dice el comunicado que “a petición de la senadora Adriana Salvatierra, el día 11 no se pudo tratar ningún tema, salvo la salida segura del país del expresidente Evo Morales hacia México, para lo que solicitó que se comunicase esta petición a las autoridades militares, servicio que realizó el expresidente Tuto Quiroga, no como una autoridad que da una orden, sino como servidor que comunicaba la petición del MAS a las autoridades, para facilitar así la salida en paz del expresidente Evo Morales”.

En primer lugar, la declaración de Teresa Morales confirma que Tuto Quiroga dio una orden, no formuló una solicitud. Por otro lado, cabe preguntarse, como lo hace Teresa Morales, ¿quién era Quiroga para dirigirse a la Fuerza Aérea y “solicitarle” que salga el avión de Evo? Teresa Morales no llega empero a la conclusión obvia de todo esto: Quiroga es el agente de la CIA que operó y coordinó el golpe. Es la única explicación racional de este asunto. El hecho de que la Iglesia pretenda adornar este revelamiento como una “solicitud” muestra, una vez más, su participación en el golpe.


* Militante de la izquierda boliviana.

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