julio 28, 2021

La despatriarcalización, eje de integración latinoamericana


Por  Maya VerazaÍn y América Maceda * -.


Las últimas elecciones regionales muestran un panorama bastante complejo para la izquierda y los frentes políticos populares.

Si bien entendemos que fueron una serie de sucesos, luces y sombras, aciertos y errores que los gobernantes fueron cometiendo, muchos de estos errores no fueron aún corregidos, rectificados o comenzaron a pasar factura a los líderes de nuestra Patria Grande.

No se puede negar el papel de las hegemonías mundiales, sus continuos ataques a la Región, su soberanía y a las democracias; el apoyo económico foráneo a la derecha neoliberal del continente, todos factores que desequilibraron los avances de la llamada “ola progresista”.

El 2012, Fernando Lugo fue destituido por un golpe parlamentario, mediante un circense juicio político exprés. La llegada de este a la presidencia significó la ruptura con la dictadura stronista y, sobre todo, con la hegemonía de más de 60 años del Partido Colorado en Paraguay. Lugo, representante del progresismo, provenía de las comunidades eclesiales de base y tenía como bandera muchas reivindicaciones populares, como cortar con la distribución desigual de la tierra.

Este fue el primer experimento exitoso de lawfare como mecanismo para acabar con la democracia latinoamericana, utilizando herramientas “legales”, medios de comunicación y judicialización de la política. La siguiente fue Dilma Rousseff, presidenta de Brasil y sucesora de Lula, quien con un golpe de Estado disfrazado de juicio político fue destituida en 2016. Después fue el mismo golpe blando el que cooptó los medios de comunicación para enjuiciar y encarcelar a Lula, quien llevaba la delantera en las encuestas electorales de 2018, dejando así la vía libre a la derecha más radical y fascista para que se apoderara del gobierno brasileño, a la cabeza del outsider Jair Bolsonaro.

En Ecuador, Correa dejó como sucesor en las elecciones presidenciales de 2017 a Lenín Moreno, quién hizo campaña con la Revolución ciudadana, sin embargo, en cuanto asumió la presidencia lo primero que hizo fue romper con toda la política correísta, convirtiéndose en un ícono de la traición política. Personaje que nada tardó en comenzar persecuciones contra exejecutivos del gobierno que le precedió y hasta contra el propio Rafael Correa, que hoy en día tiene una sentencia de ocho años por supuesta corrupción.

Ya Bolivia es el caso más nefasto de golpe de Estado blando, pues fue directamente apoyado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y las declaraciones de Almagro, cuando en las elecciones de 2019, sin tener datos oficiales ni haber terminado el cómputo, dijo de la existencia de supuestas irregularidades y exigió la realización de nuevas elecciones, lo cual llevó al país a una intensa polarización alimentada por los medios de comunicación y la participación de líderes opositores de la derecha como Carlos Mesa, quien llamó constantemente a la convulsión y la desobediencia civil, lo que concluyó en un motín policial y el “pedido” de renuncia del entonces presidente Evo Morales por parte de las Fuerzas Armadas y grupos fascistas liderados por Camacho, expresidente del Comité Cívico pro Santa Cruz y actual gobernador electo de este departamento.

Con una jugada política y en medio de persecuciones, torturas y amedrentamiento a las y los asambleístas del Movimiento Al Socialismo (MAS), Áñez se autoproclamó en una sala vacía, sin quórum, como presidenta transitoria de Bolivia, para después asesinar al pueblo boliviano, que salió a las calles en protesta por la quema de la wiphala, símbolo de las naciones y pueblos indígenas, y las agresiones a las mujeres indígenas de pollera.

Esta nueva era de judicialización de la política, mediante el lawfare y los golpes blandos, es muy difícil de revertir, puesto que en manos de las históricas oligarquías de nuestros países se encuentran los medios de comunicación y, en muchos casos, ya demostrados, los sistemas judiciales son manipulados fácilmente, como se pudo ver en el juicio de Lula, condenado por supuesta corrupción sin que hubiera ninguna prueba.

¿Dónde estábamos los movimientos sociales? En las calles resistiendo y luchando, sin embargo, existe un desgaste de las respuestas de nuestros gobiernos de izquierda y progresistas, ante las reivindicaciones populares. Estas son claramente identificables, como en las elecciones ecuatorianas, donde Yaku, representante de la Confederación de Nacionalidades Indígenas de Ecuador (Conaie), dio su apoyo a Lasso, empresario representante de la derecha tradicional, antes que a Arauz, candidato progresista de la Revolución ciudadana. Yaku lideró numerosas protestas en contra de proyectos mineros y fue encarcelado varias veces durante el gobierno de Correa.

La tibieza de las respuestas de los gobiernos progresistas ante demandas populares le restaron la fuerza de las organizaciones sociales, ocasionando el desgaste político; así como las políticas extractivistas y el alejamiento de las bases muestran que las izquierdas latinoamericanas necesitan radicalizarse y dejar de hacerle el juego a las oligarquías empresariales y transnacionales. Reivindicaciones de nuestros pueblos como la descolonización, despatriarcalización y respeto a los pueblos y naciones indígenas, son la fuerza de la revolución.

Bolivia, como hito histórico, logró derrotar al golpe de Estado en 2020, pero no fue únicamente en las elecciones. Toda fuerza popular que se movilizó a mediados de agosto exigiendo una fecha para los comicios electorales, fue la punta de lanza para que el pueblo pudiera retornar a las vías democráticas, sin embargo, a pesar de los caídos y el sufrimiento causado por la corrupción neoliberal de los golpistas, hasta ahora, seis meses después, la Justicia solo encarceló preventivamente a Añez y dos de sus ministros, cuando los verdaderos autores del golpe de Estado siguen libres, son autoridades y hasta dan conferencias de prensa en la Asamblea Legislativa Plurinacional (ALP), solo por ser líderes de la segunda fuerza política del país.

Es claro que si las izquierdas y progresismos de la Región no reencausan las luchas y acciones perderán poco a poco el apoyo popular y de las bases; nosotras defendemos que los gobiernos deben ser desde el pueblo y para el pueblo. Las reivindicaciones de las organizaciones sociales y pueblos indígenas de la Región son el pilar fundamental de lucha conjunta, embanderar la descolonización y despatriarcalización puede ser el eje que una todas nuestras naciones para luchar contra el sistema de opresiones que es el patriarcado colonial capitalista. La única forma de luchar en contra del lawfare y los golpes blandos es desde la unidad popular de las organizaciones y movimientos sociales, desde la coordinación transfronteriza de pueblo a pueblo por la soberanía y dignidad, por la construcción de la comunidad, la comunidad de comunidades y el Vivir Bien.


  • Feministas Comunitarias del Abya Yala.

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