septiembre 22, 2021

El “Triángulo de las Bermudas” por el que navega Cuba (Segunda parte)

Por Roberto Regalado Álvarez *-.


Uno de los principales desafíos de la política exterior de Cuba es cómo enfrentar la “nueva carencia” de un espacio solidario de concertación política, comercio, cooperación y colaboración. A raíz de la restauración capitalista en los países del Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME), al que se incorporó en 1972 [1], Cuba quedó sumida en lo que Fidel caracterizó como un doble bloqueo, y se vio obligada a establecer el período especial en tiempo de paz. Fue la elección de gobiernos de izquierda y progresistas en 10 países de América Latina la que le posibilitó encontrar una nueva familia con la cual establecer relaciones de hermandad: la familia que construyó la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP), democratizó al Mercado Común del Sur (Mercosur), fundó la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) y, junto con la Comunidad del Caribe (Caricom), construyó la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac). Sin embargo, entre 2009 y 2019, ocho de esos gobiernos fueron, o bien derrocados o bien derrotados, y uno traicionado, mientras que los dos restantes están sometidos a un intenso asedio. Esto le plantea a Cuba la “nueva carencia”, que nadie debe imaginar que puede ser suplida por un eventual levantamiento del bloqueo.

La salida de Donald Trump de la Casa Blanca –quien arreció el bloqueo contra Cuba a niveles sin precedentes– y la entrada en ella de Joseph Biden –quien era vicepresidente de los Estados Unidos cuando Barack Obama restableció las relaciones diplomáticas con Cuba–, abren la posibilidad de que, en algún momento y en condiciones por determinar, se reinicien los diálogos entre ambos gobiernos, lo que presumiblemente incluiría restablecer las acciones de flexibilización del bloqueo aprobadas por Obama y retomar el proceso en pos de su levantamiento total. Eso sería un gran alivio, pero no la panacea de las dolencias de la economía cubana.

En América Latina el panorama todavía es incierto. Los reveses sufridos por las fuerzas de izquierda y progresistas siguen siendo superiores a las nuevas victorias, que incluyen la elección de un gobierno en México, la recuperación del gobierno en Argentina y Bolivia, y el formidable terremoto que, no solo en Brasil, sino en toda América Latina, provoca la anulación de los fallos judiciales que inhabilitaban a Lula como candidato presidencial, al que se suma el reciente fallo contra el exjuez Sergio Moro, que desmorona el pilar de la guerra mediática y la guerra jurídica en todo el subcontinente que ha sido el caso Lava Jato. Sin embargo, aún es pronto para cantar victoria. El retorno de la izquierda y el progresismo al gobierno no será un “lecho de rosas”. Esta afirmación la avala el triunfo del candidato de la oligarquía en la elección presidencial efectuada en Ecuador el 11 de abril de 2021, y la derrota de las fuerzas populares, que fueron divididas a esos comicios. Hay que monitorear el flujo y reflujo de la correlación regional de fuerzas.

He aquí los otros temas que, junto con la acumulación de problemas propios, abordamos en estos artículos como los otros dos vértices del “Triángulo de las Bermudas” por el que navega Cuba:

  1. El “doble filo del bloqueo” se refiere al diferendo entre Cuba y los Estados Unidos con sus antípodas: la agudización del conflicto y del bloqueo versus la normalización de las relaciones bilaterales, con énfasis en qué podemos esperar y qué no debemos esperar del eventual cese de ese engendro genocida;
  2. El “reflujo de la izquierda latinoamericana” se refiere a la afectación que ese cambio negativo en la correlación regional de fuerzas le ocasiona a la Revolución cubana, dado que el futuro de Cuba dependerá de la emancipación del subcontinente, tanto como la emancipación del subcontinente dependerá del futuro de Cuba.

Las premisas de los análisis y las reflexiones contenidos en esta serie de artículos son:

  1. Cuatro procesos mundiales, escalonados y con efectos acumulativos, ejercen influencias determinantes en los cambios ocurridos en la situación de América Latina a partir de la década de 1970, de los cuales se derivan, tanto la mutación ocurrida en las condiciones y características de las luchas populares, como las posibilidades y límites de los gobiernos de izquierda y progresistas:

1.1.  En la década de 1970, ocurre el salto de la concentración nacional a la concentración transnacional de la propiedad, la producción y el poder político (conocido como globalización), cambio cualitativo en la formación económico-social capitalista cuyo detonante fue el irreversible agotamiento de la capacidad de reproducción expansiva del capital iniciado en ese decenio. Para paliar sus efectos, se desata una ofensiva del capital contra el trabajo, con el fin de intensificar la concentración de la riqueza y la exclusión social. En el caso de América Latina, este proceso modifica el lugar que la región ocupaba desde principios del siglo XX en la división internacional del trabajo, y destruye las estructuras y relaciones socio-clasistas características de esa etapa.

1.2.  En la década de 1980, la avalancha universal del neoliberalismo apuntala, legitima e institucionaliza la concentración transnacional de la propiedad, la producción y el poder político, incluida la reestructuración y refuncionalización de los mecanismos de dominación imperialista mundiales y regionales existentes, y la creación de otros. Además de sufrir los efectos generales de este proceso, al igual que el resto del mundo subdesarrollado y dependiente, América Latina sufre los efectos específicos de un nuevo sistema de dominación continental del imperialismo norteamericano, desplegado en lo fundamental durante el mandato presidencial de George H. Bush (1989-1993).

1.3.  Entre finales de la década de 1980 y comienzos de la de 1990, el derrumbe de la Unión Soviética y el bloque europeo oriental de postguerra nucleado en torno ella, le facilitó al imperialismo encubrir su propia crisis sistémica, despejó el camino para el avance incontestado de la avalancha universal del neoliberalismo, y sumió en el descrédito, a corto y mediano plazo, a las ideas revolucionarias y socialistas.

1.4.  En la década de 1990, cristaliza la neoliberalización de la socialdemocracia europea. Ese heterogéneo vector político e ideológico, que durante las primeras seis décadas del siglo XX contribuyó a la reproducción de la hegemonía burguesa y se erigió en portaestandarte del “Estado de bienestar”, a raíz del derrumbe de la URSS y para paliar el creciente rechazo de los pueblos al neoliberalismo, terminó de renegar por completo de sus orígenes, lo cual ya venía haciendo desde inicios de ese siglo XX, asumió como propia a la doctrina neoliberal y, con un discurso light, disfrazado de “alternativo”, “contestatario” y hasta “opositor”, se dedicó a reproducir la hegemonía burguesa de la presente etapa de la involución del capitalismo: la hegemonía neoliberal.

  1. La sucesión de “elementos predominantes” que caracterizan la nueva etapa de luchas que en América Latina se abre entre 1989 y 1991 es la siguiente:

2.1.  1989-1994: la restructuración del sistema de dominación continental del imperialismo norteamericano, basado en la imposición de la democracia neoliberal y en mecanismos transnacionales de control y sanción de “infracciones”.

2.2.  1994-1998: el agravamiento de la crisis estructural y funcional del capitalismo latinoamericano, provocado por el cambio cualitativo en el sistema de dominación.

2.3.  1994-1998 (en paralelo al anterior): el auge de la lucha de los movimientos sociales contra el neoliberalismo, parte importante de los cuales devienen movimientos social-políticos.

2.4.  1998-2009: la elección de gobiernos progresistas y de izquierda, que logran capitalizar los efectos sociales y políticos de la concentración de la riqueza y aprovechar los espacios políticos formales de la democracia burguesa.

2.5.  2009-2021: la contraofensiva del imperialismo norteamericano y la derecha latinoamericana para recuperar los espacios conquistados por esos gobiernos.

El efecto en cadena de estos cinco procesos es: a mayor dominación, mayor crisis; a mayor crisis, mayor lucha social; a mayor lucha social, mayor potencial de lucha política; y a mayor tiempo de la izquierda en el gobierno sin hacer transformaciones estructurales, se abren flancos a la desestabilización, aumenta el voto de castigo de los sectores no comprometidos con ella (que antes lo habían emitido contra los neoliberales), y aparece la abstención de castigo dentro de sus propias bases sociales.

  1. En virtud de los “procesos” y los “elementos predominantes” antes esbozados, la izquierda y el progresismo latinoamericanos han atravesado, desde mediados de la década de 1980 hasta el presente, por dos fases de acumulación y tres fases de desacumulación de fuerza social y política. Nótese que la acumulación comienza desde 1985, es decir, antes de la reestructuración del sistema de dominación continental del imperialismo norteamericano (19891991).

3.1. Fases de acumulación:

3.1.1.       De 1985 a 1998 los pueblos reunieron la fuerza social suficiente para derrocar a gobiernos neoliberales, y la fuerza política suficiente para ocupar espacios en gobiernos locales y legislaturas nacionales, pero insuficiente para ocupar el gobierno nacional.

3.1.2.       De 1998 a 2009 los pueblos lograron la fuerza social y política suficiente para elegir, y en algunos países reelegir varias veces, a gobiernos nacionales de izquierda o progresistas.

3.2. Fases de desacumulación:

3.2.1.       De 2009 a 2012 no hubo derrotas electorales de gobiernos de izquierda o progresistas, pero sí golpes de Estado “de nuevo tipo” en los “eslabones más débiles de la cadena”: Honduras (2009) y Paraguay (2012).

3.2.2.       De 2013 a 2014 no hubo derrotas electorales, pero sí una mayor efectividad de la estrategia desestabilizadora, que redujo a la mínima expresión el margen de votos con que la izquierda conservó el gobierno en Venezuela (2013) y El Salvador (2014).

3.2.3.       De 2015 a 2019 las derrotas electorales en Argentina, El Salvador y Uruguay, los golpes de Estado “de nuevo tipo” en Brasil y Bolivia, y la traición en Ecuador, golpean a seis de los “eslabones más fuertes de la cadena”, al tiempo que se intensifica el asedio contra los dos restantes: Venezuela y Nicaragua.

Observaciones finales

En el primer semestre de 2009, la acumulación continental de fuerza social y fuerza política de la izquierda y el progresismo latinoamericano y caribeño estaba en su cenit. El eje de aquella acumulación era la interacción solidaria entre el ALBA-TCP y el Mercosur hegemonizado por la izquierda y el progresismo, que junto al Grupo de Río y el Caricom, acorralaron a la Organización de Estados Americanos (OEA) a tal punto que, en la XXXIX Asamblea General de esa organización, los días 2 y 3 de junio de ese año, se vio obligada a dejar sin efecto la expulsión del Gobierno Revolucionario de Cuba del Sistema Interamericano, adoptada por su VIII Reunión de Consulta, el 30 de enero de 1962. Aunque Cuba jamás regresará a la OEA, esa decisión constituye una reivindicación histórica.

La anulación de las sanciones aún vigentes contra Cuba por parte de la OEA ocurrió apenas cuatro meses y 14 días después de la toma de posesión de Barack Obama como presidente de los Estados Unidos. No es casual que el vice asistente de Seguridad Nacional que, en el segundo mandato de Obama, desempeñó el rol principal en las negociaciones que desembocaron en el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y Cuba, Ben Rhodes, dijera en sus memorias: “Cada vez que viajamos a América Latina nuestras reuniones estuvieron dominadas por las quejas sobre nuestra política hacia Cuba” [2].

Pero, 2009 fue el año en que se inició la primera fase de desacumulación de fuerza social y política de la izquierda y el progresismo latinoamericano mencionada en este artículo (2009-2012). Nótese la brusquedad del cambio, que se produjo en apenas 25 días de un mismo mes, en un mismo país y como una misma figura política como centro:

El levantamiento de la sanción de la OEA contra Cuba ocurrió el 3 de junio de 2009, en Honduras, con el presidente Manuel Zelaya como anfitrión de la Asamblea General de la OEA;

El primer derrocamiento de un gobierno latinoamericano de izquierda o progresista ocurrió el 28 del propio mes de junio, en la propia Honduras, con el propio presidente Zelaya (y el pueblo hondureño) como víctima.

En el segundo artículo de esta serie se esbozarán algunas reflexiones sobre los dos procesos de normalización de relaciones entre Cuba y los Estados Unidos que se han desarrollado, uno en los mandatos presidenciales de Gerald Ford (19741977) y James Carter (19771981), y el otro durante el segundo mandato de Barack Obama (20132017), y se sugerirán algunas ideas sobre qué se puede esperar y qué no se debe esperar del eventual levantamiento del bloqueo. A priori, es evidente que el contexto regional del diferendo entre ambos países a inicios de la administración Biden, no es igual al existente a inicios de la administración Obama.


  • Politólogo, Doctor en Ciencias Filosóficas.

1       Cuba ingresa al CAME el 11 de julio de 1972, dentro del cual su relación más estrecha fue con la URSS. Sobre este tema, Guerra y Maldonado dicen: “[…] en diciembre de 1972, se firmó un importante acuerdo con la URSS, como resultado del encuentro en Moscú entre Fidel Castro y Leonid Brezhnev –quien reciprocó la visita en enero de 1974–, que aplazó hasta 1986 el pago de los intereses y el principal sobre todos los créditos soviéticos entregados a Cuba antes de 1973, aunque luego los proyectados reembolsos de prolongaron hasta el siglo siguiente. Ello hizo que el intercambio con la URSS llegara en los ochenta a representar más del 60% de todo el comercio exterior de la isla: 63% en alimentos, 86% en materias primas, 80% en maquinaria y equipos, 98% en combustibles, 57% en productos químicos y 75% en manufacturas. Como resultado la economía prosperó a un ritmo extraordinario”. Sergio Guerra y Alejo Maldonado: Historia de la Revolución Cubana: síntesis y comentario, Ediciones La Tierra, Quito, 2005, pp. 158159.

2       Ben Rhodes: The World As It Is: A Memoire of the Obama White House, Random House, New York, 2018, p. 206.

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