junio 12, 2021

Las bases de la desestabilización


Por La Época-.


Mientras en el Movimiento al Socialismo (MAS) se registra una tensión interna más allá de lo normal y en la que, de manera forzada, se pretende colocar a sus militantes en la contradicción aparente de anti o pro Evo Morales, los operadores políticos de la derecha en el campo internacional empiezan a calentar motores para arremeter contra el gobierno del presidente Luis Arce, al que caracterizan como autoritario y antidemocrático.

Los preparativos de los planes internacionales contra el gobierno popular, bastante similares a los que se registraron contra el expresidente Morales desde enero de 2016 a noviembre de 2019, otorgan los suficientes elementos probatorios de que la estrategia de desestabilización contra Arce no cesará de aquí en adelante y que las formas de su implementación dependerán de las características de la coyuntura política nacional e internacional.

La oposición de derecha hasta ahora ha dado un primer paso en el plano internacional a través de su visita al secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, para pedir la activación de la cláusula 20 de la Carta Democrática Interamericana contra el Ejecutivo.

Un segundo paso, pero esta vez de manera indirecta, ha sido intervenir en el Parlamento Europeo mediante el partido de ultraderecha español VOX y de otros parlamentarios aliados, para poner en duda la legalidad de la aprehensión y detención preventiva de Jeanine Áñez, quien debe responder por los delitos cometidos antes de que asumiera inconstitucionalmente la presidencia de Bolivia el 12 de noviembre de 2019, tras un golpe de Estado.

A los dos pasos mencionados le antecede un pronunciamiento del Departamento de Estado de los Estados Unidos que, muy servicialmente a la derecha criolla, hizo conocer su preocupación por la detención de la expresidenta de facto y por el comportamiento no democrático del Gobierno, electo con más del 55% de los votos el 18 de octubre de 2020.

No hay que olvidar que cerca de un año antes de las elecciones generales del 20 de octubre de 2019, varios operadores políticos de la derecha desplegaron una activa campaña ante organismos internacionales como la OEA y los presidentes de Brasil y Colombia, mientras que lograron el apoyo de partidos de clara orientación fascistoide en Europa, con el objetivo se construir una matriz de opinión que justificara la violencia contra el Proceso de Cambio.

La campaña internacional contra Evo Morales y luego el golpe de Estado encontraron su fundamento discursivo en dos ejes: primero, en el resultado del referéndum del 21 de febrero de 2016, que le puso un candado temporal a la modificación constitucional para la postulación de Morales en 2019; y segundo, tras la habilitación del binomio Evo-Álvaro por el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) se pasó a la teoría de que se estaba montando un fraude electoral.

Nadie puede discutir la legalidad y legitimidad del gobierno actual, por lo que el riesgo ahora es que la campaña internacional se asiente sobre las tensiones internas del MAS. Para la derecha solo se trata de echarle más veneno o leña al fuego a todas las corrientes de opinión internas que, como es lógico, existen en una organización tan grande como el MAS, pero que hasta ahora no están sabiendo procesar sus contradicciones de manera responsable y sin ventilarlas por fuera, algo que los aparatos ideológicos de la derecha sabrán sacarle provecho.

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