junio 24, 2021

El retorno del manfredismo en Cochabamba

Por Boris Ríos Brito * -.


La victoria electoral de Manfred Reyes Villa en las elecciones subnacionales de marzo pasado en Cochabamba, donde se lleva más del 50% de la votación para hacerse de la silla edil, pasa hacer una segunda etapa de la arremetida conservadora en Bolivia que el 2019 se articuló en un exitoso golpe de Estado.

¿Qué ha cambiado en un viejo político que en 2008 fue echado a patadas de su cargo en un referéndum revocatorio y que fue aliado de las expresiones derechistas y conservadoras más recalcitrantes derrotadas por la movilización popular? ¿Qué hizo que un articulador de la violencia racista y la privatización gane con votos de gente a la que despreció en un pasado? Y, por último: ¿qué busca Reyes Villa hoy?

Efectivamente, el manfredismo es una nueva-vieja tendencia de la derecha a la que hay que prestar atención y cuyas características trataremos de puntear, siempre desde los márgenes, a continuación.

Nueva Fuerza Republicana (NFR) o el hijo del conservadurismo norteamericano

Cuando Manfred se vio limitado por Acción Democrática Nacionalista (ADN), el partido fundado por el mismísimo dictador Hugo Banzer para cumplir su sueño de llegar a la silla presidencial por el voto del pueblo, no dudó en fundar NFR allá por 1995. La sigla, nada inocente, hace eco al republicanismo norteamericano y a su tradición de conservadurismo de derecha, pero le permitió a Reyes Villa tener la Alcaldía durante tres gestiones consecutivas, entre los años 1994 y 2000, generando con relativo éxito toda una estructura político-clientelar entre dirigentes, “empresarios” y agentes políticos de la alcaldía.

Reyes Villa, que en 1990 venía de Estados Unidos y sus emprendimientos empresariales, uno de ellos el de bienes raíces, crea una forma de política que le reditúa personalmente y le da la ilusión de que pueda saltar a la política nacional, aunque sin éxito, por lo que vuelve a la carga en lo local consiguiendo ser prefecto de Cochabamba en 2005, cargo que ejerce desde el 2006 hasta el 2008, cuando es revocado en las urnas.

Durante su gestión se puede señalar su participación en el año 2000, cuando aún fungía como alcalde, en la Guerra del Agua, que dejó heridos y la muerte de Víctor Hugo Daza, buscando vía libre a la privatización y al conjunto de reformas neoliberales que se intentaban aplicar. En su búsqueda de la silla presidencial desde 2002, fue parte de las grandes coaliciones de derecha que impulsaron hechos sangrientos como la masacre en El Alto con la Guerra del Gas en 2003 contra la pretensión de la entrega de los recursos hidrocarburíferos a intereses transnacionales.

Así, en su época de prefecto de Cochabamba, Reyes Villa fue activo defensor de las corrientes separatistas que anhelaban la independencia de Santa Cruz o, por lo menos, la federalización del país, con hechos como la articulación de grupos armados extranjeros de ultraderecha que quisieron poner en marcha un conjunto de acciones terroristas. Pero también fue partícipe de la incubación de grupos civiles armados de ultraderecha para atacar a indígenas, campesinos y sectores populares, como fue lo acontecido en el “enero negro” de Cochabamba en 2007, donde figuras como la de José María Leyes, Arturo Murillo y otros políticos ya se hacían patentes.

Luego de su derrota vía revocamiento, Reyes Villa huye y se autoasila en Estados Unidos, una de sus estancias predilectas y que en el pasado, cuando estaba como militar, le dio cobijo y entrenamiento en la sanguinaria Escuela de las Américas.

El proyecto: la silla presidencial

Reyes Villa, que no había soltado la cuerda de Bolivia para mandar insufribles mensajes por redes sociales de cuando en cuando, volvió en 2020 para ser candidato en las subnacionales. Para tal fin, como vimos en otro artículo, violó la normativa vigente, mientras que claramente las herencias del golpismo no habían sido disueltas y tampoco las contradicciones internas del nuevo gobierno del Movimiento Al Socialismo (MAS), ungido como tal en un acto popular de recuperación de la democracia con un amplio y contundente apoyo electoral.

En su campaña, Reyes Villa rehuyó de todo debate, bajó el tono e inyectó ingentes cantidades de dinero para desmanchar su imagen, a la par que reconstruía el amplio tejido de apoyo que ostentaba en su estadía en el poder. El resultado le favoreció y parece vislumbrarse que ha elegido el camino de atizar su voz altisonante con el compromiso de restaurar su imagen, para ello, su hijo, otro Manfred, habla y se mueve más, dando la impresión de que el manfredismo buscará masticar todo lo posible para que la vieja garganta de Reyes Villa pueda pasar todo lo político sin mayor inconveniente.

Tener una buena gestión, no chocarse plenamente con el gobierno del MAS ni con lo popular, parecen la estrategia para alcanzar algo más grande: la largamente añorada silla presidencial.

Peligros y viejas mañas

El manfredismo, del que se dice “roba, pero hace”, no podrá desgajarse de su genética de derecha conservadora y sus prácticas marcadas por la corrupción y la violencia racista, después de todo, esos viejos-nuevos actores políticos no fueron paridos en 2021. A ello hay que sumarle el hecho de que una gran red prebendal es insostenible, pues existen intereses y grupos de poder que tarde o temprano entrarán en contradicciones irreconciliables en una descarnada confrontación que golpeará la gestión, como nos mostró la “política del idiota” llevada adelante por Leyes.

Es probable que en un primer momento Reyes Villa busque articular lo mejor posible con los gobiernos nacional y departamental, al tiempo de que intente fortalecer su imagen y redes de apoyos y que otros polos subnacionales consigan la musculatura suficiente para encontrarse y reconstruir un proyecto de derecha común. Aunque el primer intento de hegemonía derechista desde Sana Cruz, la región probablemente más radicalizada en este sentido, haya fracasado, el modelo de articulación de grupos conservadores en las ciudades les convocará a realizar diferentes acciones de masas hasta que puedan actuar según su código aglutinador: racismo, violencia y conservadurismo discursivo.

El manfredismo volvió para buscar hacer historia y estará en manos de la reflexión crítica y de lo popular que esta no sea la de una tragedia, sino la del triunfo de lo popular, de la izquierda, de la revolución anticapitalista, anticolonial y antipatriarcal sobre la derecha conservadora profascista.


  • Sociólogo.

 

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