junio 20, 2021

Racismo ambiental: el fantasma que queremos ignorar en la crisis ecológica


Por Rafaela M. Molina Vargas-.


¿Qué tienen que ver los problemas ambientales con el racismo?

Los problemas ambientales surgen de la sobreexplotación de los recursos naturales y los ecosistemas. Pero resulta que no solo se extrae más de lo necesario y sustentable, sino que estos recursos no son distribuidos de manera equitativa. Y, lo que es aún peor, los costos de esta explotación y las consecuencias de la degradación ambiental global son impuestos principalmente sobre los países y sectores más pobres, los que generalmente son las minorías étnicas, racializadas y discriminadas. Este proceso estructural y sistemático del capitalismo, en el contexto de la colonización, es lo que llamamos racismo ambiental.

Para abordar el racismo ambiental es oportuna una metáfora sobre la crisis ecológica de Malcom Ferdinand. Este autor postcolonial caribeño escribe que ante una tempestad ecológica existen aquellos que subirían a un arca de Noé para mantenerse a salvo y abandonar el mundo. Sin embargo, en el mismo escenario existe un navío esclavista en el que ante la mínima sospecha de una tempestad algunos esclavos serían amarrados al puente mientras otros serían lanzados al mar para liberar peso. Ferdinand escribe: “Persiste una doble ruptura entre quienes temen una tempestad ecológica en el horizonte y para aquellos quienes el puente de la justicia les fue negado mucho antes de que las primeras ráfagas aparezcan” [1].

La herencia de la dominación colonial y la profundización contemporánea de los problemas ambientales, han desencadenado una ruptura ecológica y geopolítica. Esta doble ruptura mantiene injusto y artificialmente el sistema capitalista que conocemos, a pesar de su insostenibilidad. Es por esto que ahora los beneficiarios de este sistema hacen el intento de revestirse de verde, para seguir explotando y controlando los recursos naturales más cómodamente y ocultar las desigualdades sobre las que se sostiene. La acumulación capitalista actual no deja de reproducir racismo ambiental, aunque pocos hablen de ello.

¿Dónde y cómo se manifiesta el racismo ambiental?

El racismo ambiental es parte constituyente de las relaciones globales Norte-Sur. Por ejemplo, los responsables de la crisis climática han sido históricamente y son actualmente los países desarrollados (casi todos con población blanca e historia colonizadora), y las consecuencias impactan mayoritariamente a los países en desarrollo (casi todos con poblaciones morenas, indígenas o negras e historia de colonización), que están más expuestos a los cambios y catástrofes climáticas y que además tienen menor capacidad para reaccionar y adaptarse a estos cambios.

Pero junto con ser global, el racismo ambiental también es mucho más cotidiano y próximo de lo que parece, y existen varios ejemplos regionales y locales. En Estados Unidos las granjas de cerdos que contaminan el agua y el aire circundante se localizan en comunidades de minorías étnicas y pobres, afectando su acceso al agua y aire limpios, llegando incluso a incrementar las enfermedades respiratorias [2]. En Ecuador, empresas privadas diversas, incluyendo las mineras y agroindustriales, al mismo tiempo de generar acumulación por desposesión, contaminan e impactan más en poblaciones afroecuatorianas e indígenas [3]. Río de Janeiro, Brasil, el impacto del agotamiento de recursos naturales y de las grandes empresas altamente contaminantes recae sobre los sectores más pobres y negros. Por ejemplo, mientras más pobreza hay en una región más probable es que sea un botadero [4].

 Pero ¿hay racismo ambiental en Bolivia?

Lamentablemente, es necesario aceptar que muchas y muchos de nosotros, principalmente en las zonas urbanas, reproducimos racismo ambiental sin siquiera notarlo. Pedir rebaja en el mercado a los productores, siendo conscientes del duro trabajo que significa producir alimentos, de su pobreza, y la injustamente baja retribución que piden, es racismo ambiental. Juzgar la demanda de acceso a servicios de indígenas desde una posición privilegiada, y esperar e imponerles que sean quienes conservan y priorizan la naturaleza sobre sus propios derechos, es racismo ambiental. Separar entre indígenas “buenos” que conservan y se alían a ONG, de los “malos” que tienen posiciones políticas diferentes o que exigen mejores condiciones de vida, es racismo ambiental. Juzgar y criticar que la clase media emergente empiece a disfrutar de espacios antes solo destinados a clases más altas es racismo ambiental. Lanzar basura a las calles para que el personal de limpieza la recoja, es racismo ambiental. Pensar que los problemas de la basura se resuelven recogiéndola sin comprender que la gestión de residuos implica la planificación de botaderos y rellenos sanitarios que no afecten más a poblaciones pobres, como ocurrió en Alpacoma y en K’ara K’ara [5], es racismo ambiental.

La mayor parte de las problemáticas que generan preocupaciones ambientales, como el uso de agroquímicos en la agroindustria, la contaminación de fuentes de agua, la pérdida de biodiversidad, son también problemas de desigualdad que deben ser resueltos con justicia ecológica. Por ello, el primer paso es reconocer que reproducimos racismo ambiental y comenzar a luchar contra este en la cotidianidad, con tanta vehemencia como luchamos por un mundo más sostenible. Porque sin justicia ecológica con justicia social, sin erradicar el racismo en todas sus formas y sin cuestionar las relaciones de dominación en todas sus dimensiones, no podremos lograr sustentabilidad ni ser parte de la Madre Tierra.


  • Bióloga, estudiante de master en la Universidad La Sorbona, ecosocialista, feminista.

1       Ferdinand, M. (2019). Une Écologie Décolonial; penser l’écologie depuis le monde carïbéen. Éditions du Seuil.

2       Maria C. Mirabelli, Steve Wing, Stephen W. Marshall, and Timothy C. Wilcosky, “Race, Poverty, and Potential Exposure of Middle-School Students to Air Emissions from Confined Swine Feeding Operations,” n.d., http://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC1440786/ (12/4/10).

3       Moreno Parra, M. (2019). “Racismo ambiental: muerte lenta y despojo de territorio ancestral afroecuatoriano en Esmeraldas. Íconos”. Revista de Ciencias Sociales, (64), 89-109.

4       de Oliveira Pires, T. R., & Guimarães, V. T. “Injusticia ambiental, racismo ambiental y el marco para la estratificación socio-racial en zonas de sacrificio: el caso del barrio de Santa Cruz en Río de Janeiro”.

5       Ver Ugalde Soria G, Camila. (2021). “De la acción individual a la colectiva, lo ambiental en tiempos electorales”. La Época. Edición impresa 900, del domingo 28 de febrero al sábado 6 de marzo de 2021.

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