junio 15, 2021

¡Bye, bye, Pinochet!

Por Emir Saader-.


Fue un proceso largo desde el fin de la dictadura de Pinochet hasta estas elecciones. Fue una transición larga, que restauró la democracia política en Chile, pero mantuvo la Constitución impuesta en plena condición de estado de sitio por Pinochet- aunque fue modificada en varios aspectos- y la política económica neoliberal.

Una coalición entre el Partido Socialista y la Democracia Cristiana fue responsable de esta larga transición, iniciada en 1990 y completada ahora, más de treinta años después. Hasta que, en 2019, una serie de manifestaciones populares nunca vistas en Chile, iniciadas con protesta por el aumento de los boletos del metro, sacudieron la aparente tranquilidad de la vida chilena.

Iniciado con esta demanda, el movimiento popular terminó convocando a una consulta que aprobó la convocatoria a una Asamblea Constituyente, con paridad de género y representación de los pueblos indígenas. Ya han sido elegidos los 155 parlamentarios que redactarán la nueva Constitución chilena, que será sometida a referéndum de la población en el primer semestre de 2022.

Los resultados estuvieron a la altura del terremoto de las movilizaciones de 2019, que sólo se detuvieron con la llegada de la pandemia. Primer resultado: derrota de la derecha. El frente que reunió a todos los partidos de derecha obtuvo menos de 1/3 de los votos, el peor voto de la historia. Un resultado consistente con el apoyo de menos del 10% del presidente Sebastián Piñera, también derrotado.

El segundo fue el voto bajo del centro-izquierda, la alianza entre socialistas y demócratas cristianos. Llegó en tercer lugar, terminando con la polarización entre ellos y la derecha chilena.

La gran novedad, producto directo de aquellas grandes manifestaciones, fue el voto tanto de la nueva izquierda, expresada en formaciones y nuevos frentes de partidos -el Frente Amplio, considerado el gran vencedor-, como el voto del Partido Comunista y, principalmente, el voto de los independientes, que pudieron lanzarse como candidatos individuales.

En total, las fuerzas progresistas tendrán alrededor del 70% de los representantes de la Asamblea Constituyente. Finalmente, Chile podrá deshacerse de la vieja Constitución pinochetista y del modelo económico neoliberal. El fantasma de Pinochet finalmente será exorcizado por completo.

También eligieron, por primera vez por voto directo, gobernadores y alcaldes de todo Chile. Pena que todo ello se vea opacado por la baja participación de electores: menos de la mitad ha votado, resultado de la desacertada decisión de terminar con el voto obligatorio, que lleva a que los presidentes y otros elegidos reciban proporción muy baja de sufragios. Gran parte de los jóvenes ni siquiera se inscribe en el padrón electoral. El Congreso intentó esta semana revocar esa decisión y restablecer el voto obligatorio, pero no ha logrado el quórum necesario para hacerlo. Se supone que este será uno de los cambios de la nueva Constitución chilena.

No todas estas emociones fueron suficientes, Chile tendrá elecciones presidenciales en noviembre de este año. En un clima dictado por las grandes movilizaciones populares y por los debates fundamentales de la Constituyente. Seguramente habrá un candidato de la derecha y uno de la alianza de centro-izquierda. En el campo de la nueva izquierda, hay precandidatos del Frente Amplio y del Partido Comunista. Discuten si mantener las dos candidaturas o si consultar al conjunto de la izquierda, para decidir por un solo candidato.

En cualquier caso, por primera vez Chile puede tener un presidente que no sea ni de derecha ni de centro-izquierda. En estas dos últimas posibilidades, muy probablemente en el caso del centro izquierda y ciertamente en el caso de la nueva izquierda, el nuevo gobierno chileno se sumará al grupo de gobiernos antineoliberales y progresistas de América Latina, que hoy incluye a México, Argentina, Bolivia y puede contar, a partir del próximo año, también con Brasil.

El Chile que salga de todo este proceso será un país nuevo, después de una nueva Constitución, que sigue los lineamientos propuestos por Salvador Allende: “Que el pueblo por primera vez entienda que no es desde arriba, sino desde las raíces mismas de su convicción, de donde debe nacer la Carta Fundamental, que le dará su existencia como pueblo digno, independiente y soberano ”. Tanto tiempo después, Allende se venga de Pinochet, la democracia se venga de la dictadura.

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