octubre 25, 2021

El periodismo independiente


Por Óscar Silva Flores * -.


Una avalancha de periodistas y medios independientes han invadido el imaginario social con la intención de mostrarse neutrales, asépticos política y socialmente e incorruptibles y así conseguir su objetivo principal, influir y manipular en la opinión de la gente, utilizando abusivamente la bandera de la libertad de expresión o libertad de prensa como una herramienta de protección frente al Estado que les permite mantener su impunidad y sus privilegios.

Para entender esta situación, en el contexto adecuado que viven nuestros países, habrá que preguntarse qué significa realmente ser “independiente”. ¿Independiente de qué, de quién? Los periodistas autodenominados independientes siempre dependen de alguien, de los dueños o directores de los medios, que son finalmente los que deciden qué se publica o no y cómo se lo hace. También son dependientes de quienes ponen el sustento económico de esos medios, pues ni medios ni periodistas, por muy castos e inmaculados que se consideren, viven del aire. Son, fundamentalmente, empresas que priorizan la rentabilidad de sus inversiones, aparejadas, desde luego, del manejo del enorme poder que puede brindarles un medio de comunicación para incrementar su poder económico, defenderlo y apuntalar asimismo otros objetivos, generalmente políticos, aunque también pueden ser religiosos, raciales o de otro género.

Ese disfraz de independiente lo utilizan para mentir, manipular, desde los medios, no solo a través de sus opiniones, sino, y principalmente, desde los espacios informativos, desde las noticias, y cuando alguien observa esto está atentando contra las libertades y la democracia. Solo ellos, los elegidos por las divinidades para opinar e informar, son los dueños de la palabra y la verdad, el resto somos salvajes, extremistas, sediciosos; es así como descalifican cualquier posición contraria a los intereses que defienden.

No está mal que tengan una posición ideológica, una militancia partidaria, eso en absoluto los descalifica para ejercer la profesión, siempre y cuando lo digan, lo hagan público y no lo oculten para tratar de confundir con una falsa neutralidad o una inexistente objetividad. Es más, todos tenemos afectos y desafectos, convicciones y adhesiones con corrientes ideológicas, religiosas, sociales y hasta futbolísticas. Que ellas determinan qué y cómo escribimos o informamos es totalmente cierto, no hay porque ocultarlo. Lo importante es que el público lo sepa, que el periodista transparente su compromiso, porque eso no solo es una muestra de ética y profesionalismo, sino le da mayor credibilidad y seriedad a su trabajo.

Definitivamente, no es posible admitir la existencia de un periodismo independiente, menos de medios de comunicación independientes. Todos dependen de alguien. Todos tienen, periodistas y medios, un compromiso. No existe el periodismo independiente.

Ahora bien, habrá que saber de qué tipo de compromiso se trata. Hay quienes tienen un compromiso con sus ideales y con sus principios, como hay los que están comprometidos con sus patrones, con el dinero; pero, cuando hablamos de periodistas y medios comprometidos –que los hay–, nos tenemos que referir a aquellos que asumieron un compromiso con su profesión, con su pueblo, dando su voz a los que no tienen voz, con la defensa de la justicia y los derechos de la gente, la naturaleza. Periodistas independientes no existen, sino gente cobarde que se esconde tras esa máscara.

Felizmente sí existe un periodismo comprometido, que por encima de los intereses personales o de los grupos de poder, ejerce su labor con la sencillez de los humildes, sin aspavientos veleidosos, ni apegos al poder ni al dinero. Todo buen periodista está comprometido. Todo medio de comunicación tiene un compromiso con su pueblo, con la humanidad y con la historia.


* Periodista y abogado.

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