junio 12, 2021

¿La izquierda habrá aprendido de sus errores?


Por La Época- .


En uno de sus obras políticas más destacadas, El dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, Carlos Marx –el pensador y político de mayor trascendencia de las ideas emancipadoras desde el siglo XIX– empieza el texto lanzando una profunda y elegante crítica a Hegel por decir que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen dos veces. “Pero se olvidó agregar –sostiene el filósofo alemán– una vez como tragedia y la otra como farsa”.

La sentencia de Marx, al que se recurre varias veces para justificar cualquier planteamiento, nos sirve de mucho para reflexionar sobre las consecuencias de las estrategias y las tácticas equivocadas desde la izquierda que llevaron al pueblo a profundas derrotas en las décadas de los 70 y 80, y de las dolorosas lecciones que dejaron, pero que al parecer hoy se han olvidado.

Se pueden extraer numerosas lecciones de lo que hizo mal la izquierda en la coyuntura de ascenso popular a fines de los 70, particularmente ante el gobierno del militar nacionalista Juan José Torres, o de los gruesos errores cometidos durante el gobierno de la reformista Unidad Democrática y Popular (UDP) a principios de los 80, tras poner fin al largo ciclo de regímenes de la seguridad nacional que empezó con el golpe militar de 1964. Se puede criticar la indecisión de la Central Obrera Boliviana (COB) de desarrollar el germen del poder dual desde la Asamblea del Pueblo, el descuido de la izquierda en valorar en su exacta dimensión el papel de los pueblos indígenas, a quienes se los veía predominantemente como campesinos pequeño burgueses, la inclinación salarialista o la falta de audacia. En fin, hay mucho para hablar y escribir.

Pero hay dos gruesos errores en que la izquierda –para ser más preciso, las izquierdas– incurrió en ambas coyunturas políticas en las que se abría la condición de posibilidad de avanzar por un camino distinto al que finalmente las fuerzas de derecha condujeron al país.

El primero fue la incapacidad de identificar al enemigo principal. La insuficiente caracterización que se hizo en ambas coyunturas condujo a las izquierdas y los sindicatos a calificar a Torres y Siles como gobiernos de derecha disfrazada o, en el mejor de los casos, sobre todo al segundo, de tímido reformista. La conclusión, en tanto frenaban el avance de las masas, era que había que derrotarlos.

Y mientras las izquierdas se debatían cómo derrocaban a ambos gobiernos para instalar la “dictadura del proletariado” o un gobierno auténticamente obrero y campesino, las fuerzas de derecha en todos los campos (empresarial, política y militar) se reorganizaban con el apoyo de Estados Unidos.

El segundo grueso error fue la fragmentación de las izquierdas, la ausencia de unidad. Guiados a partir de concepciones en disputa en el campo internacional, la lucha entre las izquierdas era más intensa que la propia lucha contra el sistema que se rechazaba, lo cual imposibilitó construir un espacio de convergencia. Unos se pensaban más revolucionarios que otros, ya sea por el origen social y político de su procedencia, o por el tipo de táctica a emplear.

Y mientras las izquierdas y los sindicatos cometían estos errores de manera reiterativa (no identificación del enemigo principal y fragmentación), Estados Unidos y la derecha coronaban su victoria con la instalación de la dictadura de Hugo Banzer (1971-1978) y de dos décadas de neoliberalismo (1985-2005).
¿Las izquierdas y los sindicatos habrán aprendido las duras lecciones?

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