septiembre 18, 2021

La crisis de extinción de la biodiversidad y sus causas

Por Ernesto Jordan Peña *-.


Hace poco se celebró el Día Internacional de la Madre Tierra en todo el mundo y aparte de los eventos que se organizaron para esta fecha hubo una publicación científica que causó revuelo a nivel internacional. Este artículo se titula “¿Dónde podríamos encontrar comunidades ecológicamente intactas?” [1] y captó la atención de algunos medios de comunicación de amplia difusión global, tanto en inglés como español. CNN, The Guardian, La Tercera, National Geographic en Español son parte de los que replicaron y difundieron los resultados de este estudio, dando la alarma que solo el 3% de la superficie terrestre puede considerarse ecológicamente intacta. Esta cifra es mucho menor a lo que estimaban estudios anteriores y se debe a que se toman en cuenta criterios no únicamente contenidos en la llamada huella ecológica del humano, sino también otros de calidad de hábitat y presencia de especies de animales.

¿Qué son los ecosistemas intactos?

Ante esta cifra alarmantemente baja cabe preguntarse a qué se refieren con “intacto”. De por sí la palabra suena a algo que no fue tocado, lo que tiene sentido si se considera que en el estudio se discute mucho acerca la “huella humana”. El concepto de huella humana se ha utilizado para describir y estudiar el impacto a nivel del territorio que tienen las actividades humanas. Entonces un ecosistema intacto es aquel que no ha tenido modificaciones por actividades humanas, que no ha sido transformado por las personas. Sin embargo, leyendo el artículo uno encuentra que una buena proporción de las áreas identificadas como ecológicamente intactas son manejadas por comunidades indígenas, lo que nos hace pensar que el impacto de los humanos en los ecosistemas no es siempre malo. Esto se contradice con lo que ya hemos hablado de la huella humana, entonces estas áreas no son realmente “intactas”.

De alguna manera los investigadores no consideran a los indígenas como humanos, los invisibilizan de la discusión hasta que se dan cuenta que estos conservan sus territorios sin recibir apoyo de ONG o Estados. Nos estamos empezando a dar cuenta de uno de los problemas a los que nos lleva utilizar el grado de impacto (o grado de intacto) como medida de la salud de un ecosistema.

La antigua relación entre las personas y el resto de la naturaleza

La actual crisis de pérdida de biodiversidad es presentada como una lucha para mantener preservados hábitats intactos. Los humanos llevamos habitando la Tierra docenas de miles de años, y la agricultura se desarrolló en diferentes regiones del planeta hace al menos 10 mil años. ¿Será posible que la sola presencia del hombre sea negativa para las otras especies y las relaciones entre ellas?

Un par de semanas después de la publicación del artículo que discutimos se publicó otro que buscaba reconstruir la historia del uso de la tierra en todo el mundo, empezando desde hace 12 mil años hasta el 2017 [2]. Los resultados que presentan muestran que hace 12 mil años tres cuartas partes de la Tierra ya habían sido transformadas de alguna manera por las comunidades humanas, la mayor parte de estas transformaciones son de baja intensidad. A lo largo de la historia esta proporción no cambia mucho, recién durante el siglo XVI empieza un incremento del área con uso más intensivo y durante el siglo XVIII comienza a acelerarse el cambio de uso de tierra hacia usos cada vez más intensivos. Para el año 2017 más del 80% de la Tierra ha sido trasformada en diferentes niveles por el humano. Se ha intensificado el uso de la tierra sobre territorios que ya eran poblados, además que este proceso está ligado a los procesos de colonización, enajenación y sustitución de comunidades locales por economías de mercado. Todo esto es claramente expuesto por los mismos autores de los artículos mencionados.

Entonces la crisis de extinción de la biodiversidad no puede explicarse por la intrusión de los humanos en los ecosistemas “prístinos” o “intactos”, sino por los procesos de colonización, explotación e intensificación del uso de la tierra que empezaron al mismo tiempo que el capitalismo surgía en Europa y extendía su influencia en todo el mundo.

Por milenios las comunidades humanas hemos aprendido de la Madre Tierra y hemos logrado habitar y modificar este planeta sin poner en peligro nuestra existencia. Esta conexión cultural con el territorio y la biodiversidad es esencial para resolver esta crisis. Debemos volver a la Madre Tierra para reencontrarnos con ella y redescubrir la armonía con lo que vivíamos antes de la irrupción del capitalismo. Esto puede sonar muy retórico y pensado para que se lea bonito en el papel, pero las ciencias (no solo la occidental) nos están demostrando que es necesario y tenemos que usar nuestra habilidad y creatividad para imaginar un mundo alternativo al capitalismo. De la misma manera que en la Edad Media en Europa no se podía concebir un mundo sin el Derecho Divino de la monarquía, ahora nos cuesta concebir un mundo sin el capital, es tarea de esta generación concebir un mundo nuevo.


* Biólogo ecosocialista, militante del Movimiento Insurgente.


1 Plumptre, A. J., Baisero, D., Belote, R. T., Vázquez-Domínguez, E., Faurby, S., Jedrzejewski, W., Vázquez-Domínguez, E., Faurby, S., Jedrzejewski, W., Kiara, H., Kühl, H., Benítez-López, A., Luna-Araguré, C., Voigt, M., Wich, S., Wint, W., Gallego-Zamorano, J. & Boyd, C. (2021). Where might we find ecologically intact communities?. Frontiers in Forests and Global Change, 4, 26.
2 Ellis, E. C., Gauthier, N., Goldewijk, K. K., Bird, R. B., Boivin, N., Díaz, S., Fuller, D. Q., Gill, J. L., Kaplan, J. O., Kingston, N., Locke, H., McMichael, C. N. H., Ranco, D., Rick, T. C., Shaw, M. R., Stephens, L., Svenning, J. C. & Watson, J. E. (2021). People have shaped most of terrestrial nature for at least 12,000 years. Proceedings of the National Academy of Sciences, 118 (17).

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